Mi Experiencia Sobreviviendo al Mayor Simulacro de Tsunami de España en Cádiz

La imagen podría exagerar lo ocurrido. Crédito de la foto: La fértil imaginación de Molly Grace.

Cádiz acogió el simulacro de tsunami más grande de la historia de España el 20 de noviembre, enviando una alerta masiva de emergencia a miles de teléfonos móviles a lo largo de la atlántica ‘Costa de la Luz’. Como parte del ejercicio ‘Respuesta 25’, la Junta de Andalucía simuló un terremoto de magnitud 7,6 análogo al acaecido en Lisboa en 1755. Más de 20.000 personas en colegios, hoteles, edificios históricos, cascos urbanos y zonas costeras participaron en los ejercicios de evacuación: algunos con calma, otros con desconcierto y unos cuantos con algo más de… pánico.

El ensayo se enmarcaba en una iniciativa más amplia de la Junta para modernizar su sistema de emergencias y probar el recién implementado ES-Alert, a menudo denominado sistema “112 Inverso”. A diferencia de las llamadas tradicionales, el ES-Alert envía mensajes geodirigidos directamente a los teléfonos en una zona afectada, ignorando el modo silencio y activando una alarma estridente imposible de obviar—para consternación de cualquiera que se hallara en las inmediaciones de mamíferos fácilmente impresionables. En el simulacro participaron bomberos, policía local, Protección Civil, la unidad militar UME y empleados municipales de toda la provincia. Varios pueblos costeros realizaron ensayos de evacuación completos, trasladando a la población a puntos de encuentro seguros o hacia las plantas superiores de edificios públicos.

Mientras tanto, mi vivencia personal de este meticuloso ejercicio fue… un tanto menos estructurada.

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Una mañana normal… Hasta que dejó de serlo

La mañana del 20 de noviembre me pilló inmersa en el Campeonato Andaluz de Saltos de Montenmedio, en Vejer de la Frontera (Cádiz). Había comenzado a las 07:30, atendiendo a caballos y jinetes, felizmente ajena a que me encontraba en uno de los peores lugares posibles para que todos los teléfonos de la zona prorrumpieran a la vez: un campo repleto de animales nerviosos y propensos al susto.

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Si existió un día en que debería haber recordado algo importante, era ese. Pero, como era previsible, no lo hice.

Exactamente a las 10:13, pese estar programada para las 10:00 —porque hasta los tsunamis de mentira, al parecer, llegan tarde en Andalucía—, las alarmas finalmente resonaron por todo el recinto.

Una cacofonía de flatulencias equinas brotó cual sección de metales calentando. Decenas de animales se elevaron en el aire como cometas asustadas. Las extremidades se dispararon en todas direcciones. Los jinetes se aferraban a sus monturas cual audición para ‘El Regreso de John Wayne’. El chillido de la alarma reverberaba en las pistas de calentamiento como si nos atacaran alienígenas.

Y entonces lo recordé:
Ah, sí… El simulacro de tsunami.

El momento de la alarma se escogió para emular un escenario realista. Las autoridades estimaron que, ante un terremoto similar al de Lisboa, los habitantes de Cádiz dispondrían de entre 10 y 15 minutos antes de que un tsunami alcanzara la costa. El simulacro buscaba, pues, poner a prueba ese estrecho margen, examinando tanto los sistemas tecnológicos como la reacción ciudadana; ámbito en el que el mundo ecuestre de aquella mañana aportó su propio y vivaz conjunto de datos.

Caos, desconcierto y jinetes en vuelo

Al sonar las alarmas en los móviles, varias personas a mi alrededor se mostraron visiblemente nerviosas. Algunos niños gritaron: “¿¡TSUNAMIIII!?” y echaron a correr hacia sus padres.

Agarré el megáfono y anuncié: “¡LA ALERTA POR TSUNAMI ES UN SIMULARCO!”.

