Decir que Kerry Washington actúa *con dientes* es un buen doble sentido. Está el significado literal: sus expresiones faciales dramáticas son ya un meme, inmortalizadas en gifs y por imitadores en internet. Pero también están los personajes en sí. Las mujeres que interpreta tienen carácter —son complejas y desafían las categorías fáciles. Su papel como Olivia Pope, la eficaz asesora política en *Scandal* de la ABC, fue una sensación mundial y fue la primera vez en casi 40 años que una mujer negra protagonizaba una serie de una gran cadena.
Ahora Washington regresa con un proyecto que ofrece no una, sino tres protagonistas complicadas. *Mujeres Imperfectas*, la adaptación de Apple TV de la novela de Araminta Hall, reúne a Washington con Elisabeth Moss y Kate Mara en un pulcro misterio de asesinato que pone la amistad femenina —con su amor, lealtad, secretos y rivalidad— en el centro.
“En el mundo en que vivimos, hay tanta presión para que las mujeres luzcan y actúen de cierta manera, para complacer y conformarse. Así que cuando rompemos las reglas, cuando nos desordenamos, resulta fascinante”, dice Washington durante nuestra entrevista en Londres.
De hecho, ya se han comparado *Mujeres Imperfectas* con dos series de prestigio que usan esta misma receta: *Big Little Lies* y *The White Lotus*. Como la primera, el drama se desarrolla en un entorno adinerado de California, pero en vez de mujeres unidas por la escuela de sus hijos, son tres antiguas amigas de la universidad: Eleanor (Washington), una filántropa premiada de familia rica; Nancy (Mara), cuyo matrimonio con la alta sociedad oculta sus orígenes humildes; y Mary (Moss), una escritora y madre que se queda en casa, con un marido profesor. Es un “elige a tu luchadora” de feminidad idealizada; hasta que, como en el drama del resort de lujo de Mike White, aparecen secretos familiares, traumas y las viejas tensiones de clase y raza.
Los fans de las muchas caras de Washington disfrutarán sin duda su interpretación, mientras Eleanor pasa de un momento emocional intenso a otro —desde la traición de un ser querido hasta que las autoridades no le creen—, todo con esa inquietud constante de ser observada y juzgada (una presión que se siente distintamente femenina). Son, después de todo, temas clásicos del thriller psicológico, aunque yo me pregunto sobre el poder de la vigilancia como factor de miedo. ¿Acaso esa pérdida de privacidad no es ya algo normal, gracias a las redes sociales? ¿No vivímos todos en esta pesadilla? ¿Y Washington no especialmente, al ser una celebridad real?
“Cuando algo se hace viral, es tan abrumador”, responde. Para ella, vivir en una era sin privacidad —“con la incapacidad de controlar algo una vez que está ahí afuera”— es muy aterrador. Recuerda grabar la escena donde a su personaje le filtran detalles de su vida amorosa en línea. “Cuando filmábamos eso, varios de mi productora dijeron: ‘Nunca te habíamos visto así, con ese nivel de rabia y terror coexistiendo en tu cuerpo’”.
¿Cómo maneja una serie como *Mujeres Imperfectas*, que busca crear personajes femeninos verdaderamente tridimensionales, la reacción del público ante mujeres “desordenadas”? Siempre se ha dicho que mientras los antihéroes masculinos pueden ser moralmente vacíos, las antihéroinas aún tienen que ser “buenas” al final —redimibles, con sus malas acciones psicológicamente explicadas— para que el público se conecte. ¿No luchó esta serie con esa misma carga, de hacer que sus mujeres “imperfectas” fueran simpáticas?
Ella rechaza esta idea. En *Mujeres Imperfectas*, dice, no hay una verdad fija; aquí se invita al público a ver los eventos desde la perspectiva de cada mujer. Eso, dice Washington, es “uno de los elementos realmente importantes” —considerar un punto de vista distinto al propio. “En un momento en que somos tan tribales y tan reacios culturalmente a ver las cosas desde la perspectiva de otro, creo que permitir a la audiencia recorrer un conjunto de hechos desde múltiples puntos de vista es un verdadero ejercicio de empatía y simpatía. Y un servicio”.
Con toda esta charla sobre personajes sustanciosos, uno podría pensar que hoy abundan los papeles femeninos complejos. “Es mejor [que antes]. Y creo que es mejor sobre todo porque muchas nos hemos convertido en productoras”. Washington es productora ejecutiva de *Mujeres Imperfectas* a través de su compañía Simpson Street. Lo mismo pasa con Elisabeth Moss y su productora. “No nos estamos sentando en casa esperando a que nos inviten a la fiesta. Estamos organizando nuestras propias fiestas y nuestras fiestas nos centran a nosotras. Por eso hay más de estas historias. No es para nada equitativo, pero está mucho mejor”.
