Por segundo año consecutivo, manifestaciones paralelas han escindido el movimiento feminista en España, con dos marchas distintas tomando las calles de Madrid y Barcelona con motivo del Día Internacional de la Mujer.
La fractura —cuyo eje central es el reconocimiento de las mujeres trans en los espacios feministas— se materializó en sendas concentraciones que discurrieron simultáneamente en ambas ciudades, cada una reivindicando representar la auténtica causa feminista.
En la capital, la Comisión 8M partió de Atocha bajo la pancarta «Feministas Antifascistas — Somos Más», abrazando una política trans-inclusiva y demandando mejores derechos para las trabajadoras del hogar, una vivienda asequible y derechos reproductivos.
Al mismo tiempo, el rival Movimiento Feminista de Madrid recorrió el trayecto desde Cibeles con el lema «Ni tapadas, ni explotadas, ni prostituidas», oponiéndose explícitamente a la inclusión de las mujeres trans y abogando por la abolición de la prostitución.
El mismo cisma se reprodujo en Barcelona. La Assemblea 8M, trans-inclusiva, marchó desde los Jardinets de Gràcia, mientras el disidente Moviment Feminista de Barcelona lo hizo desde la Plaça Catalunya, rechazando la ley trans y exigiendo la abolición de la pornografía.
A pesar de compartir las características banderas moradas y la misma causa declarada, cada facción culpó a la otra de una ruptura que ha imposibilitado, por segundo año, que uno de los movimientos feministas más potentes de Europa convoque una manifestación unitaria.
Esta división refleja grietas similares en el seno de los feminismos de Reino Unido y otros países, donde el debate sobre la inclusión trans ha resultado igual de explosivo. En el caso británico, el conflicto ha enfrentado a organizaciones como Woman’s Place UK con colectivos trans-inclusivos, arrastrando a figuras desde J.K. Rowling hasta ministros del gobierno, y contribuyendo al bloqueo de la reforma escocesa del reconocimiento de género.
En Francia y Alemania, argumentos análogos han irrumpido en la política general, con la identidad de género siendo instrumentalizada por la extrema derecha como una cuña contra la izquierda.
Las manifestaciones de este año transcurrieron en un contexto que las organizadoras de ambos bandos calificaron de crecientemente hostil hacia los derechos de las mujeres. Desde la vuelta de Donald Trump a la Casa Blanca, con órdenes ejecutivas que desmantelan programas de diversidad y restringen fondos para el aborto, hasta la abolición del Ministerio de la Mujer en Argentina por parte de Javier Milei. En Italia, el gobierno de Meloni restringe el acceso al aborto, mientras que en España, Vox ha convertido el desmonte del marco jurídico feminista en un pilar central de su programa.