Estudio revela gran expansión de construcciones en el campo mallorquín

Tras un paréntesis de tres años, el colectivo medioambientalista Terraferida ha retomado su actividad con un estudio que evidencia la construcción a gran escala en las zonas rurales de Mallorca.

El geógrafo Mateu Vic ha dedicado un año a cartografiar lo que describe como “una plaga que se extiende por la isla”. Mediante el análisis de fotografía satelital tomadas entre 2021 y 2024, Terraferida calcula que se han edificado 846 viviendas unifamiliares y que se han destruido 546 hectáreas de suelo agrícola y forestal.

El portavoz Jaume Adrover explicó el jueves que “se trata de grandes viviendas de lujo con piscina y amplios jardines, muchas orientadas al alquiler vacacional”.

“Este proceso tiene un impacto mayor que el sistema de grandes urbanizaciones de décadas pasadas porque entonces hubo una respuesta social. Ahora, gran parte de la población desconoce lo que sucede debido a la dispersión de las construcciones.” Esta dispersión, sugiere, ha diluido la mobilización en contra.

Un ejemplo del cambio: Biniali. Imagen de Terraferida.

En una presentación en Palma, se señaló que el ritmo de construcción de la última década equivale a toda la superficie del municipio de Consell. “De haberse anunciado un desarrollo de ese tamaño, habría existido una respuesta social enorme. Pero al hacerse de forma difusa, el impacto no se percibe”, afirmó Adrover. Esta, añadió, es una de las razones del regreso de Terraferida: para mostrar cómo se está devastando el territorio.

Las construcciones son muy diversas. Algunas villas incluso poseen sus propios campos de golf, algo que Terraferida planea denunciar ante la dirección general de Recursos Hídricos. También han documentado la creación de un camino de tierra de 1,6 kilómetros para acceder a una urbanización en Cala Murada y varias viviendas en la sierra de Tramuntana que no están catalogadas como áreas de especial interés natural.

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“Donde hay espacio, construyen, y como tienen tanto dinero, hacen lo que quieren”, concluyó Adrover.

Hace tres años, Adrover ya advirtió de que la legislación urbanística vigente en Mallorca era “inútil”. Señaló que Menorca decidió hace veinte años impedir lo que aquí ocurre, mediante un plan territorial que concentra el crecimiento en los núcleos urbanos y protege el medio rural. Tres años después, nada ha cambiado.

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