La necesidad de un nuevo enfoque turístico en Baleares

De acuerdo con las conclusiones de un análisis presentado en la feria turística Fitur el jueves, la presión turística en Baleares arroja una ratio de 12,4 turistas por cabeza de población. Es, con diferencia, la mayor presión de España. La media nacional es de 1,9 a uno, mientras que la región que más se acerca a Baleares —las Islas Canarias— presenta una proporción de 6,8 a uno. En las otras cuatro principales regiones turísticas, las ratios son de 1,2 a uno (Madrid), 1,6 en Andalucía, 2,2 (Comunidad Valenciana) y 2,5 en Cataluña.

Los resultados fueron presentados por el catedrático Antoni Riera. Director técnico de la Fundación Impulsa Balears para la competitividad del archipiélago y responsable del pacto gubernamental por la sostenibilidad para un futuro modelo turístico, señaló que la cifra balear resume la naturaleza única y compleja del fenómeno turístico en las islas. Además, traslada el debate desde el número de turistas que llegan a Baleares hacia la gestión de un sistema que ya opera a máxima intensidad.

El análisis se recoge en un informe titulado ‘Hacia una nueva aproximación al turismo en las Islas Baleares’. Este sostiene que la visión tradicional del turismo como un mero sector económico está obsoleta. En su lugar, el turismo debe entenderse y gestionarse como un sistema, interconectado con el territorio, la sociedad, la vivienda, el empleo, los recursos naturales y la cultura.

El caso balear resulta particularmente relevante en un contexto internacional, con previsiones que apuntan a un aumento sostenido de los flujos turísticos durante la próxima década. Según estas proyecciones, en las ciudades más visitadas del mundo, la ratio de turistas por residente podría crecer hasta un 50%. El problema, subraya el informe, no es la escala global del turismo, sino su concentración en unos pocos destinos.

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Esta concentración genera contrastes muy marcados en Baleares. Formentera alcanza una ratio de 27,2 turistas por residente, más del doble que Ibiza (11,7:1) y muy por encima de Palma (8,2 a uno) y Mahón (5,8 a uno). Esto implica la necesidad de respuestas diferenciadas.

“La narrativa está cambiando —afirmó Riera—. Pasamos de hablar solo de restricciones a hablar de gestionar y redistribuir los flujos turísticos, con criterios claros y coordinación política, sin descartar aplicar límites donde la concentración comprometa la habitabilidad o recursos básicos como la vivienda.”

Uno de los mensajes del informe es que una alta intesidad turística no garantiza automáticamente un elevado nivel de desarrollo. Los resultados más recientes del Índice de Desarrollo Turístico del Foro Económico Mundial, que analiza 325 regiones en 45 países, muestran que algunos destinos con enormes capacidades de alojamiento y recepción de visitantes pueden ocupar posiciones muy bajas en términos de desarrollo global.

En esta clasificación, las Islas Baleares ocupan el undécimo puesto, una posición destacada, impulsada por “fortalezas consolidadas” como el transporte aéreo —donde lidera el ranking—, las instalaciones y servicios turísticos, los recursos naturales y la contribución socioeconómica del turismo. No obstante, el informe identifica también “cuellos de botella persistentes”, como la infrautilización del patrimonio cultural y un entorno empresarial relativamente poco sofisticado.

El informe concluye que el debate ya no puede plantearse en términos binarios. “La discusión pertinente en el momento actual no gira en torno a más turismo o menos turismo, sino a cómo se orquesta y se gobierna el sistema turístico para que su contribución al progreso de las islas sea estable, medible y compatible con los límites del territorio.”

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