Si tienes planeado viajar a España desde fuera de la Unión Europea en un futuro próximo, conviene que sepas lo siguiente: la UE ha pospuesto el despliegue completo de su nuevo Sistema de Entrada/Salida (EES) biométrico hasta septiembre de 2026. La decisión se tomó tras surgir preocupaciones de que una implantación demasiado rápida podría provocar graves retrasos en los aeropuertos durante la temporada alta de viajes estival.
El sistema ya se ha probado en varios puntos, incluidos aeropuertos españoles, pero los primeros comentarios sugieren que los controles fronterizos pueden llevar más tiempo del previsto. En lugar de arriesgarse a saturación en las terminales y pasajeros frustrados durante los meses punta de vacaciones, los responsables de la UE optaron por ralentizar el calendario y conceder a los países más tiempo para prepararse.
Para los viajeros, el impacto inmediato es bastante claro: es posible que observes una mezcla de procedimientos fronterizos antiguos y nuevos durante los próximos meses, dependiendo de tu punto de llegada y de la afluencia del aeropuerto.
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Cuál es el objetivo del nuevo Sistema de Entrada/Salida
El Sistema de Entrada/Salida está diseñado para modernizar el control fronterizo en todo el espacio Schengen. En lugar de sellos en el pasaporte, los viajeros extracomunitarios verán registradas su entrada y salida mediante datos biométricos –principalmente huellas dactilares, imágenes faciales y marcas temporales digitales–.
En teoría, esto hará que la vigilancia fronteriza sea más precisa y ayudará a las autoridades a detectar automáticamente las estancias excesivas. También forma parte de un esfuerzo más amplio por digitalizar los trámites de viaje en Europa.
No obstante, los sistemas a gran escala rara vez se implantan a la perfección desde el primer día, algo que se ha reflejado en la fase inicial de pruebas. Varios aeropuertos han reportado tiempos de procesamiento más largos, especialmente durante las horas punta, cuando los pasajeros menos familiarizados con la tecnología requieren una guía adicional.
Esto no significa que el sistema no vaya a funcionar, sino que implantarlo de forma simultánea en docenas de aeropuertos con gran afluencia está resultando más complejo de lo esperado.
Por qué los aeropuertos objetaron el calendario original
Algunas de las preocupaciones más firmes han llegado directamente de aeropuertos y organizaciones del sector aéreo. Durante las pruebas, hubs como el Málaga-Costa del Sol y el Barcelona-El Prat observaron que los tiempos de procesamiento en frontera aumentaban notablemente en las horas punta.
El Aeropuerto de Lisboa llegó a pausar el uso de los quioscos biométricos después de que, según se informó, las colas se alargasen durante varias horas, lo que subraya los desafíos prácticos de introducir nuevos procedimientos sin alterar el flujo de pasajeros.
Representantes del sector advirtieron de que los tiempos de espera excesivos podrían generar algo más que inconvenientes. Si las colas se extienden a áreas operativas, pueden plantear problemas de seguridad, particularmente durante los meses de verano, cuando el número de pasajeros se dispara.
Ante esos riesgos, Bruselas optó por la precaución frente a la celeridad. El retraso otorga a los Estados miembros unos meses adicionales para ajustar los niveles de personal, afinar la integración del software y realizar más pruebas de estrés antes de que el sistema sea plenamente obligatorio.
Qué supone esto para los aeropuertos españoles y los turistas
Para España, la postergación es una bendición a medias. Los principales aeropuertos ya están muy avanzados en los preparativos del EES, con cientos de quioscos biométricos instalados y pruebas en marcha. Sin embargo, los aeropuertos menores y los puertos de ferry aún necesitan tiempo para completar las mejoras de infraestructura y la formación.
Las aerolíneas también se ven afectadas. A la larga, las compañías deberán verificar que los pasajeros han completado su registro biométrico antes de embarcar en ciertos vuelos –un proceso que aún experimenta contratiempos técnicos–.
Todo esto implica que los viajeros podrían encontrarse con una situación híbrida. Algunos aeropuertos continuarán usando los quioscos biométricos, mientras que otros podrían volver al sellado manual de pasaportes cuando las colas empiecen a formarse.
Desde la perspectiva del pasajero, la experiencia podría simplemente resultar impredecible. Un viaje podría implicar el registro biométrico, mientras que el siguiente podría asemejarse mucho al control tradicional de pasaporte.
El enfoque más prudente es concederse un poco más de tiempo en la frontera, especialmente si se llega durante periodos de alta afluencia o a través de aeropuertos particularmente concurridos.
El efecto dominó en las futuras normas de viaje
El retraso también afecta a otro cambio próximo del que los viajeros han estado oyendo hablar: el ETIAS, la autorización de viaje prevista para visitantes exentos de visado que entren en el espacio Schengen.
Dado que el ETIAS depende de los datos recopilados a través del Sistema de Entrada/Salida, no puede implantarse por completo hasta que el EES esté operativo en todos los Estados miembros. En consecuencia, los viajeros que actualmente visitan España sin visado no tendrán que solicitar el ETIAS hasta, como mínimo, 2027.
Para muchos visitantes, esto son buenas noticias. Significa menos cambios administrativos inmediatos y más tiempo para comprender cómo funcionará el nuevo sistema antes de que entren en vigor requisitos adicionales.
Una transición más pausada, pero probablemente más fluida
La demora no señala un cambio de rumbo. El Sistema de Entrada/Salida sigue siendo una pieza central de la estrategia fronteriza a largo plazo de la UE, y su implantación continúa avanzando.
Lo que la postergación refleja realmente es la realidad de implementar infraestructuras digitales de gran envergadura en entornos donde confluyen el tiempo, el flujo de pasajeros y la seguridad. Un lanzamiento precipitado habría generado mucha más frustración que una transición gradual.
Para los viajeros con destino a España, la clave es simplemente mantenerse flexible. Los procedimientos fronterizos podrían evolucionar de forma paulatina en lugar de cambiar de la noche a la mañana, y la paciencia podría ser parte del viaje durante un tiempo.
Al final, el tiempo extra de preparación podría resultar beneficioso. Un despliegue más fluido posteriormente podría evitar el tipo de disrupciones que podrían haber empañado la experiencia de viaje durante una de las temporadas turísticas más concurridas de Europa.