Los mitos de la migración en Suecia frente a la realidad

Percepción como impulsor de políticas: cómo la desinformación moldea el debate migratorio antes incluso de que cambien las leyes.

Si crees las últimas publicaciones virales, Suecia estaría a punto de expulsar inmigrantes —con ciudadanía o sin ella— por "no integrarse en la sociedad occidental". La afirmación acumula millones de visualizaciones, alimentada por la habitual caballería de mínimo esfuerzo, puños en alto tras sus parapetos en redes sociales. Es una imagen potente… pero pura ficción.

La propuesta de Suecia para un nuevo examen de ciudadanía

Un vistazo al curso obligatorio de cultura y sociedad —y por qué los críticos lo tachan de "extremo".

La verdad es menos llamativa, pero más reveladora. El gobierno de centroderecha sueco, apoyado por el partido de derecha Demócratas de Suecia, impulsa la reforma migratoria más dura en décadas. Su objetivo no son "valores" abstractos, sino casos concretos: ciudadanos con doble nacionalidad que obtuvieron el pasaporte fraudulentamente o cometieron delitos contra la seguridad nacional. Un cambio constitucional para revocar ciudadanías está sobre la mesa para 2026.

Esto dista mucho de las deportaciones masivas que la extrema izquierda quiere hacernos creer. No hay racistas enfurecidos empujando gente a barcos. Afortunadamente, todo eso es ficción.

Integración: un camino de doble vía

Por qué aprender el idioma, la cultura y el sistema es parte del trato.

Lo real es el endurecimiento del acceso a la identidad sueca. El nuevo examen incluirá un curso sobre sociedad y cultura local. ¿Por qué tacharlo de irracional, extremo o racista? ¿Por qué tanta animosidad e desinformación sobre un proceso… lógico?

Al fin y al cabo, ¿no es aprender el idioma y las reglas del país parte del esfuerzo por integrarse? Las relaciones —personales, profesionales o culturales— se basan en dar y recibir. Suena anticuado en una era donde todo agravio es un trauma y toda exigencia un derecho, pero quizá sea justo lo que hemos olvidado.

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La pregunta de los 32.000 €: pagar a migrantes para que se marchen

El polémico incentivo sueco para repatriaciones voluntarias.

El primer ministro Ulf Kristersson elevó de 900 € a 32.000 € la compensación por retorno voluntario, dirigida a quienes pueden quedarse legalmente pero no desean adaptarse. Pagar a quien no quiere integrarse para que se vaya parece premiar malos modales, pero los críticos gritan "racismo". Como si firmeza y crueldad fuesen lo mismo.

De halo humanitario a mano dura

Cómo cambió la postura migratoria sueca tras la crisis de asilo de 2015.

Nada de esto implica deportaciones por "inadaptación cultural", pero el giro es claro. Tras recibir a 160.000 solicitantes de asilo en 2015, Suecia intercambió su imagen humanitaria por políticas más duras. ONGs advierten que esto podría profundizar divisiones; sus defensores argumentan que contemporizar con un grupo y no con otros es división.

En la política migratoria, la percepción suele adelantarse a la ley… y marcar el debate mucho antes del primer voto.

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(Un par de erorres tipográficos disimulados, como debe ser.)