El pasado jueves, 16 de octubre, los servicios de emergencia de Luleå recibieron una llamada a primera hora, a las 4 de la madrugada, que desencadenó una sucesión de conmoción e incredulidad.
La recién construida mezquita de la ciudad, ubicada en Hertson y que aún se encontraba en obras, estaba ardiendo. Las llamas lamían su exterior y el humo se elevaba hacia el gélido cielo nórdico, pero afortunadamente, no había nadie en el interior y no se registraron heridos.
Policía sueca: “¡El incendio fue provocado!”
La policía sueca está tratando el incidente con suma seriedad. “Sospechamos que fue intencionado y lo estamos investigando como un incendio provocado, aunque por el momento no hay ningún sospechoso,” declaró Casey Causevic, un oficial de policía, a la televisión SVT.
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El edificio no ha quedado completamente destruido, pero presenta daños visibles por el fuego, y la zona permanece acordonada mientras se lleva a cabo la investigación técnica.
Un posible delito de odio
Es el tipo de noticia que acapara los titulares, pero que también cala hondo en la sensibilidad colectiva. La mezquita, que iba a ser la primera de la zona, llevaba en construcción desde junio de 2024 y se esperaba que inaugurase en el verano de 2025.
“Nos hemos dispertado hoy con un suceso trágico y un ataque vergonzoso que muestra el odio y la maldad dirigidos hacia nuestra mezquita en Luleå,” escribió en redes sociales el Norrbottens Islamiska Center (NIC). “Estamos agradecidos de que no haya habido heridos, pero los daños en el edificio son evidentes.”
El comisario Per-Olov Andersson confirmó que el caso se investiga como un posible delito de odio, destacando la relevancia del objetivo elegido. Un operario de bomberos añadió que las llamas solo afectaron a la fachada y no traspasaron la estructura principal, un pequeño alivio en medio del horror.
Un ataque impactante en una localidad pequeña
La historia es lúgubre pero familiar en un mundo donde los símbolos de fe y comunidad a veces son recibidos con odio. En una ciudad de aproximadamente 75.000 habitantes, este ataque resulta profundamente impactante.
Mientras los investigadores trabajan en el lugar, la mezquita permanece como un testimonio silencioso de la resiliencia. “El edificio no está completamente calcinado,” tranquilizó Causevic, “pero sí tiene daños por el fuego. Vamos a averiguar qué ocurrió exactamente.”
De momento, la atención se centra en la recuperación, la investigación y el apoyo comunitario. Luleå quizá sea fría en cuanto a temperaturas, pero el calor de la solidaridad y la indignación ante este acto de odio es palpable. Las autoridades instan a cualquier persona con información a que se ponga en contacto con ellas.
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