Al menos 30 civiles fueron asesinados en una serie de ataques brutales perpetrados por presuntos rebeldes de las Fuerzas Democráticas Aliadas (ADF) en el pueblo de Bapere, situado en la provincia de North Kivu, República Democrática del Congo (RDC), según fuentes militares y líderes locales de la sociedad civil.
Los crímenes ocurrieron entre el miércoles y viernes, con víctimas que, según reportes, fueron asesinadas a cuchilladas y casas incendiadas. Un administrador regional confirmó que más de 100 personas permanecen secuestradas, incrementando el temor a nuevas atrocidades. El ADF, grupo armado de origen ugandés con vínculos al Estado Islámico, ha intensificado sus operaciones en el este del Congo pese a los operativos militares conjuntos de Uganda y la RDC.
#URGENTE: #RDC – #Ruanda – #M23
North Kivu: La comunidad hutu denuncia exterminio silencioso orquestado por el M23 y ejército ruandés.
En carta fechada el 13 de agosto dirigida al presidente, la comunidad hutu de North Kivu alertó sobre lo que describen como… pic.twitter.com/hfflzjeumx
– Luceros en el Congo (@Eyesoncongo) 15 agosto 2025
Este último episodio sigue a una seguidilla de ataques atribuidos al ADF, incluido el del 27 de julio contra una iglesia en Komanda (Ituri), donde 40 feligreses, 13 de ellos niños, fueron masacrados. A inicios de mes, el grupo habría ejecutado a 70 civiles en Pikamaibo, evidenciando la escalada brutal de su campaña.
La violencia en Kivu agrava la compleja crisis de seguridad en el este congolés, donde decenas de grupos armados—M23, Codeco, Raia Mutomboki—siguen aterrorizando civiles. La ONU ha documentado violencia sexual generalizada, masacres y desplazamientos forzados, señalando que la región vive su peor crisis humanitaria en décadas.
En Oicha (Kivu), militantes del ADF atacaron recientemente un cine local, matando a 9 aficionados al fútbol y quemando viviendas. Estos hechos reflejan sus nuevas tácticas: atacar espacios públicos para sembrar terror y desarticular comunidades.
A pesar de los acuerdos de paz firmados en Washington y Doha este verano, la violencia escaló. La ONU exige que los compromisos diplomáticos se traduzcan en protección real, pero las ONGs denuncian que nada cambió sobre el terreno.
Las autoridades de Bapere instaron a residentes a reportar actividades sospechosas. No obstante, las comunidades enfrentan acceso limitado a seguridad, ayuda humanitaria insuficiente y desplazamiento constante.
El resurgimiento del ADF amenaza la estabilidad regional. Analistas advierten: sin cooperación internacional coordinada, el ciclo de violencia persistirá. La UA y ONU reclaman mandatos de paz reforzados, intercambio de inteligencia y ayuda urgente.
Autor: OSG
Fuente: Efe-Africanews