“La preocupación por el alimento es mayor”, expresan venezolanos ante la amenaza militar de EE.UU.

Nicole Kolster
Especial para BBC Mundo

Al igual que Alejandro Orellano, muchos venezolanos comentan que están más preocupados por su economía personal que por una posible invasión de Estados Unidos.

Mientras el gobierno de Nicolás Maduro vive pendiente de una amenaza militar del presidente estadounidense Donald Trump, la gente común pasa sus días intentando resolver qué van a comer.

Es miércoles por la mañana en Quinta Crespo, un mercado popular en el centro de Caracas. Aquí, una escalada del conflicto no es la principal preocupación. Los venezolanos miran las noticias mientras revisan sus carteras para encontrar suficiente efectivo para pagar.

“No va a haber una intervención, ni nada de eso. Lo que realmente nos afecta es la subida del dólar”, dice Alejandro Orellano a BBC Mundo mientras toma un café, esperando a clientes que nunca parecen llegar.

En las últimas semanas, el gobierno de Trump desplegó miles de soldados y equipamiento militar cerca de Venezuela, incluyendo el barco de guerra más grande del mundo. El sábado, al menos cuatro aerolíneas internacionales cancelaron sus vuelos hacia o desde el país, según las agencias de noticias Reuters y AFP, después de que las autoridades de aviación de EE.UU. advirtieran sobre “una mayor actividad militar en o cerca de Venezuela”.

Esto ocurre después de que una serie de ataques aéreos estadounidenses contra presuntos barcos de drogas en el Caribe y el Pacífico oriental mataran a más de 80 personas.

Es parte de un esfuerzo más amplio que, según la administración estadounidense, es necesario para frenar el flujo de narcóticos hacia EE.UU., pero Maduro insiste en que este ruido de sables está diseñado para sacarlo del poder.

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En las calles de Caracas, la vida cotidiana sigue su curso mientras el gobierno les dice a los ciudadanos que deben estar preparados para una invasión.

Alejandro le resta importancia a la retórica entre Washington y Caracas.

Lleva cinco años vendiendo verduras en este mercado. “Mire, mire qué vacío está todo”, insiste, señalando un pasillo largo y solitario lleno de frutas y verduras frescas.

Suena un villancico navideño, pero el ambiente festivo se siente apagado.

El enemigo común de la gente está aquí: el fuerte aumento de los precios de los alimentos y la falta de poder adquisitivo. En parte, esto se debe a la rápida depreciación del bolívar, que habrá perdido un 80% de su valor este año, según cifras del Fondo Monetario Internacional (FMI).

Un kilo de pollo, por ejemplo, cuesta aproximadamente cuatro veces el salario mínimo mensual oficial. Y aunque el gobierno ofrece bonos a jubilados y trabajadores públicos, el dinero sigue sin ser suficiente para la cesta básica.

Consuelo, de 74 años, se muestra escéptica sobre un conflicto armado con EE.UU. y dice que los venezolanos no tienen dinero para almacenar comida y prepararse para una guerra.

“¡Que pase lo que tenga que pasar! ¡Y ya!” le dice a la BBC, añadiendo que preocuparse por el espectro de la guerra no ayuda mucho.

“¿Es verdad? ¿Es mentira? Eso solo te enferma, andar nervioso, es mejor mantener la calma. Las emociones también pueden afectar tu salud”, continúa esta profesora universitaria jubilada que aún trabaja.

“Yo no he hecho compras de pánico; para eso se necesita mucho dinero.”

Dos economistas que viven en Venezuela, consultados por la BBC para este reportaje, prefirieron no hacer comentarios por miedo a represalias del gobierno.

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“La inflación ha alcanzado niveles de alrededor del 20% mensual”, señaló otro experto que pidió mantener su nombre en el anonimato.

El FMI proyecta un aumento de precios del 548% este año y dice que será peor en 2026, cuando podría dispararse al 629%, la cifra más alta del continente.

Otros ven una posible intervención estadounidense como una oportunidad para un cambio de gobierno, pero tienen miedo de hablar abiertamente de ello.

“Estamos asustados, en silencio, con miedo a que nos metan en la cárcel. Yo antes publicaba cosas, pero ya no, no debo, porque no sé quién me podría delatar”, cuenta a la BBC por teléfono un comerciante de Ciudad Bolívar (en el estado Bolívar, al sur).

“Hay esperanza, fe, pero la gente está callada por miedo. No se escucha a nadie hablando de eso; solo en casa, con la familia, pero hay un punto de alegría”, dice la mujer de forma anónima.

Consuelo dice que la incertidumbre también pone nerviosos a los venezolanos.

Gran parte de la sociedad evita hablar abiertamente de temas que pudieran ser sensibles para el gobierno de Maduro, tras una ola de detenciones después de las protestas antigubernamentales por las cuestionadas elecciones presidenciales de 2024, que fueron ampliamente rechazadas por la comunidad internacional.

La oposición y muchos países, incluido Estados Unidos, rechazaron el resultado y reconocieron al candidato opositor Edmundo González como el legítimo presidente electo.

Después de los comicios, más de 2.000 personas fueron detenidas, según cifras oficiales. En la actualidad, 884 personas permanecen en prisión por motivos políticos, de acuerdo con la organización no gubernamental Foro Penal.

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Bárbara Marrero, una pastelera de 40 años, comenta: “Todos estamos esperando que pase algo porque es justo y necesario. Llevamos años viviendo en una miseria absoluta.

“Los venezolanos vivimos al día esperando a que algo pase, pero todo el mundo tiene miedo [de hablar] y nadie dice nada.”

Esther Guevara, de 53 años, que trabaja en un laboratorio médico, no ocupa su preocupación ante las tensiones por el despliegue de la flota naval estadounidense.

“Estoy preocupada porque en realidad no sé qué está pasando, podrían invadir, atacar… La gente cree que no pasará nada, pero esto es serio”, dice. “Podría morir mucha gente inocente.”

“Siento que algo se está cocinando por ahí, pero estoy a la espera”, añade.

Javier Jaramillo tampoco cree que un ataque contra Venezuela sea inminente.

Ya es mediodía.

Todo transcurre con normalidad en una avenida concurrida del este de Caracas. Vendedores ambulantes ofreciendo sus productos. Peatones yendo y viniendo.

Ahí está Javier Jaramillo, de 57 años, buscando productos para revender en Navidad. Siente curiosidad por el USS Gerald R. Ford, el portaaviones que Washington trasladó al Caribe.

“No creo que ese ataque vaya a ocurrir. Todo esto es más bien político”, opina.

Creo que podría haber un diálogo, un acuerdo o un trato.

Aún así, él dice que cuando hay cortes de luz, piensa: “‘Ya han entrado’, ‘Van a entrar'”.

Trump ha sugerido que está abierto a un diálogo diplomatico con Maduro, pero también dijo que no descartaría una acción militar.

De todas formas, Javier repite: “Estamos más preocupados por la comida. Venezuela está en mala situación. La inflación nos está comiendo vivos”.