Alfredo alla Scrofa no es solo un restaurante; es una máquina del tiempo. Las paredes de este local en Roma estan cubiertas con fotos de estrellas como John Wayne, Tony Curtis, Kirk Douglas, Audrey Hepburn y Gregory Peck.
“Esto fue *La Dolce Vita*”, dijo el dueño Mario Mozzetti.
Y cuando las estrellas de cine no estaban grabando, estaban comiendo Fettuccine Alfredo, nacido aquí mismo hace más de un siglo.
Mozzetti es un mantecatore de tercera generación, o sea, el que bate la pasta en el plato. Todo comenzó, cuenta, cuando la esposa del fundador, Alfredo Di Lellio, tuvo un bebé, luego se enfermó y perdió el apetito. Alfredo encontró la cura en esta cocina: pasta fresca de huevo tan fina, que tarda más en cortarse que en cocinarse.
El secreto, dijo Mozzetti, es el tiempo de cocción: “Más o menos, 30 segundos, en vez de tres, cuatro, cinco minutos, que es el tiempo normal de la pasta al huevo”.
Luego se coloca en un plato, con un poco del agua de la pasta, solo un toque de mantequilla y parmesano rallado, añejado 24 meses. Mozzetti entonces mezcla los ingredientes de forma dramática, casi como tejiendo. “¡Esto es un baile!”, dijo. “Es el vals que Alfredo le dedicó a su esposa. Es simple, pero muy, extremadamente simple y complicado a la vez”.
Preparando Fettuccine Alfredo.
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Esa simplicidad complicada eventualmente conquistó los paladares de la pareja poderosa original de Hollywood. Era el año 1920, y Mary Pickford se acababa de casar con Douglas Fairbanks – una sensación global cubierta sin aliento por la prensa. Después de enamorarse el uno del otro, se enamoraron del Fettuccine Alfredo en su luna de miel en Roma.
Y Mozzetti nos mostró un mensaje que Pickford escribió en 1951: “‘Alfredo el grande, ayer, hoy, mañana y por siempre, Alfredo’. Ella estaba enamorada de este lugar”, dijo.
En señal de gratitud, Fairbanks y Pickford le regalaron a Alfredo un tenedor y una cuchara de oro. Pero los originales, dijo Mozzetti, hace tiempo que no estan: “En los años 40 y durante la segunda guerra, desafortunadamente, los nazis se llevaron los originales”.
Por más de un siglo, cualquier persona importante en el mundo del espectáculo tenía que hacer la peregrinación, incluyendo al dramaturgo Arthur Miller: “Arthur Miller fue un shock para mí”, dijo Mozzetti. “Le dije, ‘Déjame tocarte. Déjame tocar’. ‘¿Por qué?’ ‘¡Porque fuiste el esposo de Marilyn Monroe. Vamos. No me puedo resistir!’”.
Sophia Loren, John F. Kennedy, Frank Sinatra y Dean Martin, y Sylvester Stallone – solo algunos de los famosos que han peregrinado a los restaurantes Alfredo alla Scrofa e Il Vero Alfredo en Roma.
Alfredo alla Scrofa, Il Vero Alfredo
Con ese tipo de folclore, no es de extrañar que esta pasta llegara a libros de cocina y restaurantes por todo Estados Unidos. Y como un guion de Hollywood, este cuento tiene más giros y vueltas que un plato de pasta.
A poca distancia de Alfredo alla Scrofa, hay otro restaurante con una reclamación rival. Se llama Il Vero Alfredo. Lo dirige Chiara Cuomo (bisnieta del Alfredo De Lelio) y su madre, Ines de Lelio. Y sirve lo que Cuomo llama “el verdadero Fettuccine Alfredo”.
Y tienen incluso más celebridades en su pared – nombres como Ava Gardner, Walt Disney, Elizabeth Taylor, Richard Burton, Sylvester Stallone y Ronald Reagan.
¡E incluso su propio tenedor y cuchara de oro!
Preguntada sobre la historia de que los nazis los robaron, Cuomo respondió: “No es verdad. ¡Falso!”
Aquí es donde las cosas se complican: Durante la Segunda Guerra Mundial, el creador del plato, Alfredo de Lelio, vendió el primer restaurante a uno de sus camareros – el tío de Mario Mozzetti. Luego, después de la guerra, Alfredo de Lelio decidió abrir otro restaurante.
Desde entonces, los dos han coexistido, a regañadientes – cada uno una meca para la realeza, desde Hollywood hasta Washington. Ines de Lelio dijo que los Kennedy disfrutaron del Fettuccine Alfredo allí. “Mi abuelo le dijo a Kennedy que le traerían suerte y salud”, contó Ines de Lelio.
A pesar de sus diferencias, ambos restaurantes pueden estar de acuerdo en al menos una cosa: En Estados Unidos, a menudo hacemos el Fettuccine Alfredo mal. “Con camarones, con crema, no me gusta”, dijo Cuomo.
Dos restaurantes en Roma – Il Vero Alfredo (izquierda) y Alfredo alla Scrofa – cada uno reclama el origen del Fettuccine Alfredo.
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Según el recuento de Mozzetti, hay más de 50 marcas de Salsa Alfredo a la venta en el mercado estadounidense. ¿Cómo se siente él acerca de que otra gente se haga rica con el Fettuccine Alfredo? “Es muy doloroso. Y nadie sabe, por lo menos, no saben de este lugar, esta ubicación”, dijo.
O mejor dicho, de ambas ubicaciones. Dos pilares, ya sea a pesar de, o gracias a una rivalidad que creó y mantuvo un clásico ítalo-americano.
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Historia producida por Anna Matranga. Editor: Emanuele Secci.