Cuando David Bowie falleció el 10 de enero de 2016, la cobertura mediática y el duelo público fueron tan inmensos que cualquiera hubiera pensado que su música estaría en todas partes para siempre, elevado, por citar mal a Smash Hits, a la posición de Dama del Pueblo. Lo fue brevemente –’Starman’ llegó al número 18 y ‘Space Oddity’ al 24– pero luego dejó de estarlo.
Cada año, Forbes publica una lista de las celebridades fallecidas que más ganancias generan. Bowie apareció en 2016, en el puesto número 11 con ganacias estimadas de 10.5 millones de dólares, y de nuevo en 2017, en la misma posición pero con 9.5 millones. Esto no sorprendió, dado el enorme aumento de interés que hay inmediatamente después de la muerte de una superestrella. Sin embargo, no volvió a aparecer en la lista de Forbes hasta 2022, cuando estuvo en el número 3 con 250 millones de dólares –el músico mejor posicionado ese año– pero eso fue casi todo debido a la venta de los derechos de publicación de su catálogo musical a Warner Chappell.
A diferencia de Prince, John Lennon, Elvis Presley, Bob Marley o Michael Jackson, Bowie no se ha convertido en un fijo en Forbes. Y con la venta de esos derechos ya fuera de sus ganancias, es improbable que vuelva a aparecer en esa lista a menos que su patrimonio venda las grabaciones maestras que posee y que actualmente licencia a Warner Music Group.
El éxito financiero es una forma de medir el impacto póstumo. El *streaming* es otra, y ahí Bowie tampoco rinde como cabría esperar de un artista de su talla. Actualmente tiene 22 millones de oyentes mensuales en Spotify, comparado con los 26 millones de Bob Marley, 34 de Whitney Houston, 45 de Elvis Presley o 43 de John Lennon. Solo una canción de Bowie entra en el “Billions Club” de Spotify: ‘Under Pressure’, con más de 2 mil millones de reproducciones. Pero eso seguramente se debe a la participación de Queen, especialmente porque ellos tienen otras siete canciones con más de mil millones de streams cada una.
Una explicación podría ser la dificultad de su patrimonio para conectar con un público nuevo y joven. Aunque Bowie tiene un perfil oficial en Instagram con tres millones de seguidores, y en TikTok con 656 mil –siendo esta última la red de fans más jóvenes–, el enfoque de su patrimonio se ha inclinado mucho hacia cajas recopilatorias caras, como ‘Who Can I Be Now? (1974–1976)’ y ‘I Can’t Give Everything Away (2002–2016)’, además de muchos álbumes en vivo (13 en total desde su muerte). Este enfoque satisface a fans adultos con buen poder adquisitivo, pero estos lanzamientos están fuera del precio y del interés de los adolescentes que podrían convertirse en los obsesivos de Bowie del mañana. Solo ha habido un álbum de grandes éxitos desde su muerte, ‘Legacy’ en noviembre de 2016. En la era del *streaming*, podría decirse que las listas de reproducción como ‘This Is David Bowie’ en Spotify hacen un mejor trabajo.
Bowie también se ha convertido en el santo patrono no oficial de BBC 6 Music –algo positivo, pero que tiene un alcance limitado ya que solo el 2% de su audiencia tiene 24 años o menos. A diferencia de los años 80, cuando protagonizó ‘Dentro del laberinto’ –de vuelta en cines por su 40 aniversario– y ‘The Snowman’, hoy hay pocos puntos de entrada atractivos para los oyentes jóvenes, que son esenciales para mantener vivo su legado.
Podría argumentarse que el patrimonio de Bowie prioriza la calidad sobre la cantidad, rechazando más proyectos de los que aprueba. No licenció música para la película biográfica ‘Stardust’ en 2021, apoyando en su lugar al documental ‘Moonage Daydream’ en 2022. El documental ‘Bowie: The Final Act’ fue bien recibido el mes pasado, y cambia el enfoque de su período imperial en los 70 a su cénit comercial en los 80 y su carrera posterior. También hubo celebraciones por su 75 aniversario en 2021, aunque eso pareció significar sobre todo una oleada de tiendas *pop-up* en Londres y Nueva York.
Sin duda, el proyecto más interesante fue la apertura el año pasado del David Bowie Centre en el V&A East Storehouse de Londres, donde se almacenan 80,000 objetos de toda su carrera –incluyendo letras manuscritas, disfraces e instrumentos. Tristram Hunt, director del V&A, lo llamó una “nueva fuente de inspiración para los Bowie del mañana” y puede que sea el proyecto más perdurable.
Esto podría interpretarse como que el patrimonio se centra en el legado a largo plazo, no en un “legado algorítmico” cortoplacista de perseguir éxitos virales en TikTok, lo que arriesgaría a reducir su arte cambiante a una sola canción. El uso de ‘Heroes’ en el final de ‘Stranger Things’ la semana pasada buscaba revitalizar la canción –pero solo llegó al puesto 75 y luego bajó. Además, hasta la fecha solo se ha usado en 38 mil videos de TikTok –números no muy virales. No es un momento ‘Running Up That Hill’ que presente a un artista a nuevas generaciones.
Esta tesis de calidad sobre cantidad solo es válida hasta cierto punto. En 2022, el patrimonio, aunque por razones benéficas, adoptó la moda pasajera de los NFTs, haciendo lo mismo en 2023 con una versión inédita de ‘Let’s Dance’. Y luego está la tienda oficial de Bowie, donde, además de las camisetas y pósters habituales, puedes comprar un montón de calcetines, un taburete de bar, una tabla de cortar de nogal o un babero para bebé. El sitio está saturado de baratijas con el rayo de Aladdin Sane que se ha vuelto sinónimo de Bowie, reduciendo sus muchas encarnaciones visuales a un breve momento de 1973. Para un artista tan orientado al futuro, el futuro de su legado no parece muy innovador, ni asegurado.