La erosión pone en peligro extensos tramos del litoral andaluz a las puertas del verano.

Decenas de residentes de la Costa del Sol se enfrentan a la pérdida de sus viviendas, mientras los embates de los temporales y una “deficiente gestión” amenazan con arrastrar extensos tramos del litoral andaluz antes del verano.

Los vecinos se afanan por erigir escolleras a lo largo de la orilla en El Portil, Matalascañas y Mazagón, en la provincia de Huelva, después de que una investigación de *El Mundo* revelara que la erosión ha devorado hasta ochenta metros de playa en la última década.

Para agravar los daños catastróficos, los incesantes temporales de este invierno causaron estragos en la costa, generando unos tres millones de euros en destrozos solo en Matalascañas, según estimaciones del ayuntamiento.

En la cercana Mazagón, los efectos de la erosión ya son visibles. Grandes tuberías de alcantarillado que antes discurrían bajo la arena han quedado al descubierto tras la desaparición de la playa, y los residentes afirman que las conducciones se han roto en múltiples ocasiones durante los temporales.

Una vecina de El Portil, que se identifica como Marie Noelle, relató que los recientes temporales han acercado tanto el mar que la casa de su madre, de 91 años, queda casi rodeada por el agua.

Marie Noelle explicó a *El Mundo* que ha reconstruido la escollera frente a la casa de su madre en tres ocasiones –con un coste de dieciocho mil euros cada vez–, pero los temporales no cesan de destruirla.

Esta residente de El Portil es una de las decenas de personas que arriesgan perder su hogar debido a la erosión costera. Muchos lugareños sostienen que el problema se agravó tras un proyecto de dragado ejecutado en 2016 cerca de la desembocadura del río Piedras.

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Los trabajos tenían como objetivo crear un canal más amplio para facilitar el acceso de embarcaciones de recreo a los puertos deportivos cercanos. No obstante, los críticos alegan que el dragado se realizó en un lugar inapropiado, próximo a la flecha litoral conocida como Punta del Gato, lo cual alteró el flujo natural del río y el movimiento de arenas a lo largo de la costa.

Pablo Jiménez, ingeniero de caminos y propietario de una vivienda, argumenta que el canal más profundo resultante del dragado permite que las olas viajen con mayor velocidad y fuerza antes de impactar contra la playa, lo que significa que ahora arrastran más arena que nunca.

Se presentaron varias denuncias en relación con el proyecto de dragado, pero ninguna ha prosperado hasta la fecha. Los abogados de los residentes indican que, incluso si se demostrara que el dragado contribuyó a la erosión, ello podría no impedir que la administración prosiga con los planes que afectan a las viviendas.

La controversia se vincula con la normativa costera española establecida por la Ley de Costas de 1988, que establece que las playas y gran parte del litoral son de dominio público.

Muchas viviendas construidas con anterioridad a la ley pudieron permanecer, aunque solo bajo concesiones temporales y no en régimen de plena propiedad.

Estas concesiones suelen tener una duración de treinta años, prorrogables por otros treinta. Sin embargo, el organismo público de costas ha iniciado procedimientos para cancelar algunas de ellas de forma anticipada –incluida la de Marie Noelle– en zonas donde la erosión amenaza el litoral.

La crisis ha reavivado, además, el debate en torno a planes más drásticos propuestos por el ministerio de medio ambiente. Una de las propuestas sugiere replegar los paseos marítimos hacia el interior y eliminar cientos de edificaciones para proteger la costa de la futura erosión y la subida del nivel del mar.

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Los líderes locales y los residentes se oponen firmemente a esta idea, alegando que las demoliciones y expropiaciones destruirían comunidades que ya lidian con los daños de los temporales y la desaparición de las playas.

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