¿Es Seguro el Tramadol? Lo Que Dice la Evidencia Más Reciente

El tramadol, un opioide sintético, figura entre los analgésicos más recetados en Estados Unidos, con más de treinta millones de prescripciones anuales. Suele percibirse como más “seguro” que opioides potentes como la oxicodona o la morfina, y más eficaz que opciones de venta libre como el paracetamol o el ibuprofeno. Esta reputación de término medio lo ha convertido en un elemento rutinario en el tratamiento del dolor crónico.

Durante años, se ha dispensado en urgencias, clínicas del dolor y consultas de atención primaria con relativa confianza. No obstante, esa confianza empieza a resquebrajarse. Un análisis realizado por un equipo de investigación en Dinamarca ha cuestionado su seguridad y eficacia, planteando dudas sobre su verdadera utilidad y sus riesgos. Si actualmente lo usas o te lo han recomendado, vale la pena examinar la evidencia con detenimiento.

¿Qué es el tramadol y cómo actúa?
Desarrollado inicialmente en Alemania a principios de los años sesenta, el tramadol fue aprobado en Estados Unidos a mediados de los noventa. Ingresó al mercado como medicamento no controlado, lo que reflejaba la creencia de que presentaba un menor riesgo de uso indebido en comparación con otros opioides.

Reclasificación tras informes de uso indebido — En 2014, ante crecientes reportes de abuso y dependencia, la DEA lo reclasificó como sustancia controlada de la Lista IV, categoría que reconoce su utilidad médica pero admite riesgo de abuso e impone restricciones de prescripción. Para entonces, ya estaba ampliamente integrado en el manejo del dolor.

Mecanismo de acción dual — A diferencia de los opioides tradicionales, el tramadol actúa de dos formas: se une a los receptores opioides cerebrales (similar a la morfina) y además inhibe la recaptación de dos neurotransmisores —serotonina y noradrenalina—, involucrados en la regulación del ánimo y las vías naturales de control del dolor.
Este segundo mecanismo se asemeja al de algunos antidepresivos (ISRS/IRSN), razón por la cual al tramadol a veces se le denomina “opioide con perfil similar a un IRSN”. Esa acción dual contribuyó a la percepción inicial de que era eficaz y con menor probabilidad de adicción o depresión respiratoria.

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Usos habituales — Se prescribe para dolor moderado a moderadamente severo, a menudo en condiciones crónicas como osteoartritis, fibromialgia o lumbalgia. También se ha empleado en casos de eyaculación precoz.

Riesgo de uso indebido — Aunque clasificado en la Lista IV, su etiqueta advierte sobre riesgo de abuso y adicción. Según encuestas nacionales, alrededor de un 9,4% de los usuarios reportan un uso no dirigido por un clínico.

La menor potencia analgésica del tramadol no lo hace intrínsecamente más seguro. La potencia se refiere a la dosis necesaria para aliviar el dolor, no a la probabilidad de efectos adversos o dependencia.

¿Qué revela la nueva evidencia sobre beneficios versus daños?
Una revisión sistemática y meta-análisis publicada en 2025 en BMJ Evidence-Based Medicine evaluó 19 ensayos clínicos controlados con placebo (1998-2024), con 6.506 adultos con dolor crónico.

Reducción mínima del dolor — El tramadol redujo las puntuaciones de dolor en apenas 0,93 puntos en una escala de 10, por debajo del umbral de 1 punto considerado clínicamente relevante para la mayoría de los pacientes.

Evidencia de baja certeza — Los investigadores calificaron el efecto como “leve” y señalaron que casi todos los estudios presentaban alto riesgo de sesgo, lo que debilita la confianza en los resultados.

Sin mejora funcional o en calidad de vida — No se demostraron mejorías significativas en la función diaria o la calidad de vida, objetivo central del tratamiento del dolor crónico.

Eventos adversos graves más frecuentes — Los usuarios de tramadol presentaron más del doble de riesgo de eventos adversos graves, principalmente cardiovasculares (dolor torácico, enfermedad coronaria, insuficiencia cardíaca).

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Efectos secundarios no graves pero disruptivos — Náuseas, mareos, estreñimiento y somnolencia fueron frecuentes, afectando la funcionalidad cotidiana.

Posible riesgo de neoplasias — Se observó mayor riesgo de crecimiento celular anormal, aunque la corta duración de los estudios hace incierta esta asociación.

