Los embalses de Málaga, hinchados por las tormentas, han alcanzado un volumen cercano al doble de su tamaño habitual —un inesperado beneficio tras semanas de tiempo tempestuoso en Andalucía.
Según el Ministerio de Agricultura, las presas de la provincia almacenaban cerca de 520 hectómetros cúbicos de agua este miércoles, aproximadamente un 180% de la media de la última década para esta fecha.
Este aumento sigue a años de reservas críticamente bajas, que provocaron sucesivas sequías en 2023 y 2024.
En toda la provincia, los embalses están ahora al 84% de su capacidad —un incremento del 40% respecto al promedio de la década pasada.
La presa del Conde del Guadalhorce alcanzó el 100% la semana pasada, seguida de cerca por el sistema Guadalhorce-Guadalteba al 94%.
Ambos abastecen a amplias zonas, incluyendo Antequera, Campillos y Teba, y superan en más de un 50% su media histórica.
La Concepción, que sirve a Estepona, Marbella y la Costa del Sol occidental, está al 73%, un 10% por encima de su media. La Viñuela se sitúa al 72%, mientras que El Limonero y Casasola registran un 64% y un 55%, respectivamente.
Las reservas en toda Andalucía muestran una tendencia similar, con una capacidad regional del 77% —un salto del 35% sobre la media del 42% de los últimos diez años.
Otras provincias alcanzan cotas parecidas: Huelva y Sevilla superan el 90% de llenado, mientras Cádiz se queda en un 85%.
En Huelva y Sevilla, seis y cuatro embalses, respectivamente, han llegado a su tope. En Cádiz, tres están al 100%, con otros dos rondando el 95%.
Este repunte supone un cambio radical respecto a los últimos años. Las reservas cayeron a un peligroso 20% en 2023, generando temores a la peor sequía en decádas.
Andalucía afrontó restricciones y embalses agotados, siendo Málaga la más perjudicada, con cortes nocturnos en más de veinte municipios.
La reciente subida ofrece esperanzas para un verano más tranquilo, pues los expertos señalan que las reservas actuales podrían durar meses.
Esto llega tras el paso de las borrascas gemelas Leonardo y Marta, que desataron alertas rojas, cortes de carreteras, trenes suspendidos y más de 11.000 evacuaciones ante el desbordamiento de ríos y puertos dañados.
El diluvio de Leonardo dejó hasta 400 mm de lluvia en puntos concretos, provocando apagones y aislando pueblos.
Cursos como el Guadalquivir y el Genil estuvieron al límite, obligando a los equipos de emergencia a rescatar familias de las crecidas.
Cuando las comunidades apenas respiraban, la borrasca Marta irrumpió con fuerza, manteniendo el riesgo de inundaciones muy elevado.
Las torrenciales lluvias de Marta anegaron carreteras, aislaron distritos enteros y colapsaron los servicios de emergencia.
Los agricultores califican los daños a los cultivos de “catastróficos”, con inundaciones que han arrasado cítricos, destrozado invernaderos y comprometido cosechas.
Se estima que el coste económico de las dos tormentas ronda los 4.000 millones de euros.
Aunque la recarga de los embalses es un aspecto positivo frente a la devastación, Andalucía también encara nuevos desafios.
Cuando las presas superan su capacidad y rebosan, grandes volúmenes de agua pueden precipitarse por aliviaderos y cauces, transformando valles tranquilos en torrentes descontrolados.
Con más de 15 embalses al límite en la región, los ingenieros advierten: el exceso de agua debe liberarse de forma controlada y temprana, o las riadas podrían anegar pueblos y tierras de cultivo a una velocidad aterradora.
La presa de Montejaque, al oeste de Ronda, está peligrosamente al borde del desborde. Se prevé un vertido controlado a medida que nuevas tormentas atlánticas lleguen en febrero y marzo.
La escorrentía llevaría el agua rápidamente por el río Guadiaro, amenazando viviendas hasta Cortes de la Frontera, más al sur.
Ya se han realizado evacuaciones preventivas en Estación de Benaoján y Estación de Jimera, mientras las autoridades monitorizan la situación estrechamente.
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