Una jineta, forcejeando con su caballo, que parecía levitar, gritó: “¡¡Díselo a mi caballo!!” mientras pasaba rauda a mi lado en modo rodeo completo.

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Pausadamente, se restableció la calma. Los caballos reanudaron sus saltos como si nada hubiera pasado. Los jinetes recobraron la dignidad. Los niños cesaron de pregonar un apocalipsis acuático inminente.

No obstante, en otros puntos de Cádiz, la situación fue bastante más ordenada.

Fuera de Montenmedio, se llevaron a cabo evacuaciones controladas en colegios, donde se guió a los niños por rutas de escape preestablecidas, y en hospitales y residencias, donde el personal practicó la “evacuación vertical”—trasladando a los pacientes a plantas altas en lugar de intentar sacarlos al exterior. En enclaves históricos como el Museo de Cádiz incluso se ensayó la protección de las colecciones, practicando cómo se asegurarían o trasladarían los fondos en una emergencia real. Restaurantes, comercios y chiringitos suspendieron brevemente su servicio mientras el personal seguía el protocolo.

Qué hicieron el resto en Cádiz

Para muchos —huéspedes de hoteles, escolares, comensales, turistas—, el simulacro requirió seguir un protocolo real:

Dirigirse a los puntos de encuentro designados.

Seguir las rutas de evacuación.

O, si no hubiera ninguna cerca, ascender a un edificio de al menos tres plantas.

Junto con la alerta, todo el mundo recibió un enlace para consultar su punto seguro más cercano. Como es natural, yo también pinché.

Esperaba un mapa. Un diagrama. Quizá una página institucional.

Lo que obtuve fue:
Pollo AI.
Sí. Pollo IA.
¿Una web para generar vídeos de pollos mediante inteligencia artificial?

Espero sinceramente que, en una emergencia real, no se dirija a la ciudadanía hacia un algoritmo avícola como si fuera su tabla de salvación.

Afortunadamente, un segundo enlace funcionó a la perfección y me redirigió a la página oficial de la Junta de Andalucía titulada “Qué hacer ante un tsunami”.

Útil. Y bastante menos plumífero.

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En honor al sistema, la inclusión de enlaces formaba parte de la prueba: los responsables querían cerciorarse de que la ciudadanía pudiera acceder a directrices adecuadas en una situación de estrés. Sin embargo, dado el ingente número de personas que recibieron la alerta simultáneamente, no sería extraño que algunas URLs se saturasen momentáneamente, algo que los planificadores de emergencias probablemente anotarán en su evaluación posterior.

El factor sorpresa

La alarma cogió a muchos desprevenidos. Visitantes de fuera de Andalucía, algunos de fuera de España, no tenían ni idea de que se iba a realizar un simulacro.

Una mujer me comentó:

“De haber sido una situación real, no saber qué ocurría habría sido aterrador. Agradezco que enviaran la alerta también en inglés.”

(Yo personalmente recomiendo, en cualquier idioma, la clásica estrategia:
Correr hacia donde corra todo el mundo.
Preferiblemente no hacia una web de temática gallinácea).

La alerta bilingüe fue intencionada: Cádiz atrae a millones de turistas cada año, y las autoridades reconocieron que cualquier aviso de tsunami real debe alcanzar no solo a la población local, sino también a la vasta comunidad internacional que visita la costa en todo momento.

Todos en la zona costera de Cádiz recibieron un mensaje de aviso similar a este. Crédito de la foto: Molly Grace

Un día para recordar

Si bien el simulacro oficial pretendía evaluar los sistemas de emergencia, la respuesta pública y la preparación para evacuaciones, mi versión incluyó caballos en el aire, niños azorados y jinetes experimentando breves instantes de vuelo involuntario.

Aun así, si el objetivo era crear conciencia, el simulacro fue un éxito.
Porque la próxima vez que Cádiz realice un ensayo de tsunami, sin duda lo recordaré.

Y me aseguraré de que los caballos también lo hagan.