En 2015 y 2016, el turismo en Egipto, Túnez y Turquía se desplomó debido a atentados terroristas. Mallorca y las Baleares, percibidas como un “refugio seguro”, absorbieron parte del negocio turístico perdido en esos países. Los turoperadores consideraban que las islas tenían capacidad, lo cual era cierto, especialmente en los meses de menor demanda.
La coyuntura actual es claramente distinta. Es mucho más inquietante. Los desarrollos futuros son difíles de predecir. El turismo puede parecer algo baladí, pero no lo es dada la importancia que reviste para las economías. Se están realizando evaluaciones. Antoni Riera, director técnico de la Fundación Impulsa para la competitividad de Baleares y autor de ‘Bases de la Agenda de Transición’, la hoja de ruta del pacto de sostenibilidad del gobierno para transformar el modelo económico y turístico de las islas, ha aportado la suya.
“A corto plazo, el impacto más inmediato se concentra en la logística y la confianza. Cuando crece el riesgo percibido, se ajustan las rutas aéreas, hay cancelaciones y reprogramaciones. Si el conflicto es breve, estos efectos suelen ser temporales.”
Considera que la clave para Baleares reside en lo que ocurra en el epicentro del conflicto y también en cómo este “reconfigura los flujos turísticos internacionales hacia el Mediterráneo”. Cuando hay episodios de inestabilidad regional, “suele operar una dinámica dual”.
Riera anticipa una reorientación de los viajes estacionales hacia el Mediterráneo occidental, “donde España se percibe como un destino estable”. Emerge un “efecto sustitución”, por el cual la demanda evita zonas y destinos percibidos como más vulnerables; existen “refugios seguros”. Turquía es la más obviamente vulnerable. Egipto, Grecia e incluso Croacia podrían considerarse en similar situación.
Luego está la variable del incremento en el coste del combustible. En este caso, Riera señala que una parte de la demanda se vuelve más sensible al precio. “Puede neutralizar parcialmente el efecto sustitución, especialmente si la situación se prolonga o si los mercados entran en una fase de volatilidad persistente.”
El mayor coste del transporte aéreo se filtra a través de dos canales: las tarifas aéreas y las operaciones (energía y suministros), “ejerciendo presión sobre los márgenes si el mercado no permite incrementos equivalentes en los precios”.