Filosofía espiritual y memoria en la obra de Zibeyda Seyidova

La luz junto a la oscuridad en un lienzo pueden parecer opuestos, pero uno no puede existir sin el otro. Si no hay colores más claros para comparar, ¿cómo puede ser evocadora la riqueza de los elementos oscuros? Es esta dualidad de armonía y tensión lo que está en el centro de la obra de la artista azerbaiyana Zibeyda Seyidova.

Obras como ‘Umbral de la Noche’ recuerdan a las de los expresionistas abstractos y a la pintura de campos de color, especialmente los murales Seagram de Mark Rothko en la Tate Modern. Tanto sus obras como las de Seyidova te atrapan con la profundidad de su oscuridad, y cuanto más miras en la penumbra, más parecen ellas observar tu alma. ¿Son acaso portales a algo espiritual o a algo más sombrío?

Limitar su trabajo al lente de la historia del arte occidental solo muestra la mitad de la historia. Sus obras beben de la filosofía islámica, en particular del diálogo entre el *ẓāhir* (lo manifiesto) y el *bāṭin* (lo oculto). La aplicación de muchas capas da a sus cuadros una gran textura. Aún así, su proceso también implica raspar capas para revelar lo que hay debajo, lo que nos hace preguntarnos qué nos ha revelado ella y si más elementos se mostrarán con el tiempo.

El arte islámico tiene una larga tradición de excluir figuras, una práctica conocida como aniconismo. A través de sus obras abstractas, Seyidova canaliza emociones humanas mediante la abstracción en un proceso llamado *dhikr*, o recuerdo.

Sus obras abstractas sí incluyen elementos figurativos, como vemos en ‘Punto de Equilibrio’, donde un triángulo oscuro que corta un lienzo pálido sugiere que algo en primer plano proyecta una sombra. Es un reconocimiento de que hay elementos arquitectónicos en el arte abstracto, y ella usa esto con gran efecto, como cuando expuso su obra en un hospital, donde los colores pálidos y líneas limpias reflejaban aquellos de la institución.

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El juego de luz y sombra continua en sus obras figurativas, como ‘Velo’, donde un paño es iluminado por la luz del sol que entra por una ventana. La difuminación de la luz sugiere un momento capturado en un sueño, mientras que la gruesa textura del empaste sugiere que podríamos alcanzar el lienzo y agarrar la tela.

Vemos esto otra vez en ‘Transmisión’, que explora las texturas de una alfombra que dan ganas de pasar los dedos por ella. ‘Transportada por la Duración’ es la única pieza donde aparece una figura humana, pero es sutil y puede pasar desapercibida a primera vista. Sin embargo, en la obra, importa menos la figura y más cómo la luz interactúa con las texturas de su pelo y piel.

La espiritualidad es una parte esencial de la obra de Seyidova, y estas piezas, con su uso de la luz, evocan las pinturas religiosas del Renacimiento y el Barroco. Ya sea viendo sus obras abstractas o las más figurativas, se nos invita a mirar profundamente, para descubrir lo que hay entre lo manifiesto y lo oculto. Combinar la filosofía islámica con la historia del arte occidental le da una voz única en el mundo del arte abstracto contemporaneo.