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Puede que pienses que conoces España. Sol, tapas, pueblos costeros y fiestas ruidosas. Pero si te adentras en las montañas en invierno, encontrarás algo muy distinto. Hombres cubiertos de musgo y abalorios, figuras enmascaradas que persiguen a los vecinos con látigos, e incluso un festival donde la multitud arroja patatas a un héroe local disfrazado. Bienvenido a la faceta menos conocida de España, donde las tradiciones ancestrales siguen plenamente vigentes.
La España antigua sigue viva
Muchos de estos rituales se remontan siglos atrás, mucho antes de que la España moderna tomara forma. En zonas rurales, especialmente en Castilla y León, Galicia y Navarra, las comunidades aún celebran festividades invernales enraizadas en creencias paganas y costumbres medievales. Estas tradiciones solían estar vinculadas a ahuyentar espíritus malignos, marcar el cambio de estaciones o proteger cosechas y ganado.
A pesar de que la vida moderna ha llegado hasta los pueblos más pequeños, estas tradiciones han perdurado, mantenidas vivas por comunidades decididas a no perder una parte de su identidad. En algunos lugares, familias enteras siguen implicándose cada año en la organización de las celebraciones, asegurando que los ritos no caigan en el olvido.
El hombre acribillado a patatas
Uno de los ejemplos más conocidos es el Jarramplas de Piornal, en Extremadura. Cada enero, un voluntario local se viste con un colorido y acorazado traje y recorre el pueblo mientras la multitud le arroja nabos o patatas. Puede parecer caótico, pero asumir el papel es un gran honor, con listas de espera que se extienden durante años. La fiesta está ya reconocida como parte del patrimonio cultural español.
Máscaras, cuernos y espíritus ancestrales
En zonas de Ávila, aún se practican tradiciones como los Harramachos y los Cucurrumachos. Los participantes visten inquietantes indumentarias confeccionadas con materiales naturales como musgo, abalorios o cuernos de animal, y portan a menudo palos o cencerros. Se cree que estas enigmáticas figuras tienen su origen en antiguos ritos de fertilidad o purificación.
Más al norte, en Galicia, los Peliqueiros de Laza son inconfundibles. Lucen máscaras pintadas y portan látigos con los que patrullan las calles durante el carnaval, imponiendo el orden en un ritual que entremezcla el temor y la celebración.
Cencerros que resuenan en los valles
En Navarra, la procesión de los Zanpantzar muestra a vecinos vestidos con pieles de oveja y enormes cencerros caminando entre pueblos de montaña. El sonido de los cencerros pretende despertar simbólicamente a la naturaleza y ahuyentar al invierno, una tradición que se siente más próxima al folclore que a la Europa moderna.
Por qué sobrevivieron estas tradiciones
Mientras muchas costumbres europeas se desvanecían con el tiempo, la fuerte identidad regional de España contribuyó a preservarlas. Las pequeñas comunidades suelen enorgullecerse de las tradiciones que las distinguen, y festivales como estos atraen ahora a viajeros curiosos ansiosos por conocer una faceta distinta del país.
Si de veras quieres conocer España, no te limites a las playas y las grandes ciudades. Visita una de estas tradiciones y descubrirás una vertiente del país que la mayoría de los turistas nunca llega a ver.