Los veranos en Mallorca y en el conjunto de les Baleares son cada vez más tórridos, con noches que se han vuelto tropicales, y los expertos advierten de la necesidad de aclimatarse a un contexto más tropical en las islas. El cambio climático, antropogénico en su origen, ha propiciado que el calor extremo se haya multiplicado por diez en el período comprendido entre 2010 y 2024, según un novedoso método de cálculo de riesgos asociados a fenómenos extremos desarrollado por la Universidad de Graz (Austria).
Este nuevo sistema de cálculo, detallado en un artículo publicado en Weather and Climate Extremes, permite cuantificar todas las métricas de riesgo relevantes para fenómenos como olas de calor, inundaciones y sequías en cualquier región del mundo. El equipo, liderado por Gottfried Kirchengast, empleó esta metodología para analizar la evolución de los episodios de calor extremo en Europa, basándose en conjuntos de datos de temperaturas máximas diarias entre 1961 y 2024.
El resultado arroja que la incidencia total del calor extremo en la mayoría de las regiones del centro y sur de Europa se ha multiplicado aproximadamente por diez en el período climático actual (2010-2024) en comparación con el intervalo de 1961 a 1990. Ello se debe, según explicó Kirchengast en un comunicado universitario, «al incremento tanto en la frecuencia y duración de los fenómenos, como en la magnitud de los umbrales superados y su extensión espacial».
Este «aumento descomunal» de la métrica de extremos totales trasciende con creces su variabilidad natural y «evidencia la influencia del cambio climático inducido por el ser humano con una claridad que incluso yo, como investigador climático, no había observado hasta ahora», añadió. El umbral para considerar «extrema» una temperatura se estableció en el valor que solo fue superado en el 1% de los días en cada localidad entre 1961 y 1990.
Dicho umbral supera los 35 grados en el sur de España, ronda los 30 grados en Austria y se sitúa en torno a los 25 grados en Finlandia.
El estudio proporciona, asimismo, una base para cuantificar con mayor precisión los daños ocasionados a las personas, los ecosistemas y las infraestructuras. Ya sea en el ámbito sanitario, la construcción, la agricultura, la silvicultura o el sector energético, son múltiples las áreas afectadas por los impactos y perjuicios derivados de los fenómenos climáticos y meteorológicos extremos.
La nota recuerda que temperaturas por encima de los 30 grados centígrados provocan estrés térmico en el organismo y merman la condición física de muchas personas.
Este método permite calcular la frecuencia, duración, intensidad, extensión espacial y otras variables de los eventos extremos, hasta llegar a la combinación de todas las métricas en la denominada extrema total.
La capacidad de calcular la severidad de estos peligros resulta crucial, por ejemplo, para los cálculos de impacto climático y las correspondientes medidas de adaptación.
Según señaló el investigador, si se dispone de datos climáticos a largo plazo adecuados, el desarrollo de las métricas de riesgo climático para los extremos de interés puede monitorizarse año tras año y década tras década, tanto en los países europeos como en cualquier otra región del mundo. El método puede servir a una amplia variedad de propósitos, desde aportar datos integrales sobre los peligros de los fenómenos meteorológicos extremos para los análisis de impacto climático, hasta respaldar la atribución de responsabilidad por el aumento de daños y riesgos climáticos a actores que generan grandes emisiones, como estados o empresas.