Los sismos lunares, aunque generalmente más débiles que los terremotos terrestres, podrían suponer riesgos para futuras bases, hábitats y equipos. Crédito de la foto: MUSTAFA YANAR/Shutterstock
Los científicos que estudian el único satélite natural de la Tierra han descubierto pruebas convincentes de que la Luna no es un mundo estático, sino que todavía se está contrayendo lentamente, con implicaciones para la futura exploración lunar y la actividad sísmica. Los hallazgos proceden de un análisis global detallado de sutiles características geológicas en toda la superficie lunar, que revela que el interior de la Luna sigue enfriándose y contrayéndose, creando tensiones que podrían provocar sismos lunares.
Un nuevo mapa revela fallas lunares generalizadas
Un equipo de científicos planetarios del Centro de Estudios Planetarios y de la Tierra del Museo Nacional del Aire y el Espacio del Smithsonian ha elaborado el primer mapa global integral de las pequeñas dorsales marinas (SMR), sutiles formaciones en forma de cresta en los maria lunares, las llanuras volcánicas oscuras visibles desde la Tierra. Ahora se comprende que estas características son de origen tectónico, formadas cuando secciones de la corteza lunar se comprimen debido a la contracción general del interior del satélite.
Estas dorsales no son curiosidades aisladas. Los investigadores catalogaron 1.114 SMR recién identificadas en la cara visible de la Luna, elevando el total conocido a 2.634 segmentos. Los análisis muestran que estas dorsales son geológicamente jóvenes, con una media de unos 124 millones de años, lo que en términos geológicos significa que se encuentra entre los accidentes geográficos más recientes de la superficie lunar.
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El autor principal, Cole Nypaver, geólogo postdoctoral del equipo, señala que este nuevo catálogo ofrece una perspectiva global completa del tectonismo lunar reciente, un gran avance para comprender cómo continúa evolucionando la Luna.
Por qué la Luna sigue contrayéndose
La Luna se formó hace unos 4.500 millones de años y una vez estuvo fundida. A lo largo de miles de millones de años, se ha ido enfriando gradualmente. A diferencia de la Tierra, que libera calor interno a través de la tectónica de placas activa y el vulcanismo, el interior de la Luna se ha solidificado en gran medida, dejando una corteza exterior rígida. A medida que este interior se enfría aún más hoy, todo el cuerpo lunar se contrae ligeramente, un proceso análogo a cómo una uva madura se arruga al secarse para convertirse en una pasa.
Esta contracción genera estrés compresional dentro de la corteza. Dado que la corteza lunar no tiene placas móviles como la Tierra, estas tensiones forman en su lugar fallas de cabalgamiento, lugares donde una porción de la corteza es empujada hacia arriba y sobre una sección vecina. Los escarpes lobulados, acantilados de falla más grandes observados previamente por naves espaciales de la NASA, son un ejemplo bien conocido de estas características. Las SMR reveladas por el nuevo estudio parecen formarse mediante procesos similares, pero ocurren en los maria lunares en lugar de en las regiones montañosas.
Sismos lunares: una realidad sísmica
La importancia clave de la nueva investigación radica en sus implicaciones para los sismos lunares. En la Tierra, los terremotos ocurren en los bordes de las placas tectónicas en movimiento. Pero en la Luna, los temblores surgen de tensiones internas y el reajuste de las fallas creadas a medida que el satélite sigue contrayéndose. El descubrimiento de que las SMR se forman por las mismas fuerzas compresionales que los más conocidos escarpes lobulados significa que los investigadores ahora pueden identificar un conjunto mucho mayor de fuentes sísmicas potenciales en toda la superficie lunar de lo que se reconocía anteriormente.
Estudios previos han demostrado que la actividad sísmica lunar es real, aunque generalmente más débil que los terremotos terrestres típicos, pero algunos sismos lunares aún pueden ser significativos. Datos de instrumentos dejados en la Luna por las misiones Apolo en la década de 1970 registraron temblores que duraron hasta diez minutos y alcanzaron magnitudes que preocuparían a futuros colonos lunares.
Esta actividad tectónica continua subraya que el vecino celeste más cercano de la Tierra no está geológicamente muerto, como se creía. En su lugar, su corteza sigue ajustándose y evolucionando a lo largo de escalas de tiempo prolongadas.
Implicaciones para futuras misiones lunares
El descubrimiento de SMR generalizadas tiene relevancia directa para las agencias espaciales que planean la exploración y habitación lunar a largo plazo. El programa Artemis de la NASA, que tiene como objetivo regresar astronautas a la Luna y establecer una presencia humana sostenida, destaca la importancia de comprender la geología lunar, especialmente al seleccionar lugares de aterrizaje y planificar la construcción de infraestructura en la superficie.
Los sismos lunares podrían representar riesgos para futuras bases, hábitats y equipos si ocurren cerca de llanuras volcánicas o áreas de fallas concentradas. Al cartografiar la distribución de las SMR y características relacionadas, los científicos pueden predecir mejor dónde podrían ser mayores las tensiones sísmicas y ayudar a los planificadores de misiones a mitigar esos riesgos.
Una imagen cambiante de la Luna
Durante décadas, los científicos creyeron que la Luna era un mundo estático, en gran medida inalterable. Pero las últimas investigaciones pintan un cuadro mucho más dinámico. La contracción continua del interior lunar y los consiguientes ajustes tectónicos muestran que la Luna todavía está evolucionando, aunque lentamente.
Las futuras misiones que porten sismómetros modernos, rovers y módulos de aterrizaje ayudarán a los cientificos a refinar aún más su comprensión de la geología lunar. Por ahora, el descubrimiento de miles de características tectónicas jóvenes añade un nuevo capítulo a nuestro conocimiento del vecino más próximo de la Tierra, recordándonos que incluso los cuerpos celestes antiguos aún pueden sorprendernos.