Estudio revela que los turistas británicos de West Midlands son los que “reclaman tumbonas con más agresividad”

En los últimos años, tras el fin de la pandemia, las denominadas “guerras por las hamacas” se han vuelto progresivamente más tensas en destinos turísticos de primer orden como las Baleares y otras zonas de España, sin olvidar los cruceros. Un estudio reciente revela que los visitantes de la región inglesa de West Midlands son los más proclives a reclamar tumbonas de forma agresiva, mientras que los originarios de Yorkshire y el Suroeste son considerados los más corteses. No obstante, no se trata únicamente de un fenómeno británico; los turistas alemanes también despliegan operaciones y tácticas expertas que, como es de suponer, generan igualmente fricciones.

Estas “guerras” constituyen un fenómeno estival prevalente, impulsado por el turismo, especialmente en resorts españoles como Mallorca y Tenerife, donde el 51% de los viajeros británicos reconoce sufrir estrés por asegurar una tumbona en la piscina. Las investigaciones indican que el 70% de los conflictos afectan al disfrute general de las vacaciones, y que el 28% de los adultos del Reino Unido (un 43% de los jóvenes entre 18 y 25 años) utiliza estas hamacas.

Los expertos atribuyen esta pugna al instinto territorial, al miedo a perderse algo (FOMO, por sus siglas en inglés) y al deseo de seguridad. Un 61% de los turistas encuentra frustrante este conflicto, y un 80% de los vacacionistas considera estresante asegurar una tumbona, mientras que un 84% manifiesta incomodidad con los modelos estándar. Es habitual que los turistas se levanten antes del desayuno para reservar su sitio con una toalla, o incluso hagan cola antes de que abran las zonas de piscina, llegando en ocasiones a saltarse las barreras. Mallorca, Tenerife y Barcelona están identificadas como los destinos donde resulta más difícil conseguir una tumbona.

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La psicóloga Barbara Horvatits-Ebner señala que esta batalla se percibe como una forma de crear orden dentro del caos y de asegurar un espacio cómodo y familiar. Según sus palabras: “Suele tratarse del miedo a quedarse fuera o a no pertenecer. Muchos actúan por un deseo de evitar el fracaso, y esto les proporciona seguridad”. La experta sugiere que este comportamiento está impulsado por instintos territoriales y por la necesidad de asegurar los lugares preferidos en el entorno de la piscina.

La psicóloga añade que la colocación visible de toallas funciona como un método de comunicación no verbal, que ayuda a los turistas a eludir la confrontación directa sobre la propiedad de la tumbona. “La necesidad de conformidad guía poderosamente el comportamiento”, subraya, indicando que cuando varias hamacas ya están marcadas con toallas, el resto de los huéspedes siente una presión mayor para hacer lo mismo. A pesar de las políticas en contra de las reservas, muchos hoteles tienen dificultades para hacer cumplir las normas, lo que en casos extremos deriva en multas o retirada de objetos. Más del 25% de los vacacionistas ha admitido haber tenido confrontaciones con otros turistas por culpa de las tumbonas.

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