Justin Bieber: Análisis de ‘Swag II’ – Más relleno con algún éxito pop esporádico

El nuevo álbum de Justin Bieber, *Swag II*, añade 23 canciones más a su ya sobrecargado proyecto *Swag*, y no solo el título demuestra falta de imaginación. Al igual que su predecesor, lanzado hace solo dos meses, *Swag II* reúne a un equipo de productores y escritores conocidos por modernizar el R&B, pero les entrega una especie de tablero de Pinterest muy cuidado: la era *Dangerous* de Michael Jackson, los arreglos exuberantes de D’Angelo, la sonida glitch y retrofuturista de Jai Paul y las texturas desgastadas del sol de sus colaboradores actuales Mk.gee y Dijon. Sin embargo, con una composición de canciones poco arriesgada, el resultado es (otro) disco que es todo ambiente y producción de moda, pero con muy poca sustancia.

La canción que abre el disco, *Speed Demon*, recalienta por segunda vez el meme de Bieber de “is it clocking to you”, aunque con un brillante y funky desparpajo y un estribillo memorablemente loco sobre “checking these chickens” (dejar atrás a sus críticos). Pero para una canción que presume de ambición, le falta adrenalina, como a muchas de las seguras y repetitivas pistas de *Swag II*.

Gran parte del álbum ofrece un fondo interesante y con textura para el suplicante canto de Bieber, pero luego no va a ninguna parte. *Oh Man* solo repite su título. *Open Up Your Heart*, una balada fría con influencias de Phil Collins, insinúa una progresión –¡quizás un cambio de key!– para que luego absolutamente nada pase. *Love Song* tiene una preciosa sección de cuerdas distorsionadas y unos “wooo!” sosos, pero ninguno de los dos logra disimular que la canción no se gana esos momentos de emoción. Más bien, las palabras le fallan a Bieber mientras canta sobre querer escribirle una canción de amor a su esposa –”una buena”.

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*Everything Hallelujah* sufre un destino similar, transformando una revelación profunda sobre su fé en una letra mundana (“me lavo los dientes, aleluya”) y un cliché musical, con el sonido chirriante de las cuerdas de una guitarra acústica sirviendo como un atajo fácil para transmitir autenticidad. Igualmente, *Story of God*, el sermón de casi ocho minutos que cierra el disco: Bieber vuelve a contar la historia de Adán y Eva (coescrita por un pastor de su megaclesia de celebrities preferida) con genéricos sonidos ambientales de fondo para subrayar su sinceridad.

*Swag II* es más convincente cuando se inclina decididamente hacia el pop –y hasta el otro extremo. *Don’t Wanna* tiene un movimiento inquieto al estilo MJ, con la muy necesaria diversión que aporta el cantante alternativo británico Bakar, y *Bad Honey*, coescrita con Dijon, efervesce con sintetizadores retorcidos mientras Bieber se muestra enfadado y excitado a la vez: “Si eres mala, cariño, ¿por qué estás tan guapa?”.

En contraste (y con el *Blond* de Frank Ocean en su tablero de inspiración), la suave y difusa guitarra de *Moving Fast* y sus reflexiones sobre una vida vivida demasiado rápido tienen una patetismo genuino –al igual que *Safe Space*, que se disuelve en ritmos Baltimore club para transmitir una sensación real y cruda de libertad.

Visto de forma cínica, *Swag II* utiliza una estética en tendencia y cantidad sobre calidad para complacer a las plataformas de streaming –y Bieber no es ciertamente el único artista que juega ese juego. De forma más generosa, es un intento poco editado de un sonido más alternativo, ayudado por colaboradores talentosos que diluyen su propia esencia especial. El álbum *Baby* de Dijon es uno de los más osados del año –maximalista, lleno de ideas, divertido. *Swag* y *Swag II* no se le acercan ni de lejos, pero dentro de estas más de 40 canciones hay 10 que podrían haber formado una declaración genuinamente sorprendente de Bieber. En cambio, están enterradas bajo un montón de canciones sosas y similares que no tienen mucho que decir.

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