La Sequía de la Axarquía No Es Algo Pasajero

Vista del embalse de La Viñuela.
Crédito: Caron Badkin/Shutterstock

Si se pensaba que el sol eterno y las frutas tropicales de la Axarquía la convertían en un paraíso mediterráneo a salvo de los efectos del clima, no puede estár mas equivocado. Un nuevo estudio advierte que la región no enfrenta una simple sequía, sino una sequía estructural. Es decir: el problema hídrico no va a desaparecer a corto plazo.

Investigadores de la Universidad de Málaga, la Universidad de Princeton y el IHSM ‘La Mayora’ han analizado en profundidad la situación del agua en la zona. Y los resultados no son alentadores. Su informe, recientemente publicado en *Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS)*, dibuja el panorama de una región llevada al límite por años de sobreexplotación, mala gestión y un clima cambiante.

Un “desequilibrio” entre la demanda hídrica y la disponibilidad real

Sus datos abarcan tres décadas, analizando precipitaciones, embalses, aguas subterráneas, usos del suelo y gobernanza local. ¿La conclusión? Aunque mañana mismo lloviese, la Axarquía seguiría secándose.

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“El desequilibrio entre la demanda de agua y la disponibilidad real se ha vuelto crónico”, afirmó Pablo Jiménez Gavilán, uno de los autores del estudio. “Hay escaso control sobre las extracciones de aguas subterráneas, demasiadas concesiones de riego y, probablemente, un volumen considerable de extracciones ilegales”.

Las cifras son abrumadoras: entre 2019 y 2024, la región experimentó un “estrés hídrológico extremo”. Los niveles de los embalses colapsaron, se impusieron restricciones en núcleos urbanos y las pérdidas agrícolas fueron brutales, con hasta un 80% de la cosecha de mango y la mitad de la de aguacate arrasadas en el periodo 2022-2023.

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Para una región que cimentó su economía en la fruta subtropical y el turismo, esto no es un simple inconveniente, sino una cuestión existencial.

¿Cuál es la solución?

La investigadora principal, Victoria Junquera, actualmente en la Universidad de Berna, fue contundente: “Estamos viendo los límites del sistema. El cambio climático no lo ha roto, simplemente ha puesto de manifiesto lo frágil que ya era”.

El equipo exige una reestructuración profunda de la gestión del agua: monitorización en tiempo real de los pozos, derechos de agua flexibles vinculados a la disponibilidad real y límites estrictos a la superficie de regadío. Sin esto, ni la desalación ni ningún otro medida resolverán el problema.

Porque, como sostienen los científicos, no se trata de una sequía pasajera. Es un ajuste de cuentas a largo plazo que decidirá si la Axarquía permanece verde o se convierte en polvo.

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