Estados Unidos y Belice suscriben un acuerdo de “tercer país seguro” para solicitantes de asilo

Estados Unidos y Belice han suscrito un convenio de inmigración bajo la figura de “tercer país seguro”, el cual faculta al gobierno del presidente Donald Trump a derivar solicitantes de asilo hacia la nación centroamericana.

Este acuerdo representa el más reciente esfuerzo de la administración Trump por obstaculizar las peticiones de asilo en Estados Unidos e impulsar una campaña de deportaciones masivas.

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Ambas naciones firmaron el pacto el lunes, y Belice lo definió como un acto “fundamentado en el compromiso de los Estados de cooperar en el marco del Convenio de las Naciones Unidas sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951”.

En un comunicado divulgado en Facebook, la oficina de prensa gubernamental expresó: “El Acuerdo refuerza el compromiso de Belice con el derecho internacional y los principios humanitarios, al tiempo que garantiza sólidas salvaguardias nacionales”.

Por su parte, la Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado estadounidense agradeció a Belice mediante una publicación en la red X.

Según el mensaje, el acuerdo constituía “un hito fundamental para poner fin a la inmigración ilegal, sanear el colapsado sistema de asilo de nuestra nación y reforzar nuestro compromiso compartido de abordar conjuntamente los desafíos regionales”.

Los acuerdos de “tercer país seguro” son una estrategia controvertida dirigida a restringir las solicitudes de asilo, designando naciones a las cuales los peticionarios pueden ser reubicados de manera segura, sin que este necesariamente sea su destino original.

Aún no se han esclarecido los pormenores del convenio firmado el lunes. No obstante, la nación centroamericana señaló que aceptaría solicitantes de asilo procedentes de Estados Unidos a cambio de “apoyos financieros y técnicos destinados a fortalecer sus políticas de asilo y la gestión fronteriza”.

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Críticas a las deportaciones hacia terceros países

Desde que Trump retornó al poder para un segundo mandato en enero, su gobierno ha presionado de forma reiterada a terceros países para que acepten deportados, si bien pocos de estos acuerdos han sido formalmente calificados como de “tercer país seguro”.

Desde entonces, cerca de una decena de países —entre ellos Costa Rica, El Salvador, Eswatini, México, Panamá, Ruanda, Sudan del Sur y Uganda— han acordado acoger a deportados estadounidenses carentes de vínculos previos con sus territorios.

Tan solo este mes, Guatemala recibió su primer vuelo con deportados procedente de Estados Unidos en el que viajaban migrantes de terceras nacionalidades.

La seguridad en algunos de estos destinos ha generado controversia. Los críticos han señalado que los deportados podrían enfrentar condiciones carcelarias abusivas o una falta de debido proceso en países como Sudán del Sur, respecto del cual el Departamento de Estado estadounidense advierte a sus ciudadanos evitar viajes debido al riesgo de conflicto armado.

Abogados de cinco hombres deportados a Eswatini ya han denunciado que sus clientes fueron encarcelados y se les ha denegado el acceso a audiencias legales.

Por el contrario, los acuerdos de “tercer país seguro” se aplican específicamente a solicitantes de asilo y están concebidos para garantizar los derechos y el bienestar de las personas involucradas.

Sin embargo, los críticos han sostenido desde hace tiempo que estos mecanismos no aseguran plenamente la integridad de los peticionarios de asilo, algunos de los cuales son enviados a países próximos a aquellos de los cuales huyeron, donde aún podrían ser vulnerables a persecución.

Algunos expertos en derechos humanos consideran, además, que los acuerdos de “tercer país seguro” podrían instrumentalizarse para socavar el cumplimiento del derecho internacional humanitario, permitiendo así a naciones ricas como Estados Unidos eludir sus responsabilidades legales en materia de asilo.

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En su comunicado del lunes, Belice intentó despejar toda insinuación de que el gobierno de Trump pudiera estar utilizando al país centroamericano como “vertedero” para migrantes, tal como han denunciado defensores de derechos en otros países receptores.

Belice afirmó ejercer “un veto absoluto sobre las transferencias, con restricciones por nacionalidad, cupos máximos de admisión y exhaustivos controles de seguridad”.

“Queda terminantemente prohibido el ingreso o permanencia en Belice de cualquier persona considerada amenaza para la seguridad pública o nacional”, añadió.

El convenio aún requiere la ratificación del Senado de Belice.

Una tendencia en expansión

Por su lado, la administración Trump ha argumentado que los acuerdos con terceros países resultan necesarios cuando migrantes y solicitantes de asilo no pueden regresar a sus naciones de origen.

En el caso de los peticionarios de asilo, no obstante, devolverlos a países donde podrían sufrir persecución constituiría una violación del derecho estadounidense e internacional.

En otras situaciones, Estados Unidos ha aducido que los países de origen de los deportados se han negado a readmitirlos.

No obstante, eventos recientes han cuestionado dicho argumento. En septiembre, por ejemplo, un individuo deportado de Estados Unidos a Eswatini fue finalmente repatriado a su país de origen, Jamaica.

Asimismo, el vuelo de deportación a Guatemala realizado este mes incluyó el retorno de nacionales hondureños a su tierra natal.

Ciertos países, sin embargo, mantienen políticas de rechazo a las deportaciones procedentes de Estados Unidos, incluso cuando se trata de sus propios ciudadanos.

Venezuela, por ejemplo, ha rechazado intermitentemente los vuelos de deportación desde Estados Unidos, aunque en marzo revirtió su postura y comenzó a aceptarlos.

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Autoridades sudamericanas habían protestado por la deportación de sus connacionales desde Estados Unidos hacia El Salvador, donde más de 200 personas fueron trasladadas ese mes a un centro penitenciario de máxima seguridad conocido como Centro de Internamiento Terrorista (CECOT).

En julio, el gobierno de Trump alcanzó un acuerdo que permitió la repatriación de venezolanos encarcelados en El Salvador, a cambio de la liberación de ciudadanos estadounidenses y presos políticos detenidos en Venezuela.

Empero, las relaciones entre Venezuela y Estados Unidos han vuelto a deteriorarse, dejando en la incertidumbre el futuro de los vuelos deportativos hacia Caracas.

Mientras Belice se enfrenta a la perspectiva de acoger a solicitantes de asilo que no pueden retornar a sus países de origen, algunos políticos locales han manifestado un firme rechazo.

Tracy Taegar Panton, líder de la oposición en Belice, cuestionó si su país reúne los requisitos para ser considerado un “tercer país seguro”.

“Para ser designado ‘Tercer País Seguro’, Belice debe acreditar su capacidad para garantizar la protección de los derechos humanos y brindar un nivel elevado de atención, que incluya acceso a vivienda, atención médica, representación legal y servicios sociales para los solicitantes de asilo”, escribió en redes sociales.

“La cruda realidad, sin embargo, es que nuestros sistemas de inmigración y asilo adolecen de falta de personal, financiación insuficiente y se hallan saturados”.

Añadió que el acuerdo excede la capacidad operativa del país.

“Belice no puede ni debe ser empleado como vertedero de personas que otros países se niegan a acoger”, sostuvo.