¿Es la última oportunidad para Arrasate?

Tras una semana en la que se informó de que el Banco de Inglaterra anima a los “hombres de género fluido” a acudir al trabajo con pendientes, maquillaje y tacones de aguja —¡pudiendo llevar traje un día y vestido al siguiente!—, el Real Mallorca se encontraba justamente hace siete días al borde de la zona de descenso de LaLiga.
Avancemos rápidamente una semana y ya están en dicha zona, tras la decepcionante derrota por 1-2 ante el Betis el pasado domingo.

Este fin de semana viajarán a Vigo para enfrentarse al Celta el domingo a las 18:30. Este partido es crucial para los insulares, pues se enfrentan a un escenario catastrófico: el descenso a Segunda División si nuestros resultados, tanto en casa como fuera, no mejoran pronto. El Celta llega de disputar anoche, jueves, un encuentro de la Europa League contra el PAOK de Salónica y ya prepara la vuelta en Vigo el próximo jueves.

El conjunto celeste estará plenamente centrado en la competición europea, pues en LaLiga se hallan en la cómoda séptima posición. Esta es una situación que el Real Mallorca debe aprovechar al máximo y no puede regresar de Vigo con las manos vacías. Si ocurre lo peor y no se obtiene un resultado favorable —solo hemos ganado dos veces fuera en catorce meses—, es muy probable que la directiva del club esté preparando el finiquito del entrenador Arrasate.

El equipo palmesano no se puede permitir ceder más puntos, máxime cuando todos los equipos de su entorno los sumaron el pasado fin de semana. La clasificación en LaLiga —a excepción de los dos primeros— está más apretada que nunca y parece que la tercera plaza de descenso será disputada por al menos diez equipos. De forma realista, necesitamos ganar seis de los catorce partidos restantes, un escenario poco probable si consideramos que solo hemos ganado seis en toda la temporada.

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El entrenador Arrasate camina sobre la cuerda floja y está bajo una intensa lupa. Sus números no son buenos. Ha alcanzado los 300 partidos en Primera División, llegando aquí tras sus etapas en la Real Sociedad y Osasuna.
Desde su llegada a Palma en 2024, ha dirigido 62 encuentros de liga, con 19 victorias, 15 empates y 28 derrotas. Esta temporada, Arrasate lidia con actuaciones inconsistentes que han conducido a una campaña francamente decepcionante.

Son varios los aspectos que no funcionan en el club esta temporada —económicamente, vamos cuadrando las cuentas—, pero a fin de cuentas, es el entrenador, con su elevado salario, quien debe asumir la mayor parte de la responsabilidad por la mala racha del equipo. La creciente presión de una afición mallorquinista frustrada y de los medios locales no ayudan a la causa de Arrasate. Curiosamente, esta campaña el Mallorca ha sido uno de los equipos más goleadores de LaLiga, gracias a la magnífica forma de nuestro mejor jugador, Vedat Muriqi, que ya suma 16 goles.

Es nuestra frágil defensa la que nos está fallando. El entrenador no ha cesado de hablar cada semana sobre la solidez defensiva y, hasta ahora, hemos encajado 39 goles. Arrasate ha probado con tres centrales, una línea de cuatro, distintos laterales —sin duda nuestra posición más débil—, diferentes parejas de centrales y distintos mediocentros para reforzar una defensa permeable que no mantiene su portería a cero desde hace nueve partidos. Está claro que los goles de Muriqi no son suficientes por ahora para salvarnos de caer en un pozo aún mayor.

Al equipo se le han agotado las ideas: circula el balón en el centro del campo con una lentitud lastimosa, sin saber luego cómo acceder al área rival. Nuestros saques de banda y las jugadas a balón parado necesitan revisión, aunque al menos el pasado domingo sí corríamos para lanzar los córners. En ese partido contra el Betis, dominamos la posesión (65%/35%), pero nuestra defensa no pudo contener los vertiginosos contragolpes visitantes.

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El nuevo delantero angoleño, Zito Luvumbo, cedido, saltó al campo en la segunda parte y fue ubicado fuera de posición por la banda derecha. Evidentemente necesita adaptarse al planteamiento, pero parece un jugador potente y forzó un par de córners al “meterse donde le daban”. De hecho, ya tenemos un extremo derecho hecho y derecho en el juvenil internacional francés Justin Kalumba, a quien el entrenador parece no considerar aún apto para jugar.

Se calienta con los otros suplentes en el descanso y luego vuelve a calentar el banquillo. Es obvio que este joven tiene calidad, por lo que es un misterio que no disfrute de minutos. Se le ha descrito como una apuesta de futuro. Al margen del futuro, ocupémonos del presente y pongámosle YA sobre el terreno de juego —¡no puede ser peor que algunos de los demás!—. Siento una enorme zozobra ante el partido del domingo en la costa atlántica y rezo por que, en efecto, los milagros ocurran en el fútbol. ¡Visca Mallorca!

Y, PARA TERMINAR, en 1999 el Celtic fichó a un jugador brasileño con el desgraciado apellido de Rafael Scheidt. Como futbolista era pésimo, pero su apellido inspiró algunos titulares jocosos en la prensa local.
Algunos ejemplos: (1) El entonces entrenador del Celtic, John Barnes, “dejaba a Scheidt en el banquillo”; (2) Corría el rumor en el bufet de los palcos de Parkhead de que John Barnes iba a meter a Scheidt en varios rollos (en realidad, roles) distintos; y (3) Su aparición en el césped hizo que la afición cantara “You’re Scheidt and you know you are!” con la melodía de “Go West”.

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