La sonda Voyager 1 se aproxima a un hito de un día luz, redefiniendo el alcance cósmico de la humanidad.
Crédito de la foto: NASA Science
ESTE AÑO, la Voyager 1 de la NASA, una sonda espacial lanzada en 1977, se convertirá en la primera nave en alcanzar una distancia de un día luz de nuestro planeta; es decir, a unos inconcebibles 25.900 millones de kilómetros. Casi 50 años después de su partida, la Voyager 1, uno de los mayores logros tecnológicos de la humanidad en ingeniería aeroespacial, se halla tan lejos que cualquier mensaje dirigido a ella tardará 24 horas completas en llegarle a la velocidad de la luz, requiriéndose otras 24 horas para recibir su respuesta.
Un retraso de 24 horas… incluso a la velocidad de la luz
“Si envío un comando y digo ‘buenos días, Voyager 1’ a las 8 de la mañana de un lunes, recibiré la respuesta de la sonda el miércoles hacia las 8 a.m.”, explicó Suzy Dodd, directora del proyecto Voyager en el Jet Propulsion Laboratory de la NASA.
Según Dodd, la increíble distancia que nos separa de la sonda implica que las señales tardan mucho más en llegar y requieren múltiples conjuntos de antenas para su captación, pues se debilitan durante el trayecto. Las sondas de la NASA transmiten datos a una velocidad comparable a la de la internet por marcación, a apenas 160 bits por segundo.
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Esta lentitud impide realizar correcciones rápidas si algo falla en las sondas. No obstante, fueron construidas con inteligencia suficiente para entrar en un “estado seguro”, aguardando a que la NASA pueda comunicarse, diagnosticar el problema y resolverlo. El año pasado, debido al retraso de 24 horas, se tardó semanas en resolver una incidencia técnica de la Voyager 1.
La Voyager 1 surca el espacio a una velocidad asombrosa
Hasta donde saben los físicos, nada puede superar la velocidad de la luz (299.337 kilómetros por segundo) en el vacío del espacio. Aunque la Voyager 1 no se aproxima a esa velocidad, no perderá ninguna carrera pronto: actualmente se desplaza a unos impresionantes 17,7 kilómetros por segundo.
Tras 49 años de travesía estelar a una velocidad pasmosa, el 15 de noviembre de 2026 la nave estará oficialmente a un día luz de la Tierra. Este logro no solo será un testimonio de la robustez ingenieril de la Voyager 1, sino un tributo al poder de la curiosidad, tenacidad, ambición y exploración científica humanas.
La inabarcable inmensidad del espacio frente a la curiosidad y determinación humana
Sin embargo, la Voyager 1 nos recuerda constantemente lo colosalmente inabarcable que es el espacio; a modo de referencia, un año luz equivale a unos 9 billones de kilómetros. La nave más veloz de la NASA, el Apolo 10, alcanzó en 1969 una velocidad aún no superada de 40.233 kilómetros por hora. Aun así, a esa velocidad tardaría cinco meses en llegar al Sol desde la Tierra, una distancia de 147,16 millones de kilómetros.
La Voyager 1 necesitaría casi 40.000 años para alcanzar solo la mitad del camino hacia Próxima Centauri, nuestra estrella vecina más cercana. Por ahora, viajar esas distancias tan vastas sigue siendo un sueño.
Dos sondas gemelas, lanzadas antes de internet, los móviles y Star Wars
El viaje de la Voyager 1 comenzó a finales de los años setenta, una época anterior a la popularización de los ordenadores personales y los teléfonos móviles, previa a internet y apenas meses después del estreno de la primera película de Star Wars. La sonda tuvo la oportunidad única de explorar Júpiter y Saturno cuando estos planetas, junto con Neptuno, se alinearon en una configuración que ocurre aproximadamente cada 175 años. Dicha alineación permitió a la nave de la NASA visitar cada planeta, ganando impulso mediante asistencia gravitatoria, a modo de honda.
La pionera sonda espacial exploró Júpiter y Saturno en 1979 y 1980, respectivamente, obteniendo datos revolucionarios. Su sonda gemela, también lanzada en 1977, la Voyager 2, se convirtió en la primera y única nave hasta la fecha en visitar Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno.
Desde su lanzamiento, la Voyager 1 no solo ha visitado esos gigantes gaseosos distantes, sino que también ha cruzado el umbral del espacio interestelar —la vasta región entre estrellas dentro de una galaxia— y sigue estableciendo el récord del objeto fabricado por el humano que más lejos ha viajado.
La Voyager 1 agotará su energía en la década de 2030… pero su legado perdurará
Si todo transcurre según lo previsto, la NASA aún podrá comunicarse con la sonda el 15 de noviembre de este año, cuando alcance el umbral del día luz. No obstante, los ingenieros aeroespaciales saben que los días (o más bien, los días luz) de la Voyager 1 están contados: incluso si no sufre más incidencias técnicas, sus tres generadores se agotarán en algún momento de la década de 2030.
Hasta entonces, la sonda espacial continúa su valiente travesía, recordando a los ingenieros de la NASA —y a toda la humanidad— las maravillas, los descubrimientos y la inabarcable inmensidad del cosmos.
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