La película de ‘Juego de Tronos’ se acerca: ¿cómo lograrán que el público apoye a los villanos?

Debe haber algunos fans de *Juego de Tronos* que tengan sentimientos bastante encontrados sobre la noticia de que Warner Bros llevará el “universo” de *Canción de Hielo y Fuego* de George R. R. Martin al cine. Por un lado, la idea de un épico de fantasía propiamente enorme, con dragones del tamaño de trenes de cercanías, es innegablemente atractiva; por el otro, ¿realmente lo han pensado bien?

Los reportes sugieren que la película tomará como material fuente la conquista de Aegon Targaryen, que trajo al clan de ojos lilas y jinetes de dragones al continente de Poniente (y unió seis de sus siete reinos) unos 300 años antes de los eventos de la serie de HBO. También hay una serie de TV en camino, que presumiblemente cubrirá mucho del mismo terreno con más detalle. A primera vista, esto debería hacer que hasta el acólito de fantasía más reacio quiera lanzar un puño al aire. Después de todo, la conquista de Aegon es el tipo de historia para la que se inventó el cine: dragones tapando el cielo, castillos derritiendose como tostadas con queso bajo un soplete; un continente entero siendo emocionantemente volteado por un grupo de señores dragón de pelo platino.

Según el propio Martin, en *El Mundo de Hielo y Fuego* (2014) y *Fuego y Sangre* (2018), la conquista fue más o menos así: Aegon llega desde Rocadragón con tres dragones y exige que los reyes de Poniente se sometan. Cuando varios se niegan, él quema sus castillos y ejércitos hasta que se rinden. Y eso, según la tradición existente, es básicamente todo. Lo interesante de los Targaryen en las novelas es que tres siglos de endogamia y hablar con dragones aparentemente los convirtieron en un nido de autócratas obsesionados con lagartos gigantes, que preferían incinerar medio reino que compartir el poder. No hay mucho en esos textos originales sobre cómo eran realmente, aunque podemos hacernos una buena idea. A todos los efectos, suenan como los malos.

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Imaginemos por un segundo que *Star Wars* hubiera seguido una ruta similar. La película original de 1977 habría comenzado casi igual, con el Imperio avanzando por la galaxia conocida y deteniéndose ocasionalmente para hacer explotar un planeta. Pero en lugar de un grupo variopinto de rebeldes valientes, magos espaciales ancianos y granjeros de humedad quejicas uniéndose contra lo imposible para destruir la Estrella de la Muerte, Vader y sus compinches se habrían movido rápido para asegurar el dominio galáctico total, gracias a su abrumadora superioridad técnica e industrial-militar.

En *Canción de Hielo y Fuego*, los Targaryen no triunfan por ser valientes desvalidos o estrategas brillantes. Ganan porque poseen tres colosales armas voladoras de destrucción masiva. En el momento en que Aegon aparece con Balerion, Vhagar y Meraxes, todo el equilibrio geopolítico de Poniente cambia. Esto probablemente significa que la película necesitará hacer algunos malabares narrativos bastante heroicos. El público moderno de blockbusters generalmente prefiere protagonistas que sean valientes desvalidos, no una dinastía gobernante fuertemente armada, así que el guión presumiblemente tendrá que encontrar una forma ingeniosa de replantear la conquista como una historia de heroísmo y no de expansión imperial. Quizás Aegon será retratado como un unificador reacio, suspirando mientras incinera otra fortaleza medieval, explicando que lo hace solo por el bien del reino. Tal vez uno de los reyes derrotados será reinventado como un tirano de caricatura, transformando así la conquista asistida por dragones en el equivalente de fantasía de un cambio de régimen santificado.

Si eso falla, siempre está la solución clásica de Hollywood (ver también la reciente serie de *El Señor de los Anillos* de Amazon) de inventar un héroe nuevo. Quizás un humilde aprendiz de herrero que sueña con dragones, o un cortesano escéptico que le enseña a Aegon el verdadero significado del liderazgo.

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Pase lo que pase, la película tiene todas las papeletas para ser un espectáculo cinematográfico colosal que ofrezca algunos de los momentos más alucinantes que Martin haya imaginado, pero no nos engañemos: el final va a ser raro. Porque esto será básicamente una película que le pide al público que haga algo que normalmente no se le pide en un blockbuster: animar con entusiasmo mientras gana el imperio malvado.

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