La obsesión con la IA en la salud pasa por alto el problema real: la escasez de enfermeros.

Una vocación que nació en la sala de neonatos

Tenía seis años cuando nació mi hermana, y lo recuerdo con una claridad absoluta. En la sala de neonatos del hospital, vi filas de recién nacidos diminutos y a las enfermeras moviéndose entre las incubadoras con una precisión experta. Ese instante se quedó grabado en mí porque, años después, me encontré en el mismo entorno. Como ex enfermera de la UCI neonatal en UCLA, cuidaba a los pacientes más vulnerables de la ciudad —una experiencia que ha seguido guiándome a lo largo de mi carrera de enfermería y de mi vida.

Lo que la IA no puede automatizar

Mientras la inteligencia artificial domina cada vez más nuestras conversaciones sobre estrategia sanitaria y cultura cotidiana, he comprendido que mis años trabajando noches, fines de semana y festivos me enseñaron algo crucial: el trabajo que hacemos las enfermeras en la cabecera del paciente no se puede automatizar. Cuando la saturación de oxígeno de un recién nacido cae inesperadamente, y un juicio clínico en una fracción de segundo puede alterar el curso de una vida, necesitamos experiencia humana real e intuición.

Es cierto que la IA está transformando las operaciones sanitarias. La tecnología puede liberar tiempo automatizando tareas sencillas pero tediosas, como la trascripción de notas, y apoyando la toma de decisiones clínicas mediante sistemas de alerta temprana. Cuando se implementa con criterio, la IA mejora genuinamente nuestra capacidad como enfermeras para centrarnos en el cuidado del paciente.

La apuesta arriesgada de los ejecutivos

Al mismo tiempo, muchos directivos sanitarios apuestan fuerte por la IA para aliviar las presiones laborales, una tendencia que refleja el más de 80% de líderes de sistemas de salud que esperaban que la IA generativa impactara significativamente en sus organizaciones en 2025. Esta esperanza es comprensible porque la necesidad es grande. La Organización Mundial de la Salud proyecta un déficit global de 11 millones de trabajadores sanitarios para 2030, de los cuales 4.5 millones son enfermeras. Un tercio de las enfermeras afirman sufrir un agotamiento tan severo que han considerado abandonar la profesión. Con estas carencias de personal en mente, el primer instinto de muchas organizaciones es implementar nuevas herramientas de IA en cada función posible, esperando que la tecnología tape estos vacíos cada vez más amplios.

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Pero este enfoque olvida una distinción crítica. La IA que apoya a las enfermeras es fundamentalmente diferente de la IA que pretende reemplazarlas. Los desafíos centrales de la enfermería de cabecera no son automatizables. Una enfermería sólida depende de años de experiencia práctica que se adquieren estando presente con los pacientes. Ningún algoritmo puede sostener una mano durante un diagnóstico difícil, recolocar a un paciente postquirúrgico o leer las sutiles señales de que una familia no comprende un plan de cuidados. Este es nuestro trabajo irremplazable.

Cuando la IA crea nuevos problemas

El escepticismo de la profesión de enfermería hacia la IA no es infundado. National Nurses United encontró que el 60% de las enfermeras no confía en que sus empleadores prioricen la seguridad del paciente al implementar IA. Uno de cada cuatro trabajadores sanitarios teme ser reemplazado por IA, mostrando las enfermeras una preocupación significativamente mayor que los médicos.

En centros que usan traspasos de turno automatizados, casi la mitad de las enfermeras reportaron que estos informes automatizados no coinciden con su evaluación y omiten detalles críticos —información que no se pasaría por alto en una comunicación entre enfermeras. Aproximadamente dos de cada tres enfermeras cuyos empleadores usaban mediciones de gravedad del paciente generadas por IA dijeron que la medición generada por ordenador no se correspondía con su evaluación, porque la IA no tenía en cuenta las necesidades psicosociales o emocionales de los pacientes.

La crisis real: la sostenibilidad laboral

El verdadero problema detrás de la escasez de enfermeras —y la cuestión que la IA debe abordar— es la sostenibilidad de la fuerza laboral.

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Los costes laborales comprenden más del 50% de los presupuestos operativos hospitalarios. Un estudio de 2025 halló que casi dos tercios de las enfermeras experimentaban altos niveles de agotamiento. Una remuneración insuficiente, un apoyo deficiente del liderazgo y el abuso por parte de los pacientes contribuyen a un entorno laboral que, en el mejor de los casos, es estresante.

Yo misma terminé trasladándome de la UCI neonatal a cirugía ambulatoria, donde fui ascendida a directora de enfermería. Cuando dejé la UCI neonatal, no fue porque dejara de amar a esos pacientes diminutos; fue porque mi cuerpo ya no podía funcionar. Trabajaba largos turnos de noche y los martillos neumáticos de una construcción me impedían recuperar el sueño durante el día. Miles de enfermeras se enfrentan a elecciones igualmente imposibles, perdiéndose eventos escolares de sus hijos por horas extra obligatorias, desarrollando problemas de salud crónicos por turnos rotativos, o equilibrando horarios inflexibles con responsabilidades de cuidado en el hogar.

Las enfermeras no deberían temer que su trabajo tenga siempre precedencia sobre sus vidas personales. Las experiencias vitales que aportan son parte de lo que les permite ofrecer un cuidado empático que ayuda a sus comunidades a prosperar. ¿Qué sucede cuando ya no se permite a las enfermeras vivir sus propias vidas?

Lo que realmente funciona: retener, no reemplazar

No podemos resolver la escasez de enfermeras reemplazándolas con IA. Pero podemos usar la IA para retener a las enfermeras en la profesión.

Los modelos de personal flexible son un área madura para la innovación tecnológica. La investigación muestra consistentemente que la flexibilidad laboral es una prioridad máxima para las enfermeras, y los acuerdos per diem les ayudan a lograr un equilibrio. En lugar de ver al personal eventual como un último recurso, los hospitales deberían integrarlo como parte de su fuerza laboral central, disponible cuando se necesite. La solución está en la tecnología que automatiza la verificación de credenciales, agiliza la planificación y proporciona análisis de fuerza laboral en tiempo real, liberando tiempo para que las enfermeras brinden cuidado compasivo.

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La adopción de la IA está en una fase intrigante, pero aún es temprana. A pesar de los titulares que sugieren que la fuerza laboral mundial está al borde de ser “reemplazada”, la realidad —especialmente en sanidad— es mucho menos cierta, y la tecnología aún se queda corta en muchos aspectos. Nuestra prioridad debe ser promover la fluidez tecnológica en nuestros equipos y aprovechar la IA donde sea eficaz, pero manteniendo siempre al ser humano en el centro del proceso.

Es decir, los líderes sanitarios deben resistirse a usar la IA como sustituto de la dotación de personal. En su lugar, hay que invertir en tecnología de optimización laboral que empodere a las enfermeras, cree vías flexibles y aborde los problemas sistémicos que provocan el agotamiento.

Esa sensación de asombro que sentí a los seis años en la sala de neonatos representa lo que arriesgamos perder si tratamos la enfermería como otra tarea más por reemplazar por IA. El futuro de la sanidad consiste en usar la tecnología para ayudar a las enfermeras a prosperar, no para automatizarlas y prescindir de ellas.


Angie Nasr es la Directora de Enfermería (CNO) en Medely, una plataforma líder de dotación de personal sanitario. Cuenta con más de 15 años de experiencia en el sector y ha ocupado diversas posiciones de enfermería y liderazgo. Este artículo se publica a través del programa MedCity Influencers.

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