El tercer álbum de estes indie-rockers de Nueva York trae cambios importantes. Primero, el líder de la banda, Will Anderson, está enamorado, lo cual reduce algo de la tristeza que dominaba sus discos anteriores. Aunque las letras no parecen gran cosa escritas, cuando se cantan con tono serio y se envuelven en ruidos shoegaze elaborados, la poética misteriosa de Anderson tiene un peso fascinante.
La portada de *Raspberry Moon*
Segundo, y más importante, Anderson invitó a sus compañeros de banda al estudio para grabar *Raspberry Moon*. Mientras que sus álbumes anteriores eran proyectos solitarios, con él añadiendo capas de guitarra y sintetizador solo, la presencia de otros músicos cambió todo. Su característico muro de ruido sigue ahí, pero *Raspberry Moon* incluye canciones como *Break Right*, donde las melodías alegres-tristes florecen con espacio para respirar, y *Lawnmower*, casi acústica (solo con un hilo de feedback en la distancia) y hermosa por eso.
Otros temas se acercan más al estilo de *Hotline*, pero con más sofisticación. Su sonido sigue arraigado en el indie rock de los 90, mezclando ruido y melodía (la última canción hasta comparte título con un disco clásico de Dinosaur Jr). La habilidad de Anderson en este mundo sonoro impresiona. *The Scene* puede recordar al sonido corrosivo de Sugar o al tremolo de My Bloody Valentine, pero su manejo de los dinámicas es emocionante. Y cómo mezcla guitarras acústicas y distorsionadas con feedback en algo tan cautivador como *Julia’s War* demuestra un talento único en un género lleno de artistas.