El tráfico marítimo a través del Estrecho de Ormuz, una ruta vital para el comercio global controlada por Irán, se ha reducido a una paralización casi total mientras Teherán toma represalias por los bombardeos estadounidenses-israelíes.
El número de buques que atraviesan Ormuz ha caído en picado más de un 95% desde el bloqueo impuesto por Irán el domingo. Los sitios web de rastreo marítimo mostraban solo cuatro embarcaciones transitando el estrecho el viernes por la mañana. En comparación, más de cien naves lo hicieron el viernes de la semana pasada.
Cientos de buques ahora congestionan ambos lados de la vía fluvial mientras importantes exportadores de crudo –como Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Bahrein y Kuwait– aguardan a que se reanude el tránsito.
Casi una quinta parte del petróleo mundial se embarca regularmente por el Estrecho de Ormuz, según la Agencia Internacional de la Energía, y la clausura ya ha provocado un alza disparada de los precios globales del combustible.
El precio del barril de Brent, crudo de referencia para Europa y gran parte del mundo, ya ha subido un 7% solo esta semana –el aumento más brusco en nueve meses–.
En España, la gasolina promedió 1,486 euros el litro el lunes, según el Boletín Petrolero Semanal de la UE, con el gasóleo en 1,441 euros –los precios más altos desde diciembre–.
Estas cifras, que suponen un aumento del 1% respecto a la semana anterior, marcan la subida más pronunciada desde junio. Los expertos advierten de que probablemente seguirán escalando si el tráfico por Ormuz no se restablece pronto.
En otras partes de Europa, la guerra provocó esta semana una extrema volatilidad en los precios de la electricidad, aunque España fue uno de los pocos países de la UE que mantuvo una baja oscilación.
En los Países Bajos, los precios se dispararon desde 24 euros por megavatio-hora (MWh) hasta casi 450 en menos de cuatro horas, mientras que en Dinamarca saltaron de 26 a 430 euros por MWh.
Se observaron tendencias similares en Bélgica y Alemania, según informó el *Financial Times*, pero España se libró de lo peor de las subidas, manteniendo los precios muy por debajo de la marca de los 200 euros.
El cierre de Ormuz también está causando estragos más allá de Europa, afectando principalmente al sudeste asiático. En 2025, China recibió el 25% de todo el petróleo de productores de Oriente Medio, según Bloomberg –seguida de cerca por India, Japón y Corea del Sur–.
Por el contrario, la mayor parte del petróleo importado por la UE no proviene del Estrecho de Ormuz, sino de la vecina Noruega y de Estados Unidos, que juntos representaron casi un tercio de todo el crudo comprado por los países de la Unión en 2025, de acuerdo con Eurostat.
No obstante, Arabia Saudí e Irak representan el 14,5% del petróleo importado por la UE, por lo que Grecia y Francia notarán con mayor crudeza los efectos de la clausura.
España parece menos vulnerable a la disrupción, ya que solo importa petróleo de Irak –que no se encuentra entre sus cinco principales suministradores–.
Sin embargo, Madrid sí importa gas natural licuado (GNL) de Qatar, que anunció el miércoles la interrupción de toda su producción tras los ataques desde Irán.
El ministro de energía catarí, Saad al-Kaabi, declaró que la guerra podría eventualmente “hacer colapsar las economías del mundo” a medida que los compradores asiáticos superen en las pujas a los europeos por el gas disponible en el mercado.
La severa advertencia de Qatar se suma a la amenaza inminente de Estados Unidos de cesar todo comercio con España tras su negativa a permitir que fuerzas estadounidenses utilicen bases de operación conjunta para ataques contra Irán.
En 2025, España importó aproximadamente el 45% de su GNL desde Estados Unidos, según el Banco de España, y probablemente enfrentaría escasez energética crítica si Trump llevara a cabo sus amenazas.
Los expertos advierten que los efectos combinados del alza en el precio de los carburantes y un potencial embargo comercial estadounidense podrían repercutir en las facturas de los hogares y en la manufactura nacional en España, perjudicando la economía del país.
La anuncio la semana pasada de Zimbabue de prohibir indefinidamente las exportaciones de materias primas críticas y concentrados de litio a nivel mundial ha puesto una mayor presión en las cadenas de suministro globales.
El litio se utiliza ampliamente para fabricar baterías, y Zimbabue es el principal productor de África –exportando la mayor parte a China para su procesamiento en materiales de batería de alto grado, que luego se distribuyen por todo el mundo–.
El ministerio de minas de Zimbabue afirmó que la prohibición se produjo tras las acusaciones gubernamentales de malas prácticas y fugas en el sector, y actualmente se desconoce cuánto tiempo permanecerá en vigor.
Irán ha cumplido su amenaza de detener todo el tráfico por el Estrecho de Ormuz en represalia por la ofensiva estadounidense-israelí del 28 de febrero, que acabó con la vida del Líder Supremo del país, el ayatolá Jamenei, y desencadenó una escalada militar sin precedentes en Oriente Medio.
Teherán ha desplegado inhibidores de señal cerca del estrecho, dificultando el tránsito y el monitoreo del tráfico, y también ha abierto fuego contra al menos tres buques estadounidenses desde el domingo, según el Ministerio de Defensa iraní.
El presidente de Irán, Masoud Pezeshkian, afirmó el viernes por la mañana que habían comenzado “esfuerzos de mediación” para poner fin a la guerra.
Pero Trump declaró poco después que no habría ningún acuerdo con Irán “excepto la rendición incondicional”, añadiendo que a esta le seguiría una “selección de un líder grande y aceptable”.
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