La pobreza se estanca en España mientras el 36,4% de la población lucha con gastos imprevistos

Un 36,4 % de la población declaró que no podría afrontar un gasto imprevisto. Crédito de la foto: Juan_Gomez/Shutterstock

Los esfuerzos de España por reducir la pobreza y la exclusión social han mostrado un progreso limitado durante el último año, según indican los datos oficiales, que señalan que los niveles generales de pobreza permanecen prácticamente inalterados mientras ha aumentado la vulnerabilidad financiera. Más de una de cada tres personas no puede hacer frente a gastos imprevistos, lo cual subraya la frágil posición económica de muchos hogares pese al modesto crecimiento de los ingresos.

De acuerdo con la última Encuesta de Condiciones de Vida (ECV) publicada por el Instituto Nacional de Estadística (INE), un 25,7 % de la población española se encontraba en riesgo de pobreza o exclusión social en 2025. Esta cifra representa solo una mejora marginal respecto al año anterior, cuando la tasa se situó en el 25,8 %, lo que confirma un estancamiento más que una reducción significativa.

Poca variación en los indicadores clave de pobreza

La tasa AROPE, indicador de referencia en la Unión Europea para evaluar la pobreza y la vulnerabilidad social, combina tres dimensiones: riesgo de pobreza por ingresos, privación material y social severa, y muy baja intensidad laboral. Aunque algunos componentes mostraron ligeras mejoras, estas no fueron suficientes para alterar significativamente la cifra global.

La casi inmovilidad de la tasa AROPE sugiere que las mejoras en el empleo y los ingresos de los hogares no se han traducido en una reducción amplia de la exclusión social. A pesar del incremento de los ingresos medios, muchos hogares siguen expuestos a shocks económicos e inestabilidad.

La tasa de riesgo de pobreza —que mide la proporción de personas que viven con menos del 60 % de la mediana nacional de ingresos— descendió ligeramente. Asimismo, la proporción de población en privación material y social severa cayó de forma modesta. Sin embargo, el porcentaje de personas en hogares con muy baja intensidad laboral se mantuvo sin cambios, frenando el progreso global.

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La baja intensidad laboral refleja situaciones en las que las personas adultas trabajan menos del 20 % de su tiempo potencial anual, a menudo debido a contratos temporales, subempleo o largos períodos de inactividad. Este indicador continúa pesando en las estadísticas de pobreza, especialmente en regiones con mercados laborales más débiles.

Creciente incapacidad para absorber imprevistos económicos

Uno de los hallazgos más significativos de la encuesta es el aumento de la fragilidad financiera. En 2025, un 36,4 % de la población declaró no poder afrontar un gasto imprevisto con sus propios recursos, lo que supone un aumento de 0,6 puntos porcentuales respecto al año anterior.

Los gastos imprevistos suelen incluir reparaciones urgentes del vehículo, mantenimiento esencial del hogar o costes médicos no anticipados. Los analistas consideran este indicador una medida clave de la resiliencia económica, ya que refleja si los hogares disponen de ahorros o colchones financieros, en lugar de depender de deuda o ayuda externa.

El aumento sugiere que, incluso cuando los ingresos han crecido, muchas familias no logran acumular reservas. Esto deja a un amplio segmento de la población vulnerable ante perturbaciones súbitas, reforzando las dudas sobre la profundidad y durabilidad de las recientes mejoras económicas.

Las mejoras en ingresos ofrecen un alivio parcial

La encuesta muestra que el ingreso medio por persona aumentó hasta 15.620 euros, lo que supone un incremento anual del 5,5 %. Este crecimiento superó la inflación del período, proporcionando cierto alivio a los hogares presionados por el alza del coste de la vida.

También se redujo ligeramente la proporción de personas que declararon llegar a fin de mes con “mucha dificultad”, pasando del 9,1 % al 8,5 %. Aunque esta mejora apunta a una gestión financiera a corto plazo algo más favorable, no compensa la incapacidad más amplia de muchos hogares para hacer frente a gastos inesperados.

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Estas cifras indican que el crecimiento de los ingresos, por sí solo, no ha sido suficiente para reducir la vulnerabilidad, especialmente entre quienes tienen empleos precarios o mal remunerados.

La infancia, afectada de forma desproporcionada

La pobreza y la exclusión social siguen afectando a la población menor de 16 años más que a ningún otro grupo etario. Entre los menores de esa edad, la tasa AROPE alcanzó el 33,9 %, significativamente superior a la media nacional.

Esta brecha persistente refleja desafíos estructurales vinculados a los ingresos del hogar, la estabilidad laboral y el acceso a apoyos para familias con menores. Los expertos llevan tiempo advirtiendo que la pobreza infantil tiene consecuencias a largo plazo en educación, salud y movilidad social, constituyendo uno de los aspectos más urgentes del problema de la pobreza en España.

Desigualdades regionales marcadas

La encuesta también resalta profundas disparidades territoriales. Los niveles más altos de pobreza y exclusión se registraron en Andalucía, Castilla-La Mancha y la Región de Murcia, donde más de tres de cada diez residentes se vieron afectados.

En contraste, regiones del norte como el País Vasco y Navarra, junto con las Islas Baleares, presentaron tasas AROPE notablemente inferiores. Estas diferencias reflejan variaciones en oportunidades de empleo, niveles de ingresos, costes de vivienda y la efectividad de las políticas sociales autonómicas.

Dichas disparidades subrayan la distribución desigual de la recuperación económica en el territorio y complican el diseño de estrategias nacionales contra la pobreza.

Persiste la privación material

Aunque la tasa de privación material y social severa descendió ligeramente hasta el 8,1 %, millones de personas siguen sin acceso a necesidades básicas. Esta categoría incluye hogares que no pueden permitirse una calefacción adecuada, comidas regulares con proteínas o una semana de vacaciones al año fuera de casa.

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Si bien el descenso es modesto, sugiere que algunos hogares se han beneficiado de mejores ingresos o de medidas de apoyo específicas. No obstante, la persistencia de la privación evidencia los límites de las intervenciones políticas actuales.

Retos políticos de cara al futuro

Los resultados presentan un panorama mixto para los responsables políticos. Por un lado, el aumento de los ingresos y las pequeñas reducciones en algunos indicadores de dificultad apuntan a una mejora gradual. Por otro, el estancamiento de las tasas de pobreza y la creciente fragilidad financiera revelan debilidades de fondo en la seguridad de los hogares.

Medidas recientes como la subida del salario mínimo y la extensión de los esquemas de rentas de apoyo han dado alivio a algunos colectivos. Sin embargo, los últimos datos sugieren que estas iniciativas aún no han logrado una reducción sostenida de la pobreza y la exclusión en su conjunto.

Los expertos sostienen que los esfuerzos futuros deberán centrarse no solo en los niveles de empleo, sino también en la calidad del trabajo, la estabilidad de los ingresos y la capacidad de los hogares para generar colchones financieros.

A medida que España continúa su recuperación económica, el desafío sigue siendo garantizar que el crecimiento se traduzca en seguridad duradera para los más vulnerables. Para más de un tercio de la población, la estabilidad financiera cotidiana sigue estando fuera de alcance.

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