Una pareja casada acusada de mantener a sus tres hijos encerrados en su domicilio durante casi cuatro años ha alegado que los menores no estaban ilegalmente detenidos, sino que se aislaron voluntariamente por temor a contraer la Covid-19.
Los progenitores fueron detenidos por la policía local el año pasado, tras descubrirse a dos gemelos de ocho años y otro niño de diez en condiciones higiénico-sanitarias deficientes en la vivienda unifamiliar, situada en el norte de España.
Al padre, de 53 años y nacionalidad alemana, y a la madre, de 48 años y ciudadanía estadounidense —que también posee la alemana—, la investigación les imputa haber mantenido recluidos a los niños en su vivienda de Oviedo, Asturias, desde 2021 en contra de su voluntad.
No obstante, el letrado defensor de la pareja sostuvo que la situación era síntoma de «una familia con comportamiento disfuncional», más que de criminalidad.
En declaraciones a los medios antes de la segunda y última sesión del juicio en la Audiencia Provincial de Oviedo a principios de esta semana, Javier Muñoz rechazó lo que calificó como la etiqueta estigmatizante de «la casa del horror» empleada por la prensa para describir el caso.
«Aquí nos encontramos ante una familia con un comportamiento disfuncional, con una conducta anómala, pero en ningún caso delictiva», afirmó.
Señaló que no existió un secuestro ilegal, pues los niños podían moverse con libertad por el interior de la casa, añadiendo que la situación fue provocada por «un miedo insuperable e irracional tras haber estado enfermos durante bastante tiempo».
«Es una situación extraordinaria, anormal y extraña, pero que no constituye delito. Tener una casa desordenada no es un crimen, y no escolarizar a los niños en un centro oficial no es un delito —puede ser una infracción administrativa y ser reprochable desde un punto de vista personal o social, pero no legal», argumentó el abogado.
La Fiscalía solicita para ellos penas de 25 años y cuatro meses de prisión por un delito continuado de maltrato psicológico en el ámbito familiar, detención ilegal y abandono de familia.
Según los fiscales, los padres mantuvieron a sus hijos encerrados hasta abril de 2025 debido a un «temor infundado a una hipotética infección».
Durante ese periodo, los menores no fueron escolarizados ni recibieron asistencia médica alguna.
La policía afirma que a los niños no se les permitió salir del hogar durante casi cuatro años.
El descubrimiento se produjo tras la denuncia de un vecino que aseguraba ver y oír niños en la casa, aunque nunca los había observado en el jardín.
Esto derivó en una fase de vigilancia en la que las sospechas aumentaron debido al gran volumen de entregas de comida en la vivienda, pese a tener solo a una persona registrada como residente.
La policía accedió entonces al interior y halló a los tres hermanos.
«Estaban muy asustados y se agruparon alrededor de su madre, quien no cesaba de decirnos que los niños padecían enfermedades graves y que no debíamos acercarnos», relató uno de los agentes intervinientes al periódico La Nueva España.
«Cada uno llevaba tres mascarillas superpuestas. Estaban completamente desconectados de la realidad. Uno de ellos tocó la hierba con las manos, sorprendido. En cuanto los sacamos al exterior, los tres comenzaron a respirar profundamente como si nunca hubieran estado al aire libre».
El comisario jefe de la Policía Local de Oviedo, Francisco Javier Lozano, declaró: «Hemos desmantelado la casa del horror».
Los dos gemelos y su hermano mayor se encuentran ahora bajo la tutela de la Consejería del Principado de Asturias.