Imagen de las cuevas de El Cantal en Rincón de la Victoria.
Crédito: rincondelavictoria.es
Las cuevas de El Cantal están reescribiendo lo que conocemos sobre los primeros humanos que dejaron su huella en Europa.
Lo que comenzó a principios de este año como una mención a “las huellas de manos más antiguas del Mediterráneo” se ha confirmado ahora como algo mucho más trascendente: el sistema de comunicación gráfica más primitivo empleado por los neandertales tardíos y los primeros Homo sapiens.
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Un equipo de investigación liderado por el arqueólogo Pedro Cantalejo ha dedicado los últimos diez meses a analizar 144 paredes dentro del sistema de cuevas. Lo que han descubierto no son simples manchas aleatorias de pigmento, sino un lenguaje estructurado de puntos, líneas, manchas, trazos curvos e impresiones de manos. Se trata de símbolos concebidos para guiar a grupos a través de las profundas y oscuras galerías.
Según la investigación, estas marcas, realizadas con ocre rojo, carbón vegetal y arcilla, se remontan a más de 40.000 años atrás. Exploradores armados con antorchas parpadeantes y lámparas de grasa regresaban una y otra vez a las mismas salas, dejando recordatorios codificados en las paredes. Grupos posteriores añadieron sus propios rasgos, incluyendo figuras animales, fusionando este leguaje simbólico con el arte rupestre más temprano.
Para los investigadores, el hallazgo conecta las cuevas de Rincón con otras en Antequera y más allá, situando a la Axarquía con firmeza en el mapa prehistórico de Europa. También subraya la necesidad de continuar con su conservación y estudio. “Estas cuevas no son solo patrimonio, son parte de nuestra historia como humanos”, declaró Francisco Salado, alcalde de Rincón de la Victoria.
Lo que antaño parecían simples marcas ahora se interpreta como los primeros balbuceos de la comunicación escrita.
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