España queda marginada del nuevo marco de seguridad europeo, mientras las naciones del continente se muestran más cautelosas ante la dependencia de los Estados Unidos de Trump.
A raíz de la invasión rusa de Ucrania y las crecientes tensiones en Oriente Medio, los países europeos reconfiguran su panorama defensivo – pero muchos temen que España se esté quedando fuera.
El primer ministro francés, Emmanuel Macron, anunció el 2 de marzo planes para expandir el arsenal nuclear de su país.
Declaró que otras ocho naciones europeas, incluidos el Reino Unido y Alemania, se habían comprometido a participar en una estrategia de disuasión nuclear.
España brilla por su ausencia en esta iniciativa.
De manera similar, se han firmado más de 160 nuevos acuerdos bilaterales de defensa entre el Reino Unido, países de la UE y Ucrania – más de la mitad desde la invasión rusa – sin que España se haya adherido a ninguno.
Esto se produce después de que Sánchez rechazara la petición del presidente Trump de que los aliados de la OTAN destinen el 5% del PIB a defensa.
Miembros de la OTAN en Europa del Este, como Polonia y los estados bálticos, interpretaron el rechazo español a la propuesta del 5% como una inquietante falta de solidaridad en un momento crítico.
Como resultado, España ha sido excluída de algunos debates de alto nivel sobre seguridad europea.
En toda Europa crece el apoyo a la autonomía defensiva respecto a la OTAN, ante la preocupación por los vínculos de Donald Trump con Vladímir Putin y las intervenciones militares estadounidenses en Irán.
Cabe destacar que el plan ReArm Europe pretende movilizar 800.000 millones de euros en gasto defensivo y potenciar las capacidades de defensa de la UE para 2030.
Mientras Europa avanza para fortalecer sus capacidades defensivas independientes, muchos temen que España se enfrente al riesgo de quedar relegada en el panorama de seguridad continental en evolución.
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