Tengo curiosidad sobre si ella siente lo mismo respecto a los papeles para mujeres de color. Se dice que la única razón por la que el amado personaje de Olivia Pope en *Scandal* pudo seguir siendo una mujer negra es porque se basaba en una mujer negra real, Judy Smith. De otra forma, probablemente la cadena lo habría visto muy riesgoso. ¿Ha cambiado eso desde que ella misma reescribió la fórmula de quién puede ser una protagonista?
“Un poco, pero también hay una reacción tremenda. Hay una negación de la DEI y un retroceso en las políticas. Aunque creo que había mejorado, hay mucho retroceso y alejamiento de la inclusividad”.
En el libro también son británicos (se conocen en la Universidad de Oxford), pero en la serie de televisión todos son de Estados Unidos (aunque sospecho que esa licencia creativa difícilmente atraerá la misma indignación que el casting ciego al color). ¿Qué le diría a quienes podrían ofenderse por estos cambios?
“Bueno… ¿realmente tengo que decirles algo o simplemente los dejo seguir su camino?” responde con ironía. Es un placer verla desviar la cuestión —y quizás, de paso, a ellos— con tanta elegancia.
Pero se extiende un poco más. “Es lo que hay. Añade algo. Añade más complejidad y profundidad, y no creo que haya una forma correcta o incorrecta. Simplemente, elegimos a una mujer negra para este papel y eso nos permitió explorar diferentes temas e ideas. También tuve que preguntarme: ¿quién es esta mujer negra que solo tiene amigas blancas? ¿Por qué?”
Le comento a Washington que durante mi investigación para este artículo encontré una entrevista suya para Bloomberg donde afirmaba con énfasis que su trabajo con Simpson Street no es político. (“Es simplemente humano”, dice en la entrevista). Sin embargo, gran parte de lo que hemos hablado es claramente político. ¿Por qué sintió la necesidad de decir aquello?
“Hay que cuestionar qué significa crear obra política. Porque cuando ven una obra que pone en el centro a alguien que existe en los márgenes, insisten en que eso es político. Pero yo creo que es solo inclusivo. Así que cuando me pongo a mí en el centro, no estoy creando un espacio para decir algo político. Solo estoy reconociendo que soy humana y merezco que cuenten mi historia”.
“Decirle a los artistas de color que centrarnos en nosotros mismos es un acto político inherente, en lugar de creativo, me parece injusto”.
Es importante mencionar que, dejando de lado debates elevados sobre la relación entre política y arte, Washington es política en el sentido partidista. Ha hecho campaña por los demócratas y ha puesto su granito de arena para fomentar el registro de votantes. ¿Seguro que no le molesta esa etiqueta?
“No me molesta. Dije esto cuando hablé en la [Convención Nacional Demócrata] hace mil años: ‘Puede que tú no pienses en la política, pero la política siempre está pensando en ti'”.
“En realidad, todo es político. Cuando centramos a personajes blancos, eso también es político desde mi punto de vista. Fomentar la empatía y la compasión —que creo que hace la serie— es político. Simplemente no creo que la carga deba recaer solo en las mujeres o los artistas de color que lo hacen. Cualquiera que cuenta una buena historia está realizando ese acto político”.
“Así que no me importa la asociación, pero también quiero poder ser artista y que no me acusen de tener una agenda”.
El tiempo se acaba, pero antes de irme tengo que preguntarle sobre los memes. “¡Es un reconocimiento!” digo con una sonrisa.
Ella no parece tan entusiasta: “¿¡Lo es?! ¿Por qué?” pregunta.
A mí me parece obvio: es prueba de un talento actoral único. Después de todo, no muchos tienen esa habilidad visual adicional para contar historias —pero también tengo una teoría de que, en la era del Botox, que las mujeres tengan expresiones faciales es muy importante.
Washington está de acuerdo. “Hay un estudio sobre que a los jóvenes hombres les cuesta aceptar las emociones de sus parejas porque crecieron con madres que no expresaban sus sentimientos”.
“Los actores somos gente tan extraña. Esperamos en casa a que alguien nos llame para que lloramos”.
“Pero los sentimientos son buenos. A mí me gusta tener sentimientos. Osea, no le tengo miedo al dermatólogo, me encanta el láser y creo que ser proactivo para envejecer con gracia es algo hermoso. Pero también sé que mi trabajo es tener sentimientos”.
*Imperfect Women* está disponible en Apple TV desde el 18 de marzo.