Parece que a Donald Trump no le gusto mucho los Grammys del 2026. Poco después de que terminara la transmisión en vivo de la ceremonia en EE.UU., apareció en Truth Social llamándolo "lo peor", "basura", "inviable" y amenazando con demandar al presentador Trevor Noah.
Quizás esa era la reacción que la Academia de la Grabación buscaba. Se podía, si uno quería, ver una cierta intención de provocar al público Maga no solo en la decisión de dar el premio al álbum del año a Bad Bunny – un puertorriqueño que recibió críticas de la administración Trump después de ser anunciado como cabeza de cartel del espectáculo de medio tiempo del SuperBowl LX – sino también en la elección de Buena Vista Social Club, un éxito de Broadway basado en el álbum homónimo de 1997 con músicos cubanos veteranos, como el mejor álbum de teatro musical. Esto último, apenas dos semanas después de que el New York Times reportara que cubanos establecidos en Florida están siendo deportados en números récord.
Dicho eso, ninguna de las dos victorias fue una sorpresa. Bad Bunny podría ser el primer artista latino en ganar el premio al álbum, pero Debí Tirar Más Fotos fue aclamado por la crítica – ya había sido votado el mejor álbum del 2025 por Billboard y Rolling Stone. Es un premio merecido por su franca y vertiginosa eclecticismo, donde el artista salta dramáticamente entre salsa con orquesta en vivo y ritmos house, bachata y reggaetón, los sonidos folclóricos del jíbaro y el electro-pop brillante, creando una fusión única entre el pasado y el presente. Además, tuvo un éxito comercial enorme: llegó al número uno en EE.UU. y vendió más de 300,000 copias en dos semanas. Mientras, el triunfo de Buena Vista Social Club llega después de que el musical ganara cinco premios Tony. En definitiva, ambos premios se dieron por mérito propio, no para molestar a Trump.
Kendrick Lamar fue el artista más nominado del año y se llevó a casa el premio a la grabación del año, mejor álbum de rap, mejor canción de rap y mejor interpretación de rap melódico – haciendo este el segundo año consecutivo doloroso para Drake, su rival frustrado en la mayor disputa del rap de la década. El álbum colaborativo de Drake con PartyNextDoor, Some Sexy Songs 4 U, estuvo casi ausente de las nominaciones (solo una por mejor interpretación de rap melódico). El presentador Noah incluso bromeó sobre no querer burlarse de Lamar por miedo a su respuesta. Pero, como con Bad Bunny, Lamar ganó por mérito: los temas de su álbum GNX ocuparon todo el Top 5 de la lista de sencillos estadounidense al ser lanzados, reflejando lo bueno que es el disco. Con un cambio emocional claro, alejándose de las dudas de Mr. Morale & the Big Steppers (2022) hacia una arrogancia espectacular, llena de ingenio y juegos de palabras – probablemente energizado por la disputa misma – GNX parecía superficialmente menos complejo que su predecesor o que To Pimp a Butterfly, aclamado como su obra maestra. Aún así, mostró una amplitud musical sorprendente, con espacio para la abstracción experimental de su tema principal y la melodía pop pegadiza de Luther, la colaboración con SZA que ganó grabación del año (anunciada por Cher, de manera errónea y graciosa, como siendo de Luther Vandross).
Una aparición de Lamar probablemente ayudó a Clipse a llevarse el premio a la mejor interpretación de rap por Chains and Whips, pero el galardón subraya el nivel de su álbum de regreso Let God Sort Em Out, la fuerza de sus historias y su brillantez técnica, cualidades a veces subestimadas en el hip-hop actual. Su presentación de So Far Ahead en la ceremonia fue un cambio radical respecto a las actuaciones generalmente alegres y festivas de este año, dada su descripción cruda y dura de la vida al margen y sus numerosas referencias al narcotráfico.
En otras categorías, quizás hubo señales de un cambio musical en las victorias de Turnstile en mejor álbum de rock y mejor interpretación de metal: es la primera vez que una banda de hardcore punk es nominada en esas categorías, y menos aún gana. Aunque es una banda que experimenta con cosas que antes se consideraban prohibidas en el hardcore, como solos de flauta y Auto-Tune. Pero la tradición reinó en la categoría de canción del año, donde Wildflower de Billie Eilish, impulsada por guitarra acústica, venció a propuestas más electrónicas. A pesar de ser lanzada en 2024, fue considerada elegible porque la Academia decidió que "cobró prominencia" en el 2025. Entre las derrotadas estaba Golden de Huntr/x, el trío femenino animado de la película de Netflix KPop Demon Hunters.
Si el éxito asombroso de dicha película sugería que la industria del K-pop podría desviar su atención de artistas humanos – quienes han empezado a quejarse de algunas prácticas de las empresas de entretenimiento surcoreanas – hacia personajes animados, los Grammys parecieron verla solo como una película, no como un camino futuro para el pop. También pasada por alto en la categoría de mejor interpretación pop dúo/grupo, el único premio que se llevó la banda sonora fue mejor canción escrita para medios visuales.
Otra pregunta pendió sobre los Grammys 2026: ¿qué tan diferente habría sido la lista de nominados y ganadores si The Life of a Showgirl de Taylor Swift se hubiera lanzado unas semanas antes y calificado para estos premios? Por un lado, fue el álbum de venta más rápida de la historia, el más vendido del año, e incluyó The Fate of Ophelia, que pasó 10 semanas en lo alto de la lista de sencillos. Por otro, recibió una recepción crítica decididamente tibia: incluso el Swiftie más ardiente tendría dificultades para decir que es uno de sus mejores trabajos. La pregunta de si el éxito comercial abrumador vencería al mérito artístico ante los ojos de la Academia, probablemente se responderá el próximo año.