Mucho antes de que existieran ciudades en el Medio Oriente, la gente se reunía en las colinas de la actual Jordania para construir algo muy diferente a un asentamiento normal.
Arqueólogos de la Universidad de Copenhague han excavado lo que describen como un “paisaje ritual” en Murayghat. Es un gran complejo de la Edad del Bronce Antiguo marcado no por casas u hogares, sino por dólmenes y menhires. También tiene recintos tallados en la roca con grabados complicados. Su investigación muestra que hace más de 5,000 años, las sociedades se reunían aquí no para vivir, sino para recordar, honrar y unirse en tiempos difíciles.
Un Paisaje Construido para Ceremonias
Cuando los investigadores comenzaron a estudiar Murayghat, les sorprendió lo que *no* había. No había casas en absoluto. No había hornos ni pozos para guardar grano. En su lugar, encontraron más de 95 dólmenes—monumentos funerarios de piedra gigantes—esparcidos por la ladera. Esos dólmenes se agrupan, quizás representando linajes familiares o de clanes, y algunos están orientados hacia un montículo central con recintos de piedra y huecos tallados en la roca.
Dolmen encontrado en Murayghat, Jordania. (CRÉDITO: Susanne Kerner, Universidad de Copenhague)
La arquitectura construye una imagen de un espacio para ceremonias, no para vivir. Los dólmenes al aire libre carecían de techo, exponiendo los rituales al clima. Recintos de piedra, curvos y rectos, rodeaban lo que habrían sido espacios para el grupo: para ofrendas, banquetes o conmemoraciones en la cima. A lo lejos, el montículo se vería elevarse sobre el horizonte, indicando a los viajeros que algo divino estaba adelante.
Banquetes, Ofrendas y Memoria Compartida
Aunque Murayghat no era una ciudad, sin duda estaba vivo. Los arqueólogos descubrieron fragmentos de cerámica, cuencos comunales, herramientas de sílex, piedras de moler, núcleos de cuernos de animales y objetos raros de cobre. Estos documentan la historia de comidas y rituales en comunidad.
“En lugar de los grandes asentamientos domésticos con santuarios pequeños del Calcolítico, nuestras excavaciones en Murayghat muestran grupos de dólmenes, menhires y grandes estructuras megalíticas que apuntan a reuniones rituales y entierros comunales, no a viviendas”, dice la líder del proyecto, la arqueóloga Susanne Kerner de la Universidad de Copenhague.
Las piedras de moler y los cuencos grandes indican que la comida se preparaba y consumía a una escala mucho mayor que en una casa. La gente probablemente viajaba desde lugares cercanos para compartir comidas, formar alianzas y rendir homenaje a sus ancestros. La presencia de herramientas de cobre, aunque rara, sugiere que la metalurgia persistía incluso cuando los asentamientos se alejaron de las ciudades tradicionales.
Dolmen L.7008, plataforma construida a la izquierda, muro de conexión en la esquina inferior izquierda. (CRÉDITO: The Ritual Landscapes of Murayghat Project, Susanne Kerner)
Respondiendo a la Crisis con Piedra y Ceremonia
Murayghat se estableció en un período de gran agitación. Alrededor del 3500 a.C., cuando el Calcolítico cambiaba a la Edad del Bronce Antiguo, muchas comunidades sedentarias de la región fueron abandonadas. Los arqueólogos creen que varios factores pudieron causar esta transición: cambios climáticos, menos recursos de agua, el colapso de redes comerciales y la desaparición de autoridades centrales.
En tiempos tan volátiles, Murayghat pudo ofrecer algo que las tribus y familias nómadas anhelaban: un lugar compartido que pudieran considerar suyo. “Creemos que Murayghat nos da evidencia fascinante de cómo las sociedades antiguas enfrentaron la turbulencia construyendo monumentos, redefiniendo roles sociales y creando nuevas comunidades”, dijo Kerner.
En vez de reconstruir aldeas, la gente eligió marcar la tierra con piedra indeleble. Los menhires y dólmenes se convirtieron en puntos de identidad colectiva, uniendo comunidades en una afirmación ritual de unidad y continuidad.
Redefiniendo Territorio y Vida Social
Los arqueólogos ven Murayghat como “terreno neutral”—un lugar de encuentro común para grupos que de otra forma estarían separados por territorio o tradición. La ubicación de los dólmenes y su alineación con el montículo central sugieren organización y un propósito compartido. Los monumentos también pudieron servir como marcadores territoriales, proclamando unidad y cooperación en lugar de conflicto.
Plano del Área 1 (montículo central) mostrando estructuras de menhires en forma de herradura y zanjas. Otras líneas son otras estructuras de piedra en la superficie. (CRÉDITO: The Ritual Landscapes of Murayghat project, Hugh Barnes, Silvio Reichmuth)
Los resultados del proyecto revelan una sociedad que encontró estabilidad a través del ritual, no de la política. Sin autoridades centrales ni ciudades amuralladas, la gente forjó unidad en ceremonias y monumentos. La planificación de Murayghat ilustra que las sociedades podían florecer con la movilidad—concentrándose para rituales, banquetes y decisiones, luego dispersándose hasta la próxima ocasión.
Preguntas Todavía Enterradas en Piedra
A pesar del progreso, aún hay preguntas. Se han encontrado pocos restos humanos dentro de los dólmenes, así que su uso específico sigue siendo desconocido. Los pequeños grabados en la roca en forma de taza pudieron usarse para ofrendas o líquidos, pero su propósito se cuestiona. Los investigadores también quieren saber si Murayghat era visitado solo por grupos locales o si atraía viajeros de una región más amplia.
A pesar de todas estas dudas, el sitio es un testimonio poderoso de la capacidad humana para sobrevivir. Ante el estrés ambiental y la desintegración social, los seres humanos no se encerraron en la desesperación. Miraron hacia afuera—al ritual, al espacio compartido, a las acciones colectivas que abordaban la transformación.
Implicaciones Prácticas de la Investigación
Los resultados en Murayghat muestran que la resiliencia no necesariamente se funda en el control central o las comodidades urbanas. Las comunidades bajo estrés pueden preservar su identidad y cohesión a través del ritual y la cultura compartida.
Hadjar al-Mansub, el mayor de los menhires individuales. (CRÉDITO: The Ritual Landscapes of Murayghat Project, Susanne Kerner)
Saber cómo los primeros humanos se adaptaron al cambio social sin líderes ni ciudades podría ayudar a los investigadores modernos a cuestionar cómo las sociedades manejan actualmente emergencias como la migración, el conflicto y el estrés climático.
Murayghat demuestra que el significado y la colaboración pueden existir en el espacio abierto, las asambleas comunes y el deseo humano perdurable de conectar—incluso en tiempos de incertidumbre.
Los hallazgos de la investigación están disponibles en línea en la revista Levant.
Historias Relacionadas
¿Te gustan este tipo de historias positivas? Suscríbete a el newsletter de The Brighter Side of News.