Mayeni Jones
Corresponsal en África, Johannesburgo
Fuerza de Defensa Nacional de Sudáfrica
La participación de buques de guerra de China, Irán y Rusia en ejercicios militares organizados por Sudáfrica podría tensionar aún más la relación del país con Estados Unidos, que ya está en su punto más bajo.
Un informe de News24 sugiere que Sudáfrica espera persuadir a Irán para que sea un observador en lugar de un participante activo, lo que señala la sensibilidad sobre cómo el presidente estadounidense Donald Trump podría interpretar estas maniobras.
En los últimos días, se han visto barcos con banderas de China, Irán y Rusia navegando hacia la principal base naval de Sudáfrica en Simon’s Town, en la península del Cabo.
El ejercicio, que durará una semana, comenzó el viernes. Está liderado por China e incluye a otros miembros de una alianza de países en desarrollo importantes, que cuando se creó en 2006 se conocía como BRIC.
El acrónimo viene de sus miembros fundadores: Brasil, Rusia, India y China. Cuando Sudáfrica se unió cuatro años después, se agregó una "S" a su nombre.
Con la reciente incorporación de Egipto, Etiopía, Indonesia, Irán y Emiratos Árabes Unidos, la alianza ahora se llama BRICS+ y su objetivo es desafiar el poder político y económico de las naciones occidentales más ricas.
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Un barco iraní fue fotografiado el viernes en Simon’s Town
El departamento de defensa sudafricano declaró que las armadas se reunían "para un programa intensivo de operaciones conjuntas de seguridad marítima, ejercicios de interoperabilidad y series de protección marítima". No especificó qué naciones participarían, solo que el objetivo del entrenamiento era "garantizar la seguridad del transporte y las actividades económicas marítimas".
Algunos analistas se preguntan por qué miembros del BRICS+ realizan ejercicios militares juntos, dado que el grupo es una alianza económica. "Hay miembros del BRICS+ que se oponen diametralmente en lo político e incluso tienen escaramuzas fronterizas calientes entre ellos", dijo el analista de defensa Dean Wingrin a la BBC.
No es la primera vez que Sudáfrica hace ejercicios navales con China y Rusia. El primero se llamó "Mosi" (que significa "humo" en el idioma setsuana) y se llevó a cabo en 2019 con poca repercusión. Pero cuando ocurrió Mosi II en 2023, Rusia ya había lanzado su invasión a gran escala de Ucrania y el momento del ejercicio fue muy criticado. "Cayó justo en el primer aniversario de la invasión rusa", dice Wingrin. "Así que generó sorpresa por su timing."
El ejercicio actual estaba inicialmente programado para noviembre del año pasado y se llamaría Mosi III. Se pospuso por la cumbre de líderes del G20 que Sudáfrica acogió por primera vez, y luego cambió de nombre y amplió su invitación. "A mediados del año pasado, empezamos a oír que ya no se llamaría Mosi III, sino que sería un ejercicio marítimo del BRICS+ llamado ‘Voluntad por la Paz’", indica Wingrin.
Pero en el clima político actual, esta expansión podría alienar aún más a Sudáfrica de EE.UU., uno de sus principales socios comerciales. "Sudáfrica ha estado bajo presión desde que la administración Trump volvió al poder. E incluso antes, cuando los demócratas estaban en el poder, también percibían a Sudáfrica como antiestadounidense", dijo a la BBC William Gumede, profesor de la Universidad de Witwatersrand.
El conflicto con la administración Trump ha sido espectacular. Acusó a las autoridades sudafricanas de no proteger a su minoría blanca y ofreció estatus de refugiado en EE.UU. a los afrikáners. Luego impuso aranceles más altos y retiró la ayuda a Sudáfrica. Su enojo también se alimentó en parte por el papel de Pretoria al llevar un caso contra Israel a la Corte Internacional de Justicia.
