La Princesa Irene de Grecia, hermana de la exreina de España, fallece a los 83 años

La princesa Irene se trasladó a España de forma permanente a principios de los años ochenta y se convirtió en una presencia constante en el Palacio de la Zarzuela. Crédito de la foto: Javier Gaya/Wikipedia CC

La princesa Irene de Grecia y Dinamarca, hermana menor de la reina Sofía de España, ha fallecido a los 83 años, según ha confirmado la Casa del Rey. Su deceso se produjo en el Palacio de la Zarzuela en Madrid, donde había residido durante décadas junto a la antigua reina.

La princesa Irene, miembro de las familias reales griega y danesa, nació el 11 de mayo de 1942 en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, durante el exilio de su familia en la Segunda Guerra Mundial. Su muerte marca la desaparición de una de las figuras más discretas y reservadas vinculadas a la monarquía española.

Una vida marcada por el exilio y la realeza

Hija del rey Pablo de Grecia y la reina Federica, la princesa Irene pasó sus primeros años trasladándose entre países mientras la inestabilidad política forzaba el exilio de la familia real griega. Tras la guerra, la familia regresó a Grecia, donde creció junto a sus hermanos, incluida su hermana mayor Sofía, quien posteriormente se convertiría en reina de España tras su matrimonio con el rey Juan Carlos.

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Educada en Grecia y en el extranjero, la princesa Irene desarrolló un profundo interés por la filosofía, la religión y las causas humanitarias. Nunca contrajo matrimonio ni desempeñó un papel oficial dentro de la realeza, optando por vivir al margen de los focos públicos.

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Una estrecha relación con la reina Sofía

La princesa Irene se estableció definitivamente en España a principios de la década de 1980 y se convirtió en una presencia constante en el Palacio de la Zarzuela. Era ampliamente conocida por su estrecha relación con la reina Sofía, con quien compartía residencia y vida cotidiana.

A pesar de su estatus real, la princesa Irene mantuvo un perfil bajo, rara vez concedía entrevistas o asistía a actos públicos a menos que fuera acompañando a su hermana. Su silenciosa presencia llegó a ser familiar en los círculos reales, granjeándole una reputación de discreción y lealtad.

Intereses humanitarios y espirituales

A lo largo de su vida, la princesa Irene dedicó gran parte de su tiempo a labores humanitarias y culturales. Le interesaban especialmente el diálogo interreligioso y las causas sociales, apoyando iniciativas benéficas centradas en la educación, la paz y el entendimiento internacional.

Sus inquietudes intelectuales abarcaban la filosofía y las religiones orientales, y era conocida por llevar un estilo de vida contemplativo. Amigos y conocidos solían describirla como una persona reflexiva, reservada y de profundos principios.

Arreglos funerarios y plan de sepultura

Aunque la princesa Irene ha fallecido en Madrid, se prevee que sea enterrada en Grecia de acuerdo con la tradición real. Los servicios fúnebres tendrán lugar en Atenas, tras lo cual será sepultada en el cementerio real del Palacio de Tatoi, lugar de descanso de varios miembros de la antigua familia real griega, incluidos sus padres y su hermano, el fallecido rey Constantino II. La Casa del Rey ha indicado que los arreglos reflejarán sus vínculos vitalicios con Grecia, a pesar de sus muchos años viviendo en España.

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Una figura discreta en la historia real

Sin haber sido nunca una monarca reinante ni una figura real pública, la princesa Irene de Grecia y Dinamarca ocupó un lugar singular dentro de la realeza europea. Su vida tendió un puente entre el exilio, la monarquía y la España moderna, moldeada por la elección personal más que por el deber público. Su legado no está definido por la ceremonia, sino por la constancia, la curiosidad intelectual y un vínculo perdurable con su hermana, la reina Sofía.

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