La triste realidad: un empleo ya no garantiza un techo propio.

Palma asiste a un creciente número de personas que adoptan la caravana como residencia principal, lo cual refleja un desafío habitacional más amplio en Baleares. El aparcamiento contiguo al Monasterio de la Real se ha convertido en el epicentro de este fenómeno, donde las caravanas se alinean tanto para uso recreativo como para vivienda permanente.

El pasado viernes por la mañana, alrededor de diez caravanas estaban estacionadas en la zona. Entre sus usuarios, las experiencias varían. Un vecino de Uruguay preparaba su caravana para un viaje de fin de semana. “Hay gente viviendo aquí, pero la mayoría la utilizamos para escapadas,” comentó, aclarando que él no reside en el vehículo, sino que lo considera un alojamiento de ocio.

A pocos metros, sin embargo, se desarrolla una situación distinta. José Luis (seudónimo), de 43 años, comenzó hace poco a vivir en la caravana de un amigo junto a su esposa. Empleado en el sector de la hostelería con un contrato temporal y horarios imprevisibles, relata que su mujer busca activamente trabajo. Habían intentado alquilar repetidamente, pero los precios los excluyeron. “Los alquileres estan por las nubes. Nos pedían 1.200 euros por la habitación principal en un piso compartido,” explicó. Con una sola renta fija, tales cifras hacían imposible firmar cualquier contrato.

Una imagen cada vez más común en Palma: personas convirtiendo caravanas en sus hogares. Foto: P. Pellicer

“Vivo aquí porque simplemente no podemos costearnos una vivienda. Es triste que tener un trabajo ya no garantice un techo,” añadió José Luis.

La elección de la pareja fue por necesidad, no por gusto. “Nadie desea vivir en una caravana, pero hemos llegado a un límite,” señaló. Llevan allí unos meses, intentando ahorrar mientras prosiguen la búsqueda de algo asequible. “Si pudieramos alquilar algo a un precio razonable, no estaríamos aquí.”

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Su día a día transcurre con tranquilidad durante las horas de luz, aumentando la actividad principalmente por la noche, cuando estas caravanas se convierten en dormitorios. “Hoy somos nosotros, pero mañana otros pueden encontrarse en la misma situación,” reflexionó José Luis, subrayando la persistente emergencia habitacional en Mallorca.

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