La expectación por la nueva colección ‘prêt-à-porter’ de Jacquemus, “Le Palmier”, no necesitaba ayuda. La pasarela ya se encargó de eso. Lo que sí necesitaba aclaración era el centro emotivo de la marca. Por eso, unos días antes del desfile, Simon Porte Jacquemus hizo un anuncio discreto: la primera embajadora de la historia de la casa. Y se sintió personal, porque lo era.
Menos de una semana antes del show, Simon publicó una historia críptica en Instagram. “Buenas noches. Esta semana anunciaré a mi primer embajador de Jacquemus… No puedo creerlo. Hasta pronto.” El juego de adivinanzas comenzó al instante: supermodelo, actriz, estrella pop, todo predecible. El anuncio no lo fue. Liline Jacquemus, su abuela de 79 años, consiguió el título. Y no podríamos estar más felices. Los fans no necesitaron mirar dos veces; ella ya había aparecido en la campaña de verano 2020 de Simon, filmada en casa durante la pandemia.
@jacquemus vía Instagram
“Antes de que existiera Jacquemus, ella ya era mi inspiración. Su fuerza, su elegancia, su autenticidad… ella moldeó mi visión de la mujer y la manera en que imagino esta Maison.” Pero con ese honor vienen reglas. Como escribió Simon en su publicación: “La embajadora no debe pronunciar los nombres de otras casas de moda. La embajadora no debe usar ninguna otra marca, archivo, etiqueta, o ‘algo cómodo’; la comodidad es conceptual. La embajadora no debe quitarse las piezas de Jacquemus en casa, por la noche, o en sueños.” Se entiende. En un mundo obsesionado con idolatrar ‘caras famosas’, Liline es más que bienvenida. Al igual que los valores familiares, la inspiración real y las emociones auténticas. La moda en realidad la necesitaba.
Todo empezó con pequeños videos teaser que llevaban el nombre de la colección y… bueno, peinados de palmera. Ese icónico estilo de los 80, hecho lo suficientemente raro como para ser genial. Incluso las invitaciones al desfile venían con un peine y una guía paso a paso de Jacquemus para lograr el perfecto ‘palmier’, erguido con orgullo. Así que sí, fue una colección bastante divertida, pero la diversión no terminaba en la cabeza. “Quería tener a esta mujer fuerte, el espíritu de los 80, el corte de los 50 y la sensualidad de los 90,” contó el creativo a Vogue.
@jacquemus vía Instagram
Piensen en siluetas de reloj de arena, sombreros enormes, no solo del tipo elegante, sino también del que aprobaría un niño de 5 años en su cumpleaños. Negros y colores vivos como rojos, amarillos y turquesas, estampados como puntos y animales, flecos por todas partes. Y cuando digo por todas partes, me refiero al Museo Picasso, donde todo ocurrió; no olvidemos su amor por Paloma y Pablo Picasso. Su final fue, después de todo, una recreación del vestido pintado en “Mujer con abanico”. Un hombro al descubierto, el cristal en su lugar, y Jacquemus recordándonos lo que importa.