Cada cultura posee un alimento particular asociado a la Navidad y, en España, no hay nada más festivo y típico que el Roscón de Reyes. A continuación, lo que conviene saber sobre esta tradición y sus fascinantes orígenes.
El 6 de enero, para celebrar la Epifanía, los españoles suelen degustar un Roscón de Reyes (también llamado rosca o rosco), un brioche dorado con forma de rosca grande, decorado con fruta escarchada.
La masa dulce tradicional del roscón está perfumada con agua de azahar y puede servirse con nata, aunque para muchos alcanza su máxima plenitud al mojarlo en una humeante taza de chocolate espeso tras una tarde viendo la Cabalgata: los suntuosos desfiles que tienen lugar en toda España el 5 de enero, cuando los Reyes Magos reparten dulces y regalos a los niños.
Los roscones, que simbolizan las coronas de los Reyes Magos en su visita al niño Jesús, contienen tradicionalmente una figurita y un haba seca.
Quien encuentra la figurita es coronado rey o reina de la celebración, mientras que a quien le toca el haba le corresponde pagar el roscón del año siguiente.
El Roscón de Reyes español (en la imagen) se elabora de forma distinta al que se consume en México. Foto: Juan Emilio Prades Bel/Wikipedia
En años anteriores, El Corte Inglés prometió un premio aún mayor al esconder lingotes de oro de un gramo en mil de sus roscones vendidos en las vísperas de la Epifanía, cada lingote con un valor estimado de unos 50 euros, además de tres premios especiales consistentes en un lingote de una onza con un valor superior a los mil euros.
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Los grandes almacenes insignia de España venden alrededor de seiscientos mil de estos roscones cada año, en veinticinco variedades distintas.
Historia
El origen del roscón se remonta al siglo II d.C., como parte de las celebraciones paganas de las Saturnales romanas, que también tenían lugar a finales de año e incluían sacrificios, intercambio de regalos, festejos y un banquete público para celebrar el fin del período más oscuro del año.
Representación de las Saturnales por el pintor francés del siglo XVIII Antoine Callet.
De todos los manjares ofrecidos, el más popular era una torta a base de miel con nueces, dátiles e higos.
Un siglo después, se añadió un haba a la mezcla, símbolo de prosperidad y fertilidad, pero no pasó mucho tiempo hasta que la consolidación del cristianismo y, posteriormente, la presencia musulmana en España, hicieron que esta tradición pagana pasara a un segundo plano.
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Existen algunas referencias escritas a su existencia durante la Edad Media, pero retornó con fuerza más de un milenio después gracias al rey español de origen francés Felipe V, quien siguió el ejemplo de su familia monárquica al otro lado de la frontera, pues ya disfrutaban de una versión del roscón en la corte de Versalles a finales del siglo XVII.
En lugar de ocultar solo habas en la masa, añadieron también monedas de oro, idea que, según los historiadores, se le ocurrió a un chef francés para intentar deslumbrar al joven rey Luis XV de Francia.
Quien encontraba la moneda era el ganador, y a quien le tocaba el haba se le consideraba el perdedor.
La tradición ha perdurado en España hasta hoy y se asocia a la llegada de los Reyes Magos el 6 de enero, aunque otras versiones del roscón también se consumen en Francia, Portugal, Colombia y México.