La Generación Z e incluso miembros de cohortes más mayores van abandonando gradualmente la esperanza de acceder a una vivienda en propiedad, especialmente en el Reino Unido y España. Los precios son prohibitivos, los salarios no evolucionan a la par y se observa un cambio de mentalidad. En Alemania, por ejemplo, alrededor de un cuarenta por ciento de la población reside en alquiler. Francia también presenta un porcentaje muy elevado; la obsesión por poseer un inmueble propio nunca ha formado parte de su idiosincrasia.
En mi propio entorno familiar hay un grupo de jóvenes profesionales de entre 26 y 30 años. En lugar de agobiarse ahorrando para una casa o incluso para una pensión, disfrutan del presente e invierten sus recursos en escapadas de fin de semana, vacaciones, caprichos, los últimos dispositivos tecnológicos e indumentaria. Por lo que he leído y visto respecto al Reino Unido, la actitud de la juventud parece virar en la misma dirección.
Los jóvenes están renunciando a lo que se ha convertido en un sueño inalcanzable. Además, padres con recursos adelantan cada vez más la herencia para que sus hijos aprovechen la vida al máximo; al fin y al cabo, la recibirán algún día, ¿por qué esperar?
Mejor que la disfruten ahora, y además la hacienda pública se quedará con una porción menor. Se prevé que la Generación Z, junto con los viajes en solitario, constituya uno de los sectores más pujantes para la industria turística el próximo año, con un gasto sin precedentes. Las prioridades están cambiando, quizá para mejor: démosle un espacio al disfrute.