Este año en Sundance se ha visto la cantidad esperada de seriedad y temas pesados —historias sobre agresión sexual, cambio climático, adicción a los opioides y demencia— pero también una cantidad notable de tonterías. Quizás al darse cuenta de que necesitamos desesperadamente algo que nos suba el ánimo, el festival nos ha regalado una romántica caricaturesca de dominación-sumisión, un horror sobre un Barney asesino, un falso documental sobre una estrella del pop, una aventura en el mundo del arte al estilo ‘Weekend at Bernie’s’ y una película donde Olivia Colman se acuesta con un hombre hecho de mimbre. Pero todas esas películas son bastante serias en comparación con la comedia tonta y desechable de David Wain, *Gail Daughtry and the Celebrity Sex Pass*, una película sin un solo momento serio, guiada por el único propósito de hacernos reir.
Consigue su objetivo a rachas —me reí más que con muchas comedias del último año— pero su humor salvaje y disperso es tan irregular, con demasiados chistes que no llevan a ninguna parte, que no es exactamente la victoria rotunda que yo esperaba. Wain ya ha jugado antes con comedias de estudio más convencionales, como *Wanderlust* y *Role Models* (que para mí fue uno de los mejores ejemplos del género en los 2000), y con parodias, apuntando a las comedias sexuales de los 80 con *Wet Hot American Summer* y a las comedias románticas con *They Came Together*. *Gail Daughtry* pertenece a este último grupo, pero no tiene un objetivo tan claro; es una comedia de acción inspirada en *El Mago de Oz*, ambientada en Hollywood, sobre el matrimonio, la fama, el espionaje y el deseo ardiente de tener sexo con Jon Hamm.
Él es la celebridad con la que Gail (Zoey Deutch) más querría acostarse si se lo permitieran, un tema en el que nunca había pensado antes, siendo una mujer de pueblo con sueños de pueblo. Pero cuando su prometido tiene sexo con su elebida, Jennifer Aniston, en un evento de firma de libros de su libro de cocina absurdamente simple, Gail decide tomarse la revancha y se va a Hollywood con su amigo más cercano, Otto (Miles Gutierrez-Riley). Tras un cambio de maletines, su búsqueda se cruza con una siniestra megalómana (Sabrina Impacciatore, haciendo lo suyo) y su inespecífico plan nefasto.
En el camino, Gail y Otto se juntan con un aspirante a agente ambicioso pero incompetente (Ben Wang), un paparazzi acabado (Ken Marino) y un John Slattery sin trabajo (John Slattery) mientras persiguen a Hamm y huyen de matones.
Todo es profundamente, conscientemente tonto e intrascendente, el tipo de película que parece hecha a última hora como una broma entre amigos (Wain llena su película de actores con los que ya ha trabajado) y uno imagina que el nivel de risas podría ser considerablemente mayor para aquellos mucho más cercanos al mundo de Wain. Pero es tan rápida y frenética, saltando de un chiste regular a otro mucho mejor, que es difícil no divertirse un poco viéndola. Hay un puñado de momentos genuinamente graciosos, como los del asistente de Hamm, interpretado por el destacado Tobie Windham, y su extraña historia pasada, sus amenazas de hacer que la gente se sienta “muy enferma” y el repetido portazo. También hay un chiste sobre Elizabeth Perkins que al final tiene remate, un gag absurdo con una cabeza en una sopa donde todos participan, y las ridículas recomendaciones turísticas de una recepcionista de hotel.
Pero la sensación de prisa de la película, que parece grabada con el presupuesto de un sketch de mitad de entrega de premios, hace que haya muchas líneas o, a menudo, secuencias extendidas que parecen a varios borradores de distancia de algo mucho más gracioso. Echaba en falta más detalle en algunas de las acotaciones o un tonteo absurdo más efectivo, ya que a menudo las elecciones parecen perezosas o poco desarrolladas. Sin un objetivo más claro, más allá de una versión cómica de *El Mago de Oz* o quizás una burla a las muchas comedias de acción horribles de la última década, hay una falta de dirección, una parodia que en realidad no parodia nada en concreto.
Sin embargo, todo el mundo está comprometido con la idea, sea lo que sea esa idea, y la diversión que están teniendo es lo suficientemente contagiosa como para arrastrarnos también. Ha sido un gran Sundance para las comedias sexuales, desde las buenas (la divertidísima comedia de intercambio de parejas de Olivia Wilde, *The Invite*), hasta las regulares (el alboroto Gen Z vs millennial de Gregg Araki, *I Want Your Sex*), pasando por las genéricas de manera desconcertante (el desastroso y trillado error de Iliza Schlesinger, *Chasing Summer*), y *Gail* puede enorgullecerse de ser nombrada la más tonta. Casi vale la pena acompañarla en el viaje, aunque probablemente sea un trayecto que olvidarás haber hecho.