Según Rashid Masharawi, ser palestino bajo la ocupación israelí no te ayuda a hacer una buena película, pero un buen cineasta sí puede ayudar a Palestina.
Con su película antología From Ground Zero (en árabe: Desde Cero Distancia), intenta hacer precisamente eso: tender un puente entre los palestinos en Gaza, que han soportado una campaña de aniquilación tras puertas cerradas, y el mundo entero que observa cómo se desarrolla una tragedia de magnitud incomprensible en tiempo real.
El resultado es una colección de 22 cortometrajes de cineastas palestinos, que van desde el documental hasta viñetas y animación. Esta obra dirige nuestra atención no solo al pasado y a la violencia implacable del presente, donde la cifra de muertos en Gaza sigue aumentando, sino también al futuro y a lo que no puede ser arrebatado.
“El cine puede proteger la memoria y puede mantener a los palestinos en su tierra porque las películas son como sueños, ideas. Nadie puede ocupar los sueños. Nadie puede ocupar las ideas. Nadie puede ocupar la memoria… Nadie puede ocupar tu imaginación,” dijo Masharawi en una entrevista en Londres antes del estreno de la película en los cines del Reino Unido el 12 de septiembre.
“Tenemos que ser optimistas. Tenemos que decirle a la gente: ‘Mañana será un día mejor. Sigan bailando, sigan creando, sigan haciendo películas, porque eso significa que tienen futuro’”.
En un comienzo conmovedor, vemos en *Selfie* de Reema Mahmoud a una mujer escribir una carta para un amigo desconocido que al final se convierte en un mensaje en una botella lanzada al mar. En *Soft Skin*, Khamis Masharawi muestra a niños pequeños aprendiendo animación stop motion para transmitir el horror de unos padres que escriben sus nombres en las extremidades de sus hijos por si una bomba los alcanza.
Pero también hay momentos de humor negro, como en *Hell’s Heaven*, donde el narrador despierta dentro de una bolsa para cadáveres. Solo una película, *Taxi Wanissa*, quedó incompleta, pues la directora Etimad Washah aparece con un testimonio a mitad del film: con la muerte de su hermano y sus sobrinos, no pudo continuar.
En esta antología – que fue la entrada oficial de Palestina a los Premios de la Academia de 2025 – vemos a personas seguir adelante a pesar de verse asediadas por nuevas realidades inimaginables. Y, aun con el zumbido persistente de drones sobre sus cabezas, la gente continúa bailando. En un cielo que a menudo llue bombardeos y rara vez ayuda, los niños todavía vuelan cometas. El peso de los libros dejados atrás se mide contra el peso del dolor, y el mar se nos describe como el único horizonte. Los baterías se fabrican con latas de comida vacías, se comparte el té y todavía se cantan canciones.
Las películas carecen notablemente de las imágenes de violencia y cuerpos mutilados que han salido de Gaza durante casi dos años, lo que hizo “posible que la gente pudiera ver y enfrentarse” a estas películas, añadió Masharawi.
Filmando meses después del 7 de octubre y durante el 2024, los cineastas se convirtieron tanto en narradores como en la historia misma. Era difícil priorizar pensamientos sobre cine cuando el refugio, la comida, la pérdida y el trauma tenían prioridad bajo los bombardeos. Cuando se cortaba la electricidad en el enclave, era imposible cargar los equipos, y a veces pasaban días sin comunicación.
Masharawi admitió que el proceso fue difícil, no solo como palestino nacido en el campo de refugiados de al-Shati en Gaza, sino como ser humano. Significa tener que enfrentarse a todo lo que Israel está haciendo, dijo, y con miembros de su propia familia asesinados y hogares destruidos, añadió que es muy difícil tener que compartir siempre historias personales.
“Creo en el poder del cine, de la imagen, de la cultura, de la documentación,” dijo Masharawi con determinación. “Es muy importante porque la gente se acostumbra, con el tiempo, lentamente, a las imágenes que ve en la televisión. Es siempre lo mismo. Ven explosiones, ven ambulancias, ven mártires.
“Esto les recuerda quiénes son, esta gente de la que se habla. Es muy importante,” añadió.
Si la película sirve para recordarnos las vidas detrás de los más de 64,000 muertos en Gaza, también nos recuerda los intentos de silenciar las voces palestinas.
En julio, el activista palestino Awdah Hathaleen fue asesinado por un colono judío extremista en Cisjordania después de trabajar en el rodaje del documental ganador del Oscar *No Other Land*. La industria misma ha experimentado un cambio con el tiempo – “muy tarde”, agrega Masharawi – a medida que un creciente coro de profesionales del cine pide boicots y firma cartas abiertas que condenan la crisis humanitaria cada vez peor.
“Algunas cosas,” dijo Masharawi, “si llegan tarde, es mejor a que no lleguen nunca.”
Pero la marea de la opinión pública ha tenido poca influencia sobre Masharawi, quien desde que se convirtió en el primer palestino en mostrar un largometraje en Cannes con *Haifa* en 1996, regresó a Cannes en 2024 en protesta. Después de que los organizadores expresaran su deseo de mantener la política fuera del evento, Masharawi instaló carpas como las de Gaza y proyectó *From Ground Zero*.
“Es muy importante,” me dice, “hacer películas para la vida, para el mañana – hacerlas con esperanza.”