Un nombre de mujer y las letras ‘RIP’ fueron pintarrajeados en un monumento histórico español el mes pasado – un acto vandálico que, según muchos, distó mucho de ser fortuito.
Spray rojo desfigura el memorial de las 13 Rosas en Madrid con el nombre de la periodista Sarah Santaolalla.
El monumento rinde homenaje a 13 mujeres ejecutadas por un pelotón de fusilamiento fascista al término de la Guerra Civil, mientras que el nombre era el de Sarah Santaolalla, una periodista española que se ha convertido en el último objetivo de un patrón creciente de intimidación coercitiva destinado a silenciar a las mujeres que desafían las narrativas de la ultraderecha.
La profanación del memorial de las 13 Rosas, en el cementerio de La Almudena, ha desatado desde entonces un amplio debate, no solo por su carácter personal, sino por el profundo simbolismo que invoca.
Santaolalla no es ajena a los ataques hostiles.
El exlíder de Podemos, Pablo Iglesias, destacó recientemente un comentario de un diputado del partido conservador PP, quien despreció a la periodista con la frase: “Para simples, tus fotos mostrando los cocos con el escote”, una burda insinuación de que depende de exhibir su escote antes que de su mérito profesional.
¿Por qué una comentarista mediática, analista política y activista sería objeto de una hostilidad y amenaza tan explícitas? La respuesta revela mucho sobre el pasado de España y sus tensiones no resueltas en el presente.
Los investigadores que estudian la violencia política de género argumentan que tales actos rara vez son incidentes aislados. En su lugar, funcionan como advertencias: intentos de forzar a las mujeres a salir del debate público mediante el miedo, la humillación y la intimidación, tácticas cada vez más documentadas tanto en línea como fuera de ella.
El memorial en sí conmemora a Las Trece Rosas, las 13 jóvenes fusiladas en agosto de 1939, apenas meses después de finalizada la Guerra Civil. Con edades comprendidas entre los 18 y 29 años, las mujeres fueron acusadas de apoyar a grupos de resistencia izquierdistas y se convirtieron en víctimas de la brutal represión franquista de posguerra. Sus muertes llegaron a simbolizar tanto la crueldad del régimen como el coraje político de las mujeres que se negaron a someterse al autoritarismo.
Durante décadas, las 13 Rosas –cuyas trágicas muertes fueron llevadas a una película premiada– han sido un recordatorio crudo de la lucha de España con la memoria histórica. Para sus simpatizantes, representan la resistencia, los valores democráticos y el derecho de la mujer a la participación política. Para los críticos de las leyes de memoria, siguen siendo un símbolo controvertido, uno que continúa provocando ira más de 80 años después.
Ese simbolismo golpeó con fuerza cuando los vándalos escribieron explícitamente el nombre de Santaolalla, una periodista conocida por informar sobre movimientos de ultraderecha. La periodista respondió públicamente en línea, afirmando que no era "ninguna coincidencia" que se invocara a mujeres asesinadas por plantar cara al fascismo en un intento de intimidar a una mujer que hace lo mismo hoy.
Líderes políticos de todo el espectro condenaron rápidamente el ataque. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, expresó su solidaridad con Santaolalla, denunciando el uso de amenazas para socavar el debate democrático. Él ha apoyado desde hace tiempo los derechos de las mujeres –reafirmando más recientemente el aborto como un derecho para todas las españolas– y su intervención señala que el incidente está siendo tomado en serio por el ejecutivo.
Varios miembros del gabinete y políticos regionales hicieron eco de esa postura, advirtiendo que el vandalismo y las amenazas no son formas de protesta, sino actos de violencia. Otros subrayaron la importancia de proteger los lugares de la memoria histórica, argumentando que la democracia no se puede defender mediante la intimidación o el odio.
El apoyo también ha llegado desde la sociedad civil y los medios. El hashtag #NoEstásSolaSarah ha sido tendencia en las redes sociales españolas, acompañado de declaraciones de periodistas, sindicatos y grupos de defensa que piden solidaridad y visibilidad frente al acoso.
España se sitúa actualmente entre los países con mejor desempeño en el Índice Mundial de Libertad de Prensa, en el puesto 23 de 180. Sin embargo, los observatorios de prensa advierten que las campañas de acoso, particularmente aquellas dirigidas a periodistas mujeres, arriesgan normalizar la intimidación y expulsar las voces críticas de la vida pública si no se les pone freno.
La profanación del memorial de las 13 Rosas es, por tanto, más que un simple acto vandálico. Es un recordatorio de que la relación no resuelta de España con su pasado continúa moldeando su presente, y de que la lucha por la libertad de prensa, la memoria histórica y el lugar de la mujer en el debate público dista mucho de estar zanjada.
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