Existe una preocupación creciente en torno a la araña violinista del Mediterráneo (Loxosceles rufescens) en Baleares, ya que casos recientes revelan que un desconocimiento médico y diagnósticos tardíos ponen en riesgo a los pacientes de sufrir complicaciones graves, como necrosis y hospitalizaciones prolongadas.
A pesar de que esta especie está ampliamente distribuida y documentada en la región, un número significativo de profesionales sanitarios locales ignora su presencia, lo que a menudo deriva en protocolos de tratamiento incorrectos cuando se atienden mordeduras. Dichos errores pueden agravar la lesión, como se ha observado en varios casos registrados con necrosis tisular y, en situaciones extremas, riesgo de secuelas permanentes.
Las víctimas de mordeduras enfrentan graves desafíos sanitarios
Natalia Pérez, una residente que experimentó estas deficiencias en primera persona, fue afectada en septiembre tras detectar lo que parecía una picadura de mosquito en su muslo. Durante la semana siguiente, su estado se deterioró—con inflamación, fiebre y dolor intenso. A pesar de acudir a Urgencias y a su médico de cabecera en dos ocasiones, inicialmente no fue ingresada. Solo cuando su madre, enfermera en la Cruz Roja de Palma, vio la herida e insistió en que buscara atención especializada, Pérez fue hospitalizada durante diez días para recibir antibióticos intravenosos. “El médico me dijo que tuve suerte, porque la bacteria transmitida por la araña estaba devorando mi piel, pero no había alcanzado músculo o hueso. De haber esperado más, el daño habría sido mucho mayor”, recuerda.
La especie exacta responsable no se confirmó, pero el especialista Guillem Pons señala que los síntomas de Pérez coincidían “en un 99%” con los conocidos por mordeduras de Loxosceles. La propia Pérez describe la experiencia: “No sé dónde me mordió, pues me desplazaba entre casa y el hospital. Al principio era solo una picadura más grande de lo normal, pero siguió creciendo y se volvió dolorosísima. La pierna me ardía—nunca había sentido algo igual”.
Un intento de drenaje en una clínica privada, asumiendo que se trataba de pus, empeoró la situación: “La araña introdujo bacterias que crearon cavidades bajo mi piel. La zona no se abrió visiblemente hasta que reventó. Esta infección comenzó a consumir la piel, lo que llevó a la hospitalización y a la necrosis”, explicó. Dada la rápida propagación, la manipulación por personal no especializado puede agravar el pronóstico. Su caso mejoró solo tras la identificación correcta y el tratamiento antibiótico prolongado en Cruz Roja. Señaló: “Con antibióticos intravenosos y curas diarias hubo mejora, aunque retirar el tejido muerto fue dantesco”. Fotografías de la lesión documentaron la alarmante progresión.
Diagnósticos erróneos recurrentes y llamamientos a una mayor concienciación
La situación de Pérez no es aislada. Se han registrado casos similares, como el de una mujer de 60 años en Menorca a cuyo médico le aseguró que las arañas violinistas no existían en Baleares—en contra de la evidencia científica. En otro incidente en 2024, una mujer de 32 años en Ibiza estuvo a punto de perder una pierna por necrosis tisular tras una presunta mordedura; su extremidad se salvó tras múltiples cirugías e injertos.
El experto Guillem Pons ha solicitado en repetidas ocasiones una mayor cooperación entre sanitarios y entomólogos. Aboga por una campaña de concienciación pública de la Conselleria de Salut para formar tanto al personal médico como a la ciudadanía sobre los riesgos de la Loxosceles rufescens. Según Pons, las mordeduras ocurren en diversos entornos—hogares, playas, coches e incluso baños universitarios. Aconseja a los pacientes informar a sus médicos sobre dolor grave y urente con daño cutáneo rápido, y alerta de una tendencia preocupante de infranotificación y desconocimiento sobre la especie.
Pons recomienda además establecer un registro oficial para monitorizar los casos de loxoscelismo—el término clínico para los síntomas por mordedura de Loxosceles. Sostiene: “Es una especie común que puede aparecer en casi cualquier lugar, especialmente bajo piedras o grietas”. Subrayando los síntomas claros—dolor que supera al de una avispa, calor intenso y necrosis rápida—insiste en la necesidad de atención médica inmediata y una identificación precisa para prevenir futuros casos graves.