En la página de Facebook del restaurante Maria Maria, en Puerto Andratx, se publicó un post en el que se explica que una influencer solicitó 3.000 euros por probar una de sus hamburguesas. La respuesta del establecimiento no carece de ironía.
El restaurante no cuestiona el papel que pueden desempeñar los creadores de contenido, pero sí critica que la relación con las empresas haya derivado en solicitudes de productos gratuitos o pagos sustanciales a cambio de menciones positivas, sin ninguna garantía de un impacto real.
El diseñador de moda con base en Mallorca, Hugo Micaelo, comparte esta opinión. «Las colaboraciones tienen que ser ventajosas para ambas partes. De lo contrario, no merecen la pena. Yo necesito opiniones genuinas para mejorar. Por eso no regalo mi producto a cualquiera que no lo valore».
«Tengo 37.000 seguidores, y recibo peticiones de chicas con 1.000 o 1.500. Ese no es mi público objetivo. Resulta muy difícil invertir 600 o 700 euros en materiales, además de dos semanas de trabajo sin parar, para simplemente regalar un vestido o prestarlo».
No obstante, un problema añadido puede ser que los negocios se arriesguen a recibir críticas negativas si rechazan colaborar. Micaelo comenta que, si rehúsas una propuesta, a veces llegan amenazas de publicar malas reseñas. «Eso ya me parece algo malintencionado».
Algo más que «algo», cabría añadir.