Sin embargo, los gestos de Pretoria y la visita del presidente Cyril Ramaphosa a la Casa Blanca en mayo, con una delegación que incluía famosos golfistas blancos sudafricanos, no lograron mejorar la relación. En cambio, Ramaphosa fue confrontado en el Despacho Oval con una serie de afirmaciones cuestionadas sobre asesinatos de agricultores blancos.
Ningún partido político sudafricano afirma que haya un genocidio blanco en el país. Aún así, Trump repitió dichas afirmaciones cuando decidió boicotear la cumbre del G20 en Johannesburgo, diciendo que era una "desgracia total" que la economía más grande de África la organizara.
Gumede señala que la economía sudafricana, que lucha desde hace años, necesita acceso al mercado estadounidense. "No podemos permitirnos alienar a EE.UU. Si sumamos la contribución del estado estadounidense, el sector privado y la sociedad civil a la economía sudafricana, es mucho mayor que la de China", afirma. "Las empresas estadounidenses solo en Sudáfrica generan más de 500.000 empleos. Todas las empresas chinas en Sudáfrica, en una estimación generosa, crearían 20.000 empleos como mucho." Esto difiere de cifras oficiales de 2024 que decían que China había creado unos 400.000 empleos en el país.
Gumede explica que el Congreso Nacional Africano (ANC), el partido que trajo la liberación en 1994, ve a China como un aliado ideológico. Rusia también es respetada por su apoyo a la lucha contra el apartheid. Pero el ANC no ha actualizado su política exterior para incluir a sus nuevos socios de coalición tras perder su mayoría parlamentaria en 2024. Se vio forzado a una coalición de gobierno que incluye al partido Alianza Democrática (DA), pro-empresa y alineado con Occidente.
La DA, el segundo partido más grande, ha criticado duramente el ejercicio "Voluntad por la Paz". Su portavoz de defensa, Chris Hattingh, dijo en un comunicado que socava la política exterior no alineada de Sudáfrica. "Este ejercicio está liderado por China e incluye a Rusia e Irán, ambos fuertemente sancionados y en conflictos activos. Entrenar con tales fuerzas no puede describirse como neutral. Es una elección política", afirmó.
Pero Wingrin sugiere que también hubo consideraciones prácticas tras la decisión militar sudafricana. "Sudáfrica está en una posición difícil porque años de recortes presupuestarios han diezmado nuestras capacidades de defensa. No tenemos muchos barcos capaces de salir al mar para ejercitar con otros países, así que debemos aprovechar toda oportunidad de ejercitar con cualquier país dispuesto a venir aquí", explica.
El viceministro de Defensa, Bantu Holomisa, ha restado importancia a las críticas, diciendo que es un honor para sus fuerzas "practicar con países bien equipados militarmente" y que mejorará la moral de las tropas.
No obstante, Wingrin advierte que podría acarrear problemas: "No creo que este ejercicio provoque una acción militar de otro país, pero podría dificultar negociaciones comerciales con ciertos países. No es el ejercicio en sí, es la percepción". Una visión que comparte Gumede: "Esto definitivamente será visto como una provocación por la administración Trump. No es una buena imagen para Sudáfrica dada la geopolítica actual. Hubiese sido mejor que el presidente Ramaphosa cancelara estos ejercicios".
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La presencia naval rusa en aguas sudafricanas ya causó polémica por la guerra en Ucrania
El analista político Sandile Swana es más optimista, incluso tras la reciente operación militar estadounidense en Venezuela. "El objetivo del ejercicio es hacer los mares seguros para el comercio internacional, combatir la piratería y crear un entorno marítimo seguro. Por cualquier estándar, eso sería bien recibido", dijo a la BBC, añadiendo que las relaciones entre EE.UU. y Sudáfrica ya no pueden empeorar mucho.
Para Gumede, el enfoque debe ser el impacto económico de la brecha. "Corremos un peligro real. Si no hacemos nuestra política exterior más conciliadora o pragmática hacia EE.UU., quedaremos atrapados en los conflictos entre EE.UU. y China, EE.UU. e Irán, y EE.UU. y Rusia. Y Sudáfrica será la gran perdedora."