En conjunto, el estudio concluyó que los beneficios del tramadol son mínimos, mientras que sus riesgos —graves y no graves— son significativos y superan dichos beneficios. Los autores recomiendan minimizar su uso y priorizar alternativas.

Otros efectos secundarios del tramadol a considerar
Su perfil de efectos adversos es amplio, pudiendo afectar múltiples sistemas:

  1. Convulsiones — Mayor riesgo, especialmente en dosis altas o con medicamentos que reducen el umbral convulsivo.
  2. Síndrome serotoninérgico — Riesgo elevado si se combina con ISRS u otros fármacos serotonérgicos; condición grave que puede incluir agitación, taquicardia, hipertermia y confusión.
  3. Depresión respiratoria — Más probable con dosis altas o con otros depresores del SNC (benzodiacepinas, alcohol).
  4. Efectos neuropsiquiátricos — Desde cambios emocionales y ansiedad hasta alucinaciones, pensamientos suicidas y deterioro cognitivo.
  5. Problemas urinarios y renales — Retención urinaria, dificultad para orinar, edema; especialmente preocupante en personas con enfermedad renal preexistente.
  6. Dependencia y síndrome de abstinencia — Con uso prolongado, la interrupción brusca puede provocar ansiedad, sudoración, temblores e insomnio.
  7. Sobredosis — Puede provocar depresión respiratoria severa, pérdida de conciencia y muerte. La tasa de mortalidad asociada a opioides sintéticos ha aumentado notablemente en las últimas décadas.

    ¿Cómo se relacionan los opioides con accidentes de tráfico fatales?
    Los opioides reducen el tiempo de reacción, la alerta y la coordinación, incrementando el riesgo al volante. Datos muestran que:
    • Los fármacos están involucrados en un porcentaje elevado de colisiones mortales, a veces superior al alcohol.
    • La presencia de opioides en conductores fallecidos aumentó notablemente entre 1995 y 2015.
    • El uso de opioides recetados se asocia significativamente con la iniciación de colisiones graves, siendo el error más común no mantenerse en el carril.
    Se recomienda evitar conducir bajo los efectos de opioides, especialmente al inicio del tratamiento o al combinar con otras sustancias.

    ¿Quiénes tienen mayor riesgo con el tramadol?
    Ciertos grupos deben evitarlo debido a un riesgo inaceptable:
    • Personas con problemas respiratorios graves (asma severa, EPOC, apnea del sueño).
    • Menores de 12 años, y menores de 18 tras cirugía de amígdalas o adenoides.
    • Embarazadas o en período de lactancia (riesgo de síndrome de abstinencia neonatal y paso a leche materna).
    • Pacientes con enfermedad hepática o renal significativa.
    • Antecedentes de convulsiones o traumatismo craneoencefálico.
    • Uso concomitante de múltiples fármacos que afectan el SNC.
    • Historia de trastorno por uso de sustancias.
    • Ciertas condiciones hormonales o metabólicas.

    Alternativas más seguras para el alivio del dolor
    Existen opciones no farmacológicas y no opioides que pueden ofrecer alivio significativo con menor riesgo:

  8. Acupuntura — Reduce el dolor crónico y modula la respuesta inflamatoria.
  9. Terapia láser K — Penetra tejidos blandos, reduce inflamación y acelera la cicatrización.
  10. Fisioterapia y corrección postural — Mejora la función articular y reduce la tensión muscular.
  11. Masoterapia — Efectiva para dolor musculoesquelético, fibromialgia y cefaleas.
  12. Opciones herbales — Como corteza de sauce, cúrcuma, jengibre, boswellia o garra del diablo, con propiedades antiinflamatorias y analgésicas.
  13. Soporte nutricional — Magnesio, vitamina D y colina apoyan la función nerviosa y muscular.
  14. Prácticas de reducción del estrés — Mindfulness, yoga, tai chi, terapia cognitivo-conductual y técnicas de libertad emocional (EFT) ayudan a modular la percepción del dolor.
  15. Hábitos diarios — Reducir la ingesta de ácido linoleico (aceites vegetales industriales), evitar alimentos procesados, aumentar el consumo de omega-3 y mantener una exposición solar adecuada.

    En resumen, los riesgos del tramadol son reales y, para muchas personas, superan sus modestos beneficios. Mantenerse informado, explorar alternativas y adoptar un enfoque integral puede ofrecer un alivio más seguro y sostenible del dolor.

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