José. Crédito: Nicole King
Dedico la columna de esta semana a José, celebrando sus 22 años trabajando para Galp en Rodeito. Lo conozco desde hace casi nueve años y es una de las personas más amables con las que uno puede toparse en el día a día. Es cordial con todos, se interesa por dónde has estado y hacia dónde te diriges. Me pregunta quién ha estado en mi programa y nota si estoy un poco “raro”; pregunta por mis hijos y nietos. A cualquier hora del día o de la noche, es como ese amigo reconfortante con el que siempre es un placer encontrarse.
No es la única joya: he llegado a apreciar tantas cualidades del equipo y cómo se apoyan mutuamente; son amigos, personas auténticas: gente atenta y amigable.
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Cuando empecé a ir allí, hasta hacía mi compra básica, hasta que Mónica me rogó que le diera una lista para poder ir al súper por mí. Cuando entro con mis nietos es como llevarlos a casa de la abuela y a los brazos cariñosos de Lola. Rafa ya se ha trasladado a otro sitio, pero aún se pasa; la última vez, justo a tiempo para ayudar a José a preparar mi coche para un viaje, revisando aceite, agua y neumáticos.
Otros miembros del equipo, cuyos nombres no conozco –verguenza me da–, también contribuyen a que este sea un lugar acogedor; yendo mucho más allá de lo que exige su deber.
Tener buen personal no es fácil, así que enhorabuena a este equipo y, en particular, enhorabuonísima, José.