He visitado innumerables castillos en España y este es mi favorito

ESPAÑA está sembrada de castillos. Posee tal abundancia —10.257, para ser exactos— que no me sorprendería que hubiera más castillos per cápita aquí que en cualquier otro país.

Se ven murallas almenadas en diverso estado de conservación, encaramadas en crestas rocosas a lo largo y ancho del territorio, ya fueran construidas por los musulmanes en la mitad sur de la península o por los cruzados que combatieron para evitar que la invasión islámica se extendiese más al norte.

La mayoría de los visitantes del interior de España ya han tachado de su lista los palacios fortaleza más renombrados, como el Alcázar de Sevilla, la Alhambra de Granada o el cuento de hadas en piedra de Segovia, con sus torreones y contrafuertes que no desentonarían en una película de Disney.

Otros muchos son conocidos mundialmente por haber servido como localizaciones para escenas de *Juego de Tronos*.

Con tal proliferación de castillos, es comprensible que uno no se desvíe de la autovía cada vez que vislumbra uno.

Sin embargo, en una ladera a las afueras de Jaén, emergiendo de un mar de olivares, hay una parada que merece la pena.

Se trata de Baños de la Encina, a apenas un desvío de 20 minutos de la A-4, a mitad de camino entre Madrid y la costa, en la provincia jienense de Andalucía.

Esta localidad de menos de 3.000 habitantes alardea de poseer el castillo más antiguo de España (que aún permanece en pie), una impresionante visión con sus murallas perfectamente conservadas que se remontan al siglo X.

FOTOS: Fiona Govan

Se cree que los primeros en establecerse en este mirador sobre el río fueron los celtíberos, seguidos por los romanos, pero fue bajo el Califato de Córdoba de Al-Hakam II cuando en el año 967 se construyó el castillo, como parte de una red de fortalezas a lo largo de Sierra Morena.

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Conocido originariamente como Bury al-Hammam y luego como Castillo de Burgalimar, sus majestuosas murallas enlazan catorce torres, con una decimoquinta torre del homenaje de mayor tamaño en una esquina.

Aunque sus altos muros puedan parecer de arenisca, están construidos con tierra apisonada, un adobe sofisticado que ha sobrevivido más de un milenio. Rodean un vasto espacio ovalado en su interior.

Pasea por el exterior de la muralla y contempla las vastas vistas de olivos que se extienden hasta donde alcanza la vista, así como la belleza del embalse a sus pies.

Estas suaves colinas que se pierden en el horizonte son el hogar del lince ibérico, aunque es difícil avistar a estas esquivas criaturas.

Arracimado tras el castillo se encuentra el pueblo en sí, con sus bonitas casas encaladas aferradas a la ladera.

Una vez explorado el castillo y disfrutado de las espléndidas vistas, recorre la red de estrechas calles empedradas y patios donde, en cada esquina, te asombrarán las vistas de las murallas.

Está fuera de los circuitos turísticos habituales y no encontrarás autocares repletos de visitantes, pero Baños de la Encina es, sin duda, una parada que vale la pena.

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