Una innovación china de gran importancia está cambiando por completo una de las suposiciones más antiguas en la política climática: la idea de que reducir emisiones inevitablemente daña la economía.
Críticos, incluyendo al Presidente de EE.UU. Donald Trump, siempre han considerado las regulaciones ecológicas como un freno para la industria, alegando que aumentan costos y reducen la producción. Incluso la Unión Europea ahora está reconsiderando sus objetivos de eliminación de vehículos de combustibles fósiles, utilizando el impacto económico negativo como justificación.
Pero una nueva investigación de un equipo dirigido por la Academia China de Ciencias y la Universidad de Pekín muestra que reducir las emisiones de carbono no tiene por qué tener un coste elevado. De hecho, puede aumentar la productividad de manera dramática.
El equipo ha desarrollado una modificación simple pero revolucionaria a un importante proceso químico basado en carbón, reduciendo las emisiones de dióxido de carbono a casi cero, mientras más que triplica la producción de químicos de alto valor llamados olefinas, esenciales para plásticos, fármacos y materiales avanzados.
“Esto es como instalar un ‘interruptor molecular’ en una reacción química compleja, que puede apagar con precisión las rutas de reacción secundaria que generan dióxido de carbono”, explicó el autor del estudio Ma Ding, profesor de la Universidad de Pekín, al Science and Technology Daily el 24 de diciembre.
Este no es un caso aislado. En los últimos años, China ha aumentado significativamente su productividad al perseguir la descarbonización, mejorando la competitividad de sus productos en los mercados globales y tomando la delantera en tecnologías clave como vehículos eléctricos, nuevos materiales y energías